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Una "policrisis" europea marca el 60 aniversario de los Tratados de Roma

Foto: TOBY MELVILLE | Reuters

Era 25 de marzo de 1957 y Europa todavía se lamía las heridas de dos guerras mundiales que, entre ambas, habían restado en hasta 100 millones la población del continente. Representantes de Italia, Alemania Occidental, Francia, Paíes Bajos, Luxembrugo y Bélgica firmaron los Tratados de Roma, que dieron lugar a la Comunidad Económica Europea (CEE) y a la Comunidad Europea de la Energía Atómica (Euratom). Es decir, lo que actualmente es la Unión Europea.

Los documentos, firmados en la capital italiana por Christian Pineau, Paul-Henri Spaak y Konrad Adenauer, entre otros, han contribuido a que un continente en guerras casi consecutivas durante toda su historia haya conseguido mantener la paz. Si a principios de siglo Francia y Alemania eran dos potencias enfrentadas y el Tercer Reich invadía Polonia, estas enemistades se antojan hoy tan remotas como que California declare la guerra a Arizona o que Nueva York invada Pensilvania.

Sesenta años después de la cita en Roma, el grupo celebra su aniversario en medio de una “policrisis”, como la definió el embajador italiano en España, Stefano Sannino, durante un acto en la sede de las Instituciones Europeas en Madrid, en el marco de las celebraciones de la efeméride. También participaron Aránzazu Beristain, directora de la Representación de la Comisión Europea en España, y María Andrés, directora de la Oficina del Parlamento Europeo en España.

La Unión vive, según el diplomático, “una crisis económica y financiera muy dura y complicada que ha tenido un impacto muy fuerte para muchos de los Estados miembros, una crisis de seguridad con los atentados terroristas, pero también una crisis de seguridad exterior, con lo que ha pasado con Crimea entre Rusia y Ucrania”. Y además, “una crisis migratoria muy dura que nos divide mucho y donde por mucho tiempo no hemos entendido que se trata de un fenómeno estructural, no coyuntural”.

El Brexit, “un fracaso”

El mayor reto al que se enfrentan los 28 países que, de momento, forman parte de la Unión es el divorcio de Reino Unido, el Brexit. “Lo digo muy sinceramente”, sentenció Sannino: “Es un fracaso para todos, para el Reino Unido y para la UE porque si un país se va es que no hemos conseguido dar las respuestas necesarias a sus inquietudes”. Es un momento “muy complicado”, reconoció el embajador. Con todo, Sannino apuesta por más Europa: “Muchas cosas se consideran como dadas y no lo son, son resultado de una lucha y de un esfuerzo, de políticas que se han desarrollado. El esfuerzo que todos los europeos tendrían que hacer es defender lo que hemos logrado. Yo soy de los que piensan que Europa tiene que hacer más, no menos”. En una línea similar se mostró María Andrés: “Si el Reino Unido era uno de los que más arrastraba los pies en el tema de seguridad y defensa, quizás su salida pueda proporcionarnos ese acicate para unirnos nosotros por nuestra cuenta y conseguir avanzar más”.

Efectivamente, Gran Bretaña ha sido uno de los países históricamente más reacios a la integración ya desde el famoso “No, no, no” de Margaret Thatcher. El Reino Unido no quiso adaptarse al espacio Schengen y rehusó adoptar el euro como moneda, entre otras medidas. Esta diferencia del nivel de integración entre países, conocida como la Europa a varias velocidades, planeó sobre la mesa a lo largo de todo el encuentro de Madrid. “El problema de la Unión Europea es que tenemos diferentes ritmos para diferentes políticas y muchas sensibilidades nacionales que a veces nos han impedido avanzar”, sintetizó Andrés.

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Nigel Farage y Marine Le Pen. | Fotos: Toby Melville y Pascal Rossignol / Reuters

Sin embargo, hay una crisis que recuerda a la que vivía el continente hace 100 años. “Los movimientos populistas” han sabido rentabilizar “los miedos de la sociedad”, alertó la directora de la Oficina del Parlamento Europeo en España. Sobre este punto ha incidido también Andrés, a quien le preocupa la diferencia entre el voto de los ciudadanos de los Estados miembros en las elecciones nacionales y las europeas. “Como realmente no entienden o sienten la conexión con la Unión Europea como proyecto, tampoco entienden realmente la importancia de las elecciones europeas”, considera. “Cuando van a votar, usan las elecciones europeas como forma de castigo a sus Gobiernos nacionales”, opina, a la vez que critica que, en ocasiones, se utilizan estos comicios para “probar algo nuevo”. Y pone dos ejemplos concretos para apoyar su tesis: “Yo llevo escuchando muchos discursos antieuropeos en el Parlamento Europeo desde hace 10 años que no estaban presentes en los países. El UKIP [partido antieuropeísta de Nigel Farage que logró la salida de Gran Bretaña del club] no era fuerte en Reino Unido y Le Pen [cuyo eurófobo Frente Nacional, pronostican las encuestas, estará en la segunda vuelta de las presidenciales francesas] no era fuerte en Francia al principio, pero entraron con mucha fuerza en el Parlamento Europeo y es desde dentro donde ganan fuerza”.

Con todo, la directora de la Oficina del Parlamento Europeo en España se muestra optimista: “La Unión Europea se ha construido a base de crisis“.

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