'This is England', los fantasmas del pasado no están solo en las pesadillas

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'This is England', los fantasmas del pasado no están solo en las pesadillas

‘This is England’ era una expresión que utilizaban los skinheads británicos en los años 80. Cuando la decían, señalaban al suelo, luego a su corazón y por último a la cabeza para recrearse en su nacionalismo exacerbado. Era como una especie de demostración al más puro estilo ‘a ver quién la tiene más larga’ del amor por la nación y la patria. Shane Meadows utilizó esa expresión para titular a la película que describe una parte turbulenta de su vida. Y ahora que el Brexit está en primera línea de la agenda mediática convendría recordarla, para que no aparezcan los fantasmas del pasado de la xenofobia y el nacionalismo en forma de cóctel, que ya sabemos por mano de la historia a qué puede conducir y la explosión que puede ocasionar.

por Juanma Rodríguez

‘This is England’ era una expresión que utilizaban los skinheads británicos en los años 80. Cuando la decían, señalaban al suelo, luego a su corazón y por último a la cabeza para recrearse en su nacionalismo exacerbado. Era como una especie de demostración al más puro estilo a ver quién la tiene más larga del amor por la nación y la patria. Shane Meadows utilizó esa expresión para titular la película que describe una parte turbulenta de su vida. Y ahora que el Brexit está en primera línea de la agenda mediática convendría recordarla, para que no aparezcan los fantasmas del pasado de la xenofobia y el nacionalismo en forma de cóctel, que ya sabemos por la historia a qué puede conducir y la explosión que puede ocasionar.

El largometraje This is England cuenta la historia de un niño de apenas 12 años, Shaun (Thomas Turgoose) que durante el verano de 1983 hace amistad con una pandilla de cabezas rapadas que rápidamente lo aceptan en su grupo. Shaun perdió a su padre en la Guerra de las Malvinas, aquella guerra en la que Margaret Thatcher consideró fundamental luchar contra Argentina por un pedrusco en mitad del mar y encuentra en Woody (Joseph Gilgun), el “líder” de la banda, su icono paternal. A partir de entonces, el joven protagonista comienza a descubrir las fiestas, su primer amor, las botas Dr. Martins, los tatuajes de la cruz de San Jorge y las cazadoras tipo Bombers. Todo ello, mientras recordaba con dolor a su padre e intentaba madurar a marchas forzadas. Woody tiene un amigo íntimo, Milk, un joven jamaicano de color, íntegro y de buen corazón, que son como uña y carne. El grupo de jóvenes, perdidos en un pueblo británico costero, buscan divertirse de la manera que sea, y como jóvenes que son, las gamberradas están a la orden del día, como auténticos rude boys. Una amistad sin complejos ni estereotipos que se complementa con ese estilo agresivo y transgresor de los skinheads.

La trama de la película da un vuelco cuando aparece en la historia un viejo amigo de Woody, Combo (Stephen Graham), un skinhead  hasta la médula que acaba de salir de la cárcel y empieza a fraccionar el grupo con sus ideas xenófobas. Combo es un cabeza rapada racista, nacionalista, agresivo y descompensado, que cree en la violencia y acusa desmedidamente de todos los problemas de su país a los paquistaníes y a los inmigrantes que se han labrado una vida en Inglaterra. Pero su retórica profunda y sus discursos transgresores empiezan a calar en algunos de ellos. Así, es capaz de absorber a los miembros de la pandilla de Woody, sobre todo a los muchachos más inseguros, que buscan ser aceptados y respetados dentro de un círculo donde se vean con un poder ilusorio que nunca han tenido ni tendrán. En esta espiral también se ve envuelto el joven Shaun que es convencido por Combo para unirse a su pandilla. Desde entonces, el nuevo grupo liderado por este skinhead y un par de antiguos camaradas racistas afines al British National Party, comienzan a acosar a los paquistaníes del barrio, amenazándolos de muerte y presionándolos para que abandonen el pueblo.

 

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Combo, en el centro de la imagen: a su izquierda sus antiguos camaradas del BNP y a su derecha Shaun y un antiguo amigo de la panda de Woody | Foto: UK Film Council

 

Más de diez años han pasado desde que la película estuvo en las carteleras de los cines europeos. Pero ahora la historia parece que se repite. Este film mítico, contiene un mensaje de trasfondo que convendría recordar, porque la situación actual tiene mucho de la de los 80, desgraciadamente. En aquella época, Margaret Thatcher debilitó los sindicatos de trabajadores desnacionalizado las principales industrias del país que el Partido Laborista consiguió nacionalizar años antes y metió a su país en una guerra como la de las Malvinas. Dejó el terreno bien abonado para que surgieran grupos de extrema derecha que no tenían ningún reparo en relacionar todos los males de su país con los inmigrantes. Hoy, parece que ciertos signos de este contexto se repiten.

