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Víctor Sombra: La quimera del hombre tanque

¿Quién era el hombre tanque? ¿Quién era aquel joven que con camisa en maso se subió en uno de los tanques que, el 5 de junio de 1989, ocupaban la plaza de Tiananmén? Han pasado casi treinta años y esta pregunta sirve sin resolverse. Y es precisamente a este interrogante al que recurre en su nueva novela, La quimera del hombre tanque (Literatura Random House) Víctor Sombra, un escritor que vive en Ginebra y que prefiere que los lectores no conozcan su rostro, de ahí la ausencia de fotos –“no quiero mezclar mi trabajo en Ginebra con mi escritura”, explica él mismo. La búsqueda del hombre tanque y el posible reencuentro de éste con el militar que conducía el tanque es el punto de partida de esta novela, a través de la cual Sombra rastrea lo que significó aquel acontecimiento, pero, sobre todo, recupera aquello que se perdió en aquellos días de junio de 1989.

 

La búsqueda de la identidad del hombre tanque es una excusa para retratar a la China de hoy, la que nació tras las revueltas del ’89.

Desde luego. Todavía hoy, no se sabe quién es el hombre tanque y la novela gira en torno esto, partiendo de un hecho real: el encuentro entre el hombre y el tanque el mediodía del 5 de junio de 1989 en la plaza de Tiananmén. Lo que me interesaba es, a través de la búsqueda de la identidad del hombre tanque, preguntarme qué ha pasado con China y con el mundo ycuestionar el hecho de que hayamos dado por buena muy fácilmente una determinada interpretación sobre la identidad del hombre tanque y lo que él representa.

Una de las cosas que plantea la novela es que las protestas de Tiananmén más que reclamar una salida del sistema comunista y la implantación de un sistema democrático occidental, reclamaba una reforma del sistema comunista, pero no una salida del mismo.

Sí, efectivamente, y este tipo de reclamaciones a favor de un nuevo modelo comunista formaban parte del debate político de finales de los ’80, cuando todavía se pensaba que podía haber una suerte de tercera vía, entre el comunismo tradicional y la democracia, la vía de un socialismo más participativo y más abierto. Los hechos, sin embargo, no fueron en esa dirección y, en cierta manera, la quimera del hombre tanque es la quimera de un posible sistema en el que se combinaran distintas ventajas y que mantuviera de alguna forma la protección mínima que otorgaba el cuenco de arroz, del que hablaba Mao, y, al mismo tiempo, un sistema que ofreciera un grado mayor de libertad y de democracia. Esta era la vía que muchos de los manifestantes querían tomar, incluyendo parte del partido comunista.

El personaje, Durri, el responsable de buscar al hombre tanque, es un hombre que creyó en el sistema chino, pero que se da cuenta que la única vía que ha tomado China es la vía del capitalismo, negando así los principios de ese sistema en el que él creyó.

Claro, pero para comprender está actitud de Durri hay que entender su biografía: es hijo de los represaliados indonesios del año ’65, cuando hubo una matanza de comunistas en un país, Indonesia, cuyo partido comunista era, junto al Partido Comunista Chino, el más numeroso del mundo. Siendo niño, fue adoptado por una familia australiana y ya de adulto empezó a trabajar como agente de la RDA, que lo envía a China. El problema de Durri es que es un comunista después del comunismo y ¿qué hace alguien que ya no tiene un suelo firme sobre el cual apoyarse? El dilema de Durri es qué comunismo hay después del comunismo; él sigue pensando en la posibilidad de que el régimen chino, a pesar de ser muy mercantilista y tener unas desigualdades tremendas, puede reconectar con los ideales sociales.

¿El Comunismo después del comunismo es, al menos respecto a China, el comunismo que da la mano al capitalismo?

Claro. La realidad es que actualmente en el modelo chino, que sería el modelo de Deng Xiaoping, se prima, por un lado, el mercado y, por el otro, se establece un control muy férreo sobre las libertades de la población. Es un régimen bastante autoritario. En el ’89, se pensaba que se podía ir, y esta era la demanda de los manifestantes, hacia un sistema en el que se prestara más atención a temas como la inflación, el control de los salarios o la corrupción; es decir, se creía posible ir hacia un régimen más social y, a la vez, más libre. La del ’89 fue una oportunidad perdida y China pudo haberse convertido en una referencia para los otros regímenes socialistas que ya habían empezado a tambalearse.

