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¿Son las células del páncreas la clave para la predecir la longevidad de los mamíferos?

Redacción TO

El tamaño de las células del páncreas esconde el secreto de la esperanza de vida de los mamíferos. De todos los mamíferos. Es decir, también de los humanos. Es la hipótesis que ha planteado un equipo de investigadores de Canadá, Israel y Alemania, cuyo estudio ha sido publicado por la revista científica Developmental Cell.

Durante años se ha conjeturado sobre la posibilidad de que el tamaño de los animales tenga que ver con su esperanza de vida, pero las conclusiones nunca han sido concluyentes. Un ser humano, por ejemplo, puede alcanzar con relativa frecuencia -al menos en países desarrollados- los 70, los 70 y, los más afortunados, los 90 o incluso los 100. Un rinoceronte, que tiene un tamaño entre unas 20 y unas 30 veces superior al de las personas, no suele vivir para llegar a la cincuentena, una esperanza de vida muy similar a la de los chimpancés, considerablemente más pequeños que las personas.

Pero, si bien el tamaño corporal no parece esconder ninguna pista sobre la esperanza de vida de los mamíferos, el secreto puede estar en el tamaño de sus células. Concretamente las del páncreas. Los investigadores del estudio han llegado a la conclusión de que cuanto más pequeñas sean estas células, más esperanza de vida tiene el animal.

Han llegado a esta conclusión de forma fortuita después de estudiar los páncreas de unos ratones. Históricamente, los científicos han pensado que, después del nacimiento, los órganos aumentan de tamaño durante el crecimiento gracias a la reproducción celular. Sin embargo, se encontraron con que, al estudiar sus células del páncreas de estos roedores en el microscopio, necesitaban hacer más zoom para ver las de los recién nacidos que para detectar las de los adultos, lo cual sugiere que estas aumentan de tamaño a lo largo de la vida. Y se encontraron con que un tipo de células del páncreas, llamadas acinares, es la responsable de buena parte del crecimiento de los órganos después del nacimiento. Pero, al hacer la misma prueba con humanos, descubrieron que sus células acinares no aumentan en tamaño con la edad, sino solamente en número.

Con esta información contradictoria, decidieron expandir su investigación a otros mamíferos. Fue entonces cuando, al comparar los datos, encontraron que existía una relación entre el tamaño de las células acinares y la esperanza de vida de la especie: a menor tamaño, mayor esperanza de vida. Los propios científicos reconocen que lo que tienen actualmente entre manos es solo una teoría, que todavía debe ser confirmada, pero detrás de su hallazgo puede encontrarse el secreto de la longevidad.