Las monjas que hacen jarabe con salamandras para salvarlas de la extinción

Energía y Medioambiente

Las monjas que hacen jarabe con salamandras para salvarlas de la extinción
Foto: Uthlas

El ajolote, una especie de salamandra en peligro de extinción, podría haber encontrado su salvación en un convento de Patzcuaro, la tercera ciudad más grande de México. Las Hermanas María Inmaculada de la Salud, un colectivo de monjas mexicanas, se han convertido en expertas criadoras de esta extraña criatura con gran influencia en la cultura mexicana y considerada como la manifestación de Xólotl, uno de los dioses más importantes para el antiguo Imperio azteca.

Además de criarlos, las religiosas también han empezado a utilizar sus ajolotes con fines medicinales. Usan esta especie de anfibio como ingrediente secreto para cocinar, siguiendo una antigua receta mexicana, un remedio casero contra el resfriado y otro tipo de enfermedades respiratorias.

El proyecto está financiado por la Universidad de Michoacana, de México, y por el Zoo Chester, de Reino Unido. Además, un equipo de científicos está cooperando ahora en las tareas de preservación de esta salamandra acuática.

El ajolote es capaz de regenerar sus extremidades y otras partes de su cuerpo si las pierde. Esta es una de las razones por las que suscita un gran interés en investigadores de todo el mundo, que la estudian con la esperanza de descubrir su truco para aplicarlo en el campo de la medicina y desarrollar tejidos y órganos.

El gran problema es que todas las subespecies de ajolote están en peligro crítico de extinción, debido a la deforestación y al elevado nivel de contaminación de las aguas en las que viven. Las Hermanas María Inmaculada de la Salud cuidan concretamente al achoque, también conocido como salamandra Anderson, que sólo vive en las proximidades del Lago Patzcuaro.

Fue un fraile con estudios de biología quien hace 30 años aconsejó a las religiosas de este convento mexicano para que cuidaran a estos animales, tras darse cuenta de que el suministro de achoques por parte de los pescadores del Lago Patzcuaro había disminuido. En 1980 se pescaban cada año 20 toneladas; hoy quedan muy pocos en estado salvaje, informa BBC.