Por tanto, volviendo a su novela, ¿la búsqueda del hombre tanque es la búsqueda de esa China que nunca llegó a ser?

Sí, de alguna forma puede verse así. No acaso el régimen chino ha prohibido la imagen del hombre tanque: no sólo no puede verse en la red, sino que no puede verse ninguna representación gráfica. Aparentemente lo que se está reprimiendo así son las libertades democráticas, pero en el fondo, si vemos sus declaraciones de entonces, Deng Xiaoping más que una convicción de la necesaria censura de la imagen, lo que tenía era miedo a que se repitieran los disturbios acontecidos durante la Revolución Cultural. De hecho, lo que en verdad oculta Deng Xiaoping al censurar la imagen del hombre tanque es la posibilidad de un comunismo más participativo y con menos corrupción.

 

La quimera del hombre tanque o la China que no llegó a ser. 1

Portada del libro La quimera del hombre tanque

 

Sin embargo, en un primer momento, el Gobierno chino utilizó de forma propagandística la imagen del hombre tanque para recalcar el carácter no violento del ejército que, según el Gobierno, nunca atacaba a los civiles.

Es cierto y enseñó esa imagen una vez sola, fue a través de la televisión pública, pero luego debieron pensar que la situación era tan inestable que, si difundían la idea de que sus tanques eran escalables, ya no por los ejércitos enemigos, sino por los viandantes, se iba a generar más riesgo. Por ello, luego, optaron por la política de censura. Pero es verdad que, al inicio, la imagen del hombre tanque fue utilizada por China para demostrar que el ejército era amable con la población y, de hecho, el ’89 fue la primera vez que, desde que Deng Xiaoping subiera al poder, el ejército chino disparaba contra la población. Por esto fue tan dramático ese suceso, pues desde 1949 nunca había sucedido algo semejante

Además, posteriormente, se hizo una errónea interpretación de la foto.

La historia que rodea la foto es efectivamente algo errónea: siempre nos han mostrado la imagen del hombre tanque junto al desalojo de Tinnaménn y, en realidad, el desalojo fue en la madrugada del 3 al 4 de junio y la foto fue tomada el día 5, es decir, 30 horas después del desalojo, cuando los tanques están saliendo de la plaza. De hecho, el hombre tanque es quien, desde la avenida, avanza hacia la plaza y, por tanto, hacia los tanques y no viceversa. Se dice, además, que una vez que el hombre tanque bajó de los tanques acudieron algunos hombres en bicicleta y se lo llevaron, pero no sé sabe quiénes eran y qué pasó con él.

A partir de un supuesto reencuentro entre el hombre tanque y el militar que conducía el tanque, su novela describe como aquel hecho del 5 de junio ha marcado la historia social de China.

Desde luego que la ha marcado. Es un suceso que, a mi modo de ver, es icónico a nivel mundial como representación del año ’89 y de la debacle del comunismo y, paradójicamente, es también icónico en china, a pesar de la prohibición de toda imagen relacionada con aquellos días.  Sin embargo, como comentabas, a pesar de la censura, ese hecho del 5 de junio tiene una profunda influencia en la fractura social en China. Ha habido documentales donde se muestra la imagen del hombre tanque a estudiantes chinos y ellos fingen no saber de lo que se trata, pero en el fondo todo el mundo conoce de primera mano o de oídas lo sucedido. En China, el nivel de represión de la imagen llega al punto no se sanciona solo la reproducción de la imagen, sino que basta que se muestre un tanque frente a una persona en cualquier avenida desierta para que haya una sanción. Y si, en cambio de poner un tanque, pones otro objeto, como se hizo con un pato de goma gigante, también hay sanción.

Si bien la imagen paradigmática de esos días es la del hombre tanque, imagino que debe haber mucho más material gráfico de esos días.

Sí, hay tantísimas imágenes de colectivos en marcha, luchando y reclamando sus derechos. Y muchas de las fotos las tiene Televisión Española, porque sus cámaras fueron las últimas a abandonar la plaza de Tiananmén. Lo curioso es que las imágenes de Televisión Española nunca se han editado completas; sus imágenes fueron utilizadas por medios extranjeros, hablamos de imágenes donde se ven cómo los estudiantes abandonan la plaza puño en alto y cantando la Internacional. Y, por lo que he visto, en ningún momento ha habido una reivindicación de ese material y una edición conjunta de todo aquello que se grabó y no se vio.