 

Brotes xenófobos en Reino Unido tras el Brexit

Lo que asusta ahora mismo, y por lo que verdaderamente es recomendable esta película, es el nuevo brote de ataques xenófobos y racistas que se han ido dando en la isla desde que el Brexit ganó el referéndum el pasado 23 de junio. El 31 de agosto, al poco de haber ganado el sí en la consulta popular, The Guardian publicó que seis adolescentes de entre 15 y 16 años fueron detenidos en el condado de Essex por haberle propiciado una paliza de muerte a un inmigrante polaco de 40 años, que llevaba unos cuatro años en Reino Unido, cuando le escucharon hablar en su idioma natal, según aseguró su hermano. La policía británica vio indicios de crimen de odio; una turbia nebulosa de xenofobia que indujo a estos jóvenes confusos a matar a una persona por un motivo que seguramente no comprendan bien.

Una periodista de la BBC, Sima Kotecha, también se vio envuelta en ataques racistas. Dijo que quedó “impactada profundamente” después de ser blanco de un ataque verbal racista en donde vive, Basingstoke, Hampshire. Tras el ataque, publicó en su cuenta de Twitter: “me acaban de insultar feamente en mi ciudad de origen con una palabra que no había escuchado desde los años 80”. Esta expresión a la que se refería la reportera es la de “paki”, “putos pakis” o “pakis de mierda”. Una expresión cargada de odio y racismo, que Shane Meadows dejó bien reflejada en su película, cuando Combo, Shaun y sus camaradas nacionalistas coaccionaban a los ciudadanos de origen paquistaní, fuesen niños o adultos.

La comunidad musulmana también ha sido blanco de ataques desde la resolución favorable del Brexit. Dos hombres fueron arrestados en Birmingham, la segunda ciudad del Reino Unido ubicada a unos 170 kilómetros al noroeste de Londres, una de las ciudades más cosmopolitas y multiculturales del mundo. En esa ciudad, la policía tuvo que intervenir en una protesta afuera de una mezquita musulmana, donde confiscaron una pancarta que decía “no son bienvenidos los refugiados violadores sexuales”. Una usuaria de Twitter escribió: “este lunes, cuando mi hija salió del trabajo en Birmingham vio cómo un grupo de jóvenes arrinconó a una joven musulmana a quien le gritaron ‘fuera de aquí. Nosotros votamos fuera’”. Según el Consejo Británico Musulmán, desde que se dio a conocer el resultado del Brexit se han registrado más de 100 casos de “crímenes de odio” en contra de musulmanes.

 

El British National Party, UKIP y el Partido Conservador Unionista: la relación ideológica con los acontecimientos

El British National Party (BNP), como su propio nombre indica, es el partido nacionalista británico. Fue fundado en 1982 por John Tyndall. La ideología de este partido de extrema derecha, y las ideas xenófobas de sus campañas, como la de 2009 de “British jobs for british workers” evidencian lo que se ha ido cocinando y que ha estallado ahora, aunque en su momento la campaña resultó ser un completo fracaso. Esta era la idea de base por la que luchaba fervientemente Combo, y la que resuena en el mitin de captación del BNP al que lleva a Shaun y a sus nuevos integrantes de la pandilla, donde uno de ellos se da cuenta de que tales ideas no conducían a otro lugar nada más que al odio.

 

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El antiguo líder BNP Nick Griffin en una manifestación contra los inmigrantes musulmanes. | Foto: Olivia Harris / Reuters File

 

En la web de este partido se puede ver su vinculación con el Brexit y su deseo de salir de la Unión Europea para que los británicos “mejoren” su calidad y sus condiciones de vida. En uno de los post que publicaron el 30 de diciembre del pasado año, titulaba «Brexit is our destiny!» (el Brexit es nuestro destino) y continúa «democracy wins if leaving the EU does happen; if it does not happen, well then it’s just a dictatorship» (la democracia gana si la ruptura con la Unión Europea sigue adelante; si no ocurre tendremos justamente una dictadura). Por otro lado, el partido euroescéptico UKIP, que desde su fundación en 1993 abogó por la salida de Reino Unido de la Unión Europea, no llega al punto del nacionalismo xenófobo del BNP, al ser una escisión del Partido Conservador que preside actualmente la Primera Ministra británica, Theresa May.

El terreno ha quedado abonado para que crezcan brotes negros de xenofobia, para que los jóvenes que han visto muy oscuro su futuro se sientan identificados con los mismos. Las políticas de austeridad y recortes del Partido Conservador de May tampoco han ayudado a templar un clima que esta incandescente. El propio analista político laborista Henry Leslie Smith lleva advirtiendo mucho tiempo de las políticas de May, que han dejado el país en una situación en la que cuesta reconocer las ideas propias de cada uno en un partido político. Y esto conduce a la descomprensión y a lo que está ocurriendo: los fantasmas del pasado no están solamente en las pesadillas. El próximo 8 de junio, los británicos tenen una importante cita en las urnas, en la que deciden si el futuro de los jóvenes tendrá un color diferente o será el mismo que tuvieron sus padres y sus abuelos.