Sara Giménez, primera gitana en el Consejo de Europa: "La llave del empoderamiento te la da la educación"
Foto: Cedido por Fundación Secretariado Gitano

Cultura

Sara Giménez, primera gitana en el Consejo de Europa: "La llave del empoderamiento te la da la educación"

De los 750.000 gitanos que viven actualmente en España -el 1,63% de la población-, solo una mujer gitana puede decir que representa al estado español en el Consejo de Europa. Lo hace en la Comisión contra la intolerancia y el racismo del Consejo de Europa y tan solo desde enero. Es Sara Giménez, abogada y directora del departamento de igualdad y lucha contra la discriminación de la Fundación Secretariado Gitano.

por Claudia Campos Suárez

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De los 750.000 gitanos que, según el informe Foessa, viven actualmente en España -el 1,63% de la población-, solo una mujer puede decir que representa al Estado español en el Consejo de Europa. Lo hace desde enero en la Comisión contra la Intolerancia y el Racismo (ECRI) del Consejo de Europa. Es Sara Giménez, abogada y directora del departamento de igualdad y lucha contra la discriminación de la Fundación Secretariado Gitano

Atraída por la idea de defender a su colectivo y acabar con el rechazo que sufre, Sara Giménez decidió estudiar Derecho en la Universidad de Zaragoza. Defendió casos importantes como el de la viuda gitana Mª Luisa Muñoz, ‘La Nena’, que falló favorable en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en diciembre de 2009, y el de la gitana rumana de Barcelona, favorable también, en la Audiencia Provincial de Barcelona en diciembre de 2013. Gracias a estos casos y a otros similares, Giménez consiguió llegar al Consejo de Europa, donde empezó su labor en marzo de este año tras su nombramiento en enero. Con este, ya son tres los cargos que posee actualmente que compagina con la educación de sus dos hijos de 12 y 14 años y con sus constantes viajes laborales.

Consciente de que su situación es única y que son muy pocas las mujeres gitanas que acceden a altos cargos, Sara Giménez alza la voz para implantar el feminismo gitano, un feminismo que, a pesar de compartir aparentemente las bases con el movimiento feminista europeo, busca incluir específicamente la situación de los grupos más vulnerables entre los que se encuentra su propia comunidad. Esta lucha conlleva unos retos, todavía muy pendientes de alcanzar, no solo dentro del mismo colectivo sino también fuera de este.

“La mujer en general -como Giménez nombra a la mujer no gitana- no ha adquirido la condición de igualdad plena, pero la mujer gitana está un paso atrás y hay que analizar por qué”. Ese por qué, Sara Giménez lo liga mucho a las posibilidades que se tienen en la vida desde la cuna. “La llave del empoderamiento te la da la educación, cuenta preocupada a The Objective. Preocupada, precisamente, porque seis de cada diez niñas y niños gitanos abandona la escuela antes de acabar los cursos de formación obligatoria. Esto es, el 64% del alumnado, de entre 16 y 24 años, no termina la secundaria, siendo 2º de la E.S.O. el curso en que más niños gitanos deja sus estudios. “Esto es una tarea pendiente hacia la propia comunidad gitana”, admite. 

 

Sara Giménez, primera española gitana en el CE: "La gitana está un paso atrás que la mujer en general" 2

Crédito: Alberto Pizzoli | AFP

 

Y en este sentido hace hincapié: “La educación es la que te da autonomía, es la que te da capacidad de decisión, es la que amplía tu mente”. Y ésta no solo empodera a las mujeres, sino que también hace cambiar la mentalidad de los hombres, otro de los retos dentro de la comunidad, aunque, según la abogada, se están propiciando cambios de roles y el hombre gitano, asegura, “es un pilar clave en esta lucha porque sin él sería un fracaso. Por suerte para su batalla, asegura que ya está viendo un avance en este sentido. “Han ido cambiando roles, hay corresponsabilidad”.

Quizá por ello establece una pequeña diferencia entre el feminismo -lucha por la igualdad de las mujeres- y el feminismo gitano -lucha por la igualdad de género real pero contemplando también las realidades específicas que hacen sufrir a las mujeres gitanas una doble discriminación-. “Veo que nuestra situación no es la misma, la mujer de la sociedad en general ha caminado los pasos y lo ha hecho de manera