En la novela, la debacle del comunismo viene acompañada de la entrada en la política del capital por parte de China, algo que usted ejemplifica con la pelea internacional por el control de los pozos de petróleo de Oil Rocks.

Sí, pero todo esto está relacionado con la exaltación del individuo y con la falta de límites del capitalismo. Hablamos mucho de falta de libertades en ciertos países, pero habría que ver cuáles son los límites a un sistema basado nada más en incrementar el valor y los beneficios, sin preocupación alguna por el impacto social o medioambiental. De alguna forma, el derrumbe del socialismo y, sobre todo, de los ideales socialistas lleva hacia un mercantilismo y hacia un mayor valor del dinero y del mercado, pero también hacia esas ideologías que ponen el acento en el más allá, en una supuesta vida eterna donde se cumplirá aquello que en la tierra no se puede realizar.

Se refiere, imagino, al terrorismo islámico, al que se refiere en la novela al hablar sobre la confrontación entre países por el control de los pozos petrolíferos.  

Exacto, pero además me interesa mencionarlo por el uso que los islamistas hacen de las imágenes. Piensa en esa imagen tan recurrente de una diana sobre un edificio en el cual impacta un proyectil con la que se anuncia la noticia de que unos terroristas han sido alcanzados. La imagen nos muestra la eficacia del proyectil, pero nosotros nos quedamos sin saber el efecto que produce el proyectil en el contexto general en el que cae y tampoco sabemos cómo ha sido identificada esa diana. Junto a estas imágenes están las que yo llamo “imágenes invisibles”, imágenes que existen y de las que apartamos la mirada. Piensa en cómo nos resulta difícil ver las decapitaciones llevadas a cabo por el Estado Islámico; nos resulta difícil no solo por la dureza, sino que en ellas descubrimos cómo esta gente, que ahora apoya al Estado Islámico, vivía en las barriadas de nuestras ciudades, en las barriadas de Manchester, de París o de Hannover y nos era completamente indiferente. Los islamistas adquieren visibilidad solo ahora, tiñéndose de sangre, en concreto, de nuestra sangre, a modo de venganza. Y ahora, solo ahora, somos conscientes de ellos, pero hasta ahora nunca antes les hicimos caso.

En un momento de profusión de imágenes, ¿éstas han dejado de ser ilustrativa, más que mostrar, esconde?

La imagen, y más en época de crisis, es una forma para mantenernos entretenidos, mientras los sucesos tienen lugar a nuestras espaldas. En los regímenes políticos sucede algo similar: aquello que silencias es lo esencial, aquello que escondes no sólo es lo más importante, es además tú punto débil, ese punto a partir del cual el sistema habría podido ser diferente.

El personaje de Durri subraya como si el mercado lo requiere, China transgrede los principios básicos del sistema comunista que abandera y Occidente pacta con los estados islamistas, que luego condena por terrorismo y a los que ha financiado hasta hace dos días.

Esto es así. Hay mucha gente a la que le conviene que Oriente Medio esté fragmentado en distintos grupos étnicos y religiosos porque esto hace que no tengan una voz unida y no puedan defender una política de precios coherente, sobre todo por lo que se refiere al petróleo; de esta manera, quienes se benefician son los países occidentales. Las guerras en Oriente Medio, promovidas por Occidente en los últimos decenios, han sido siempre guerra muy orientadas al control de las fuerzas de energía. Y, en gran medida, todos los grupos radicales han sido utilizados según los intereses de Occidente en cada momento. Esto nos hace doblemente hipócritas, sobre todo cuando queremos trazar una línea insoslayable entre ellos y nosotros, es absurdo. Cuando queremos decimos que no tenemos nada que ver con ciertos países, pero cuando nos conviene económicamente tratamos con ellos.

¿El hecho de que China sea uno de los mercados –o el mercado- más importante, hace que Occidente, necesitado de ese mercado, pase por alto la falta de libertades de China y su sistema represivo?

Sin duda. Yo creo que hay una casi completa simbiosis entre los dos mundos y que viene de esta época, después la crisis del ’98. Esta actitud es el precio que debe pagar Occidente para entrar en el mayor mercado del mundo. En este sentido, ambos, Occidente y China, viven muy tranquilos.

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