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Soldados de cuatro patas: así adiestra Defensa a los perros militares

Foto: Rodrigo Isasi | The Objective

Buscan drogas y explosivos, rescatan personas y realizan labores de seguridad y combate. Así son los perros militares de España. Un soldado más dentro de las Fuerzas Armadas (FAS), pese a ser considerados “material de Defensa”. Tras cruzar el arco de entrada coronado por la frase “Todo por la patria”, nos adentramos en el acuartelamiento General Arteaga, situado en el madrileño barrio de Carabanchel, donde desde hace más de 30 años se adiestran los perros militares en el Centro Militar Canino de la Defensa (CEMILCANDEF).


Por qué te lo contamos: los perros son los grandes olvidados de los ejércitos, a pesar de que desarrollan misiones de rescate o de detección de explosivos con las que pueden salvar la vida de militares y civiles. Su agudo olfato y su capacidad de aprender rápidamente y de cumplir las órdenes con precisión, los convierte en el complemento perfecto de los soldados. España posee un centro de formación de perros militares que es la envidia de otros países europeos.


En el vestíbulo del Centro, al lado de una réplica del yelmo con forma de cabeza de perro que lleva Sandor Clegane en Juego de Tronos, nos espera la coronel María Isabel de Martín Celemín, segunda mujer en alcanzar el empleo de coronel en el estamento militar español –Patricia Ortega fue la primera–, quien comanda el Cemilcandef, considerado un referente europeo.

Doctora en Veterinaria por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y especialista en Cirugía veterinaria, la coronel Celemín, que ingresó en el Cuerpo de Veterinaria Militar por oposición en 1989, recuerda con especial cariño a su primer perro militar de trabajo, Rex2. Cuenta que cuando lo adiestraba, le mordió en un par de ocasiones y le dejó marcas en su cuerpo, pero que años después, tras pasar un tiempo destinado en Ceuta, Rex-2 regresó a Madrid y se reencontraron; esta vez sin mordiscos.

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Coronel María Isabel de Martín Celemín, segunda mujer en alcanzar el empleo de coronel en el estamento militar español. | Foto: Rodrigo Isasi

El empleo de perros en unidades militares viene de lejos. En la Primera Guerra Mundial (1914-1918) ya se utilizaban canes en labores de asistencia en la sanidad militar. Desde entonces, su participación no ha dejado de crecer y sus funciones se han ajustado progresivamente a las necesidades de los ejércitos.

En el acuartelamiento madrileño los canes duermen en perreras, pero todos los días salen al aire libre para ejercitarse, dentro del acuartelamiento –y a veces fuera de él para habituarse a los civiles– y recibir la formación adecuada. Estos soldados de cuatro patas al servicio de España, procedentes de los diferentes ejércitos españoles (Tierra, Armada, Aire y Unidad Militar de Emergencias), reciben a diario un duro adiestramiento junto a su guía en cuatro especialidades fundamentales: búsqueda y rescate, seguridad y combate, detección de explosivos y detección de drogas y estupefacientes.

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Un militar español adiestra a un pastor alemán en la especialidad de búsqueda de explosivos. | Foto: Rodrigo Isasi

Nos adentramos en un edificio abandonado de varias plantas, con cables por el suelo, mobiliario destrozado, escasa iluminación y varias salas sospechosas de contener alguna amenaza. Delante de nosotros, un cabo del Ejército de Tierra avanza lentamente acompañado por un pastor alemán.

Tras una breve orden, que el guía le da en alemán, el perro se adentra en la primera sala. El cabo entra justo detrás, y rápidamente, con movimientos casi mecánicos, inspeccionan la sala. Vía libre, no hay amenazas a la vista. Continuamos avanzando lentamente por un pasillo en penumbra, hasta encontrarnos con una sala cerrada en la que se oyen ruidos sospechosos en su interior. El cabo derriba la puerta y enseguida Tonic, que así se llama el perro, se adentra y se lanza contra un hombre que hay en el interior. Se agarra con sus dientes en el pecho, y en apenas 10 segundos, neutraliza la amenaza.

Lo de lanzarse contra el pecho no es casualidad, nos cuentan, ya que si lo hiciera en el brazo el perro podría ser desplazado y neutralizado más fácilmente. “Cuando un perro militar te muerde, es mejor estarse quieto, cuanto más te mueves, más fuerte aprieta y más ataca”, asegura la coronel Celemín.

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Un perro se adiestra en la especialidad de seguridad y combate. | Foto: Rodrigo Isasi

Es Madrid y es tan solo un simulacro, pero bien podría trasladarse el escenario a cualquier país en guerra de Oriente Próximo o África, donde son frecuentes los conflictos asimétricos y donde los perros pueden llevar a cabo una labor de combate fundamental que puede ahorrar tiempo y aumentar la seguridad de las tropas.

Para llevar a cabo su labor, cada perro castrense se forma en solo una especialidad, a diferencia de los canes que usa la Guardia Civil que, por ejemplo, se especializan en dos. El subteniente José Antonio González Ballesteros lo tiene claro: “esto permite a los perros centrarse a un más en su cometido y ser los mejores en su especialidad”.

Perro y guía reciben cursos de 480 horas distribuidas en cinco meses, y posteriormente, amplían su formación y estrechan su relación en la propia unidad en la que están destinados. Aproximadamente un año después del inicio de su aprendizaje, el perro ya alcanza la plena operatividad. La unión sentimental y psicológica entre guía y animal es fundamental para que este binomio desarrolle su trabajo de la manera más eficiente posible, cuenta el subteniente Ballesteros, quien nos acompaña durante toda la visita a las instalaciones.

El ruido ensordecedor de decenas de perros ladrando al unísono anuncia que nos encontramos próximos a las perreras donde viven los 120 canes que tiene el Cemilcandef. Todos ellos se alimentan con pienso.

Junto a la perrera, acudimos a un ejercicio de detección de explosivos. El perro avanza junto al guía y, de repente, se sienta. Es su señal para marcar la zona donde se encuentra el artefacto explosivo. Como recompensa, el guía le entrega un rodillo hecho con toallas que lleva impregnado el olor de la sustancia explosiva. En todo momento, el perro siente que está jugando, pero en verdad, su trabajo, puede ayudar a salvar la vida de los militares. De hecho, los perros militares ya han participado en misiones de este tipo en Irak, Líbano o Afganistán, donde las milicias terroristas son muy dadas a utilizar los temidos IED, los explosivos improvisados, difíciles de detectar y muy letales, por la metralla que suelen llevar dentro.

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El perro se reúne con su guía tras haber completado con éxito una misión de búsqueda y rescate. | Foto: Rodrigo Isasi

Allí donde el soldado no puede llegar, lo hace el perro. El animal es el complemento perfecto del militar. En un pabellón lleno de escombros, los perros se adiestran en el rescate de personas, una actividad especialmente útil, sobre todo en casos de catástrofes como terremotos, en la que ya han demostrado su valía en las distintas misiones en las que han acompañado a los militares de la Unidad Militar de Emergencias (UME).

Un militar se esconde entre los escombros, y en apenas un minuto, el perro, un pastor alemán, consigue detectarlo con su agudo olfato. No deja de ladrar. Es su forma de avisar al guía que ahí se encuentra la víctima, a la que no abandona hasta que es rescatada.

¿Qué pasa cuando un perro militar acaba su servicio? Se jubilan y, o bien se los quedan sus guías caninos, que sucede en muchos casos por el fuerte vínculo que han desarrollado, o son dados en adopción. Cualquier persona que lo desee puede adoptar uno de estos perros poniéndose en contacto con el Cemilcandef. Estos canes, a pesar de su dura formación y las experiencias vividas, se adaptan fácilmente a la vida civil. La coronel, ya tiene tres en su casa, que conviven con otros perros civiles y que son parte de su familia.

No todas las razas de perros sirven para Defensa

Al igual que ocurre con los soldados, no todos los perros sirven para formar parte de esta gran familia de las Fuerzas Armadas. Los que no superan las pruebas iniciales son devueltos a sus dueños. Además, son solo cuatro las principales razas que se adiestran en el Centro:

Pastor Alemán: por su buena nariz, por ser “un cuidador nato” y por su facilidad de aprender más rápido.

Pastor belga malinois: es más fuerte que el pastor alemán y más nervioso, pero “tiene la capacidad de adaptarse más fácilmente a otro guía diferente”.

Labrador retriever: es el más listo de todas las razas con las que trabajan, pero “hace lo que le da la gana”, lo que en el Centro conocen como “labradoradas“. Esta raza tiene una nariz prodigiosa, lo que le hace adecuado para labores de detección de droga y explosivos, y de búsqueda y rescate, pero “no sirve para seguridad y combate”.

Springer spaniel: es un perro de caza con una nariz “muy fina”, y es muy sensible. Al igual que el labrador no sirve para seguridad y combate, pero con su reducido tamaño es bueno para acceder allí donde otros perros no llegan.

La coronel nos asegura que ahora también se estudia trabajar en un cruce, el llamado Maliman, mezcla entre pastor alemán y belga malinois, y subraya contundentemente que los doberman y los rotweiller, “no sirven” para Defensa,  son solo razas “ocasionales”.

Eso sí, todos los perros reciben el mismo adiestramiento, o similar. Bueno, todos no. Al igual que pasa con los soldados de las FAS, hay cuerpos militares más exigentes que se enfrentan a misiones especialmente duras. Se trata de los destinados a Operaciones Especiales: el Ejército de Tierra tiene al Mando de Operaciones Especiales (MOPS), la Armada a la Fuerza de Guerra Naval Especial (FGNE) y el Ejército del Aire al Escuadrón de Zapadores Paracaidistas (EZAPAC). Son perros “más duros”, nos cuentan en la cantina del Centro. Sólo hay que pensar qué tipo de misiones desarrollan los cuerpos de élite de Defensa y a los peligros y momentos de estrés que se enfrentan. Los perros, al igual que los soldados, no pueden permitirse fallo alguno.

Acabamos la intensa jornada y nos despedimos de la coronel Celemín junto a una estatua que el Cemilcandef conserva con especial cariño. Se trata de la cabeza de un can bajo la cual se agrupan varias placas que recuerdan “al perro de trabajo”, un título que el Centro otorga anualmente a un can, ya sea de Defensa, de la Guardia Civil o de la Policía, por su labor, su jubilación o sus méritos. Un reconocimiento en vida para estos soldados de cuatro patas que sirven con valor y firmeza a España.

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Estatua “al perro de trabajo” del Cemilcandef | Foto: Carola Melguizo

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