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Túnez, una primavera árabe LGTBIQ a medio camino

Foto: Hussein Malla | AP Photo, File

Túnez, la punta de lanza de los países árabes que se revelaron contra sus gobiernos en la denominada Primavera Árabe de 2011, es uno de los pocos en el que los ciudadanos han ganado en libertades y derechos con el establecimiento de una nueva Constitución en 2014. Podría decirse que es uno de los pocos Estados del Magreb donde las revueltas han triunfado y que se ha convertido en el representante más “democrático”, “progresista” y “estable”. No obstante, aún así, aun queda mucho por hacer.  Los aspectos relacionados con género e identidad en las sociedades árabes generan un intenso debate, donde predominan los prejuicios y el desconocimiento. La reivindicación de los derechos humanos es tarea pendiente para muchos ciudadanos, y en particular para minorías como el colectivo LGTBIQ.

Con motivo del World Pride 2017, que acoge Madrid, Casa Árabe se ha unido a esta iniciativa para “romper barreras y generar un espacio de encuentro y discusión, pero también de conocimiento y reconocimiento”. En este sentido, el lunes 26 de junio,  esta institución acogió a Hafedh Trifi, miembro del comité ejecutivo de la Asociación Tunecina por la Justicia y la Igualdad (DAMJ), que conversó con el periodista de la Cadena SER Álvaro Zamarreño, sobre la situación del colectivo LGTBIQ en Túnez.

Las leyes en Túnez

Hafedh Trifi asegura que su organización, DAMJ, libra una batalla contra el artículo 230 del Código Penal tunecino, que condena la sodomía. “En Túnez, desde la revolución de 2011, hemos ganados muchas cosas, como mayor libertad de expresión, de reunión, de manifestaciones… pero las libertades individuales siguen en proceso de cambio”.

Tras la revolución de 2011, DAMJ consiguió establecerse como asociación. Las dos primeras ocasiones en las que presentaron los papeles en la ventanilla de registro, su solicitud fue rechazada, pero a la tercera fue la vencida. No obstante, según Hafedh la organización no aparece en el BOE y por tanto se mueve en el campo de la alegalidad. “Se reconoce nuestra existencia, pero si tenemos algún problema, carecemos de protección y defensa”.

En 2014 se estableció una nueva Constitución en el país, que contiene tres artículos, el 21, 23 y 24, relacionados en cierta manera con colectivo LGTBIQ. En ellos se establece la protección de la integridad física, contra la tortura o los registros. Sin embargo, del artículo 49 no se habla demasiado. Este artículo está al final del capítulo dedicado a la libertad individual y establece lo que está permitido y lo que no.

La Constitución es el documento de mayor valor en la leyes tunecinas, se encuentra en la cúspide de la pirámide, pero el verdadero problema radica en el artículo 230 del Código Penal, que condena la sodomía. Lo estableció en 1913 el Protectorado francés, lo instauraron por tanto los colonialistas, aunque posteriormente se tradujo al árabe. Este artículo condena con penas de entre 3 a 5 años de prisión as relaciones entre dos hombres.

Además, el problema de ser condenado por sodomía es que al salir de la cárcel con antecedentes penales, no se puede  acceder a puestos en el sector público, y es más difícil acceder a trabajos en el sector privado.

Uno de los casos más sonados en Túnez fue el del joven de 22 años Marwan, arrestado y condenado en 2015 por homosexualidad, previo sometimiento al test anal. Tras convertirse en un hecho muy mediático y llevarse a cabo numerosas campañas para su liberación, salió de la cárcel tres meses después de su detención, una vez pagada la fianza de más de 1.000 euros y de haber quedado marcado por las vejaciones sufridas en el proceso y los antecedentes penales.

Hafedh asegura que para verificar que un hombre ha tenido relaciones sexuales con otro hombre, se lleva a cabo el llamado “test anal”. Los funcionarios aseguran que se hace con el consentimiento de la persona, pero no es así. “En Túnez, el consentimiento se consigue con torturas, agresiones y amenazas; no es una decisión libre”. Esta práctica es, sin duda, una vulneración de los Derechos Humanos.

Los arrestos en este país mediterráneo comienzan con el aspecto físico de las personas. “Los cuerpos de seguridad detienen a hombres más afeminados o a mujeres más masculinas, o incluso por su ropa de vestir”. Posteriormente al arresto es cuando se producen los actos de violación de la intimidad personal con el registro de los domicilios, de la correspondencia o incluso de los móviles, pese a que la constitución condena estos actos.

Los transexuales tampoco están reconocidos por el gobierno, no tienen identidad ni derechos. Carecen de los papeles necesarios en los que se muestre la identidad de género que han elegido. Asimismo, existe una circular por la cual los médicos tiene prohibido atenderles.

La sensibilización como arma

DAMJ y otras organizaciones del colectivo realizan un trabajo de sensibilización que consiste en trabajar con personas del colectivo, darles a conocer sus derechos o enseñarles a protegerse, a través de vídeos y guías, como la Guía de Seguridad que publicó la asociación tunecina en diciembre de 2016. En ella, además de informar sobre los derechos de las ciudadanos, también se dan consejos para proteger las contraseñas, sobre cómo actuar ante un arresto, el derecho a negarse al test anal, la recomendación de no firmar ningún documento sin leer todo muy bien previamente, etc… La asociación también pone un abogado a disposición de las personas que lo necesiten.

“La siguiente parte de nuestro trabajo consiste en trabajar con el gobierno, los Ministerios de Justicia, Interior o Sanidad. Intentamos dialogar con ellos, ya que tienen el poder para cambiar las leyes, aunque no es nada fácil”.

Para conseguir cambios en el país, también es importante establecer diálogos con los médicos, psiquiatras, psicólogos, sexólogos, para intentar acabar con el test anal, que se realiza sin consentimiento a dos personas que han mantenido relaciones consentidas en el ámbito privado. El test es una tortura que va en contra de la ética humana y del juramento hipocrático médico, en el que se establece que se debe proteger al paciente. En abril de 2017 el Colegio de Médicos de Túnez se opuso al test anal.

“En algunos casos, los hombres han sido sometidos al test anal delante de policías e incluso esposados, sufriendo insultos y vejaciones varias. Es un acto de humillación contra la dignidad humana”.

Quizá una de las cosas que más choquen en una sociedad moderna sean las llamadas “terapias de reconversión”. Hay caso de familias tunecinas que cuando tienen un hijo homosexual o bisexual intentan curarles. “Sin generalizar, una gran parte de psicólogos en Túnez llevan a cabo terapias de cura, que solo causan daños psicológicos, por supuesto. Nosotros intentamos acabar con esto”.

En algunos centros educativos los jóvenes sufren rechazo por su condición sexual. Resulta llamativo el caso de seis jóvenes homosexuales de la ciudad de Qairouan, que fueron expulsados de la universidad y se quedaron sin derecho a la educación.

En cuanto al trabajo de la asociación con la juventud, “es algo muy difícil”. Acudir a colegios o institutos para impartir charlas de eduación sexual es algo imposible. “Nos acusarían de perversión de menores“. Para llegar a los jóvenes, la organización intenta sensibilizar a profesores y directores.

La lucha política

En referencia al partido islamista, Enahda, Hafedh asegura que es un partido dividido entre aquellos que se oponen a los ataques contra la libertad individual y los que consideran la homosexualidad una enfermedad, como el exministro de Derechos Humanos.

Otros partidos más progresistas, los de izquierdas, sí apoyan al colectivo LGTBIQ en el país, pero no los manifiestan. “No se dan cuenta de que con su silencio están dando su apoyo al gobierno“.

Si con la política no fuera suficiente, la religión también entra en juego. “En Túnez nos movemos en el Estado de Derecho, la religión no rige la República, y queda acotada al ámbito privado”, afirma Hafedh. “Nosotros no entramos en ese debate, cada uno es libre de seguir su fe, aunque sí que es verdad que en otros países donde la religión tiene una gran fuerza en el gobierno, la situación del colectivo LGTBIQ es mucho más complicada”.

A pesar de todas las trabas, DAMJ no actúa sola, existen redes de colaboración con organizaciones en otros países árabes. No obstante, el trabajo no es fácil y en numerosas ocasiones, los miembros de las asociaciones sufren amenazas. “Algunos han tenido que huir de sus países tras sufrir amenazas de muerte”.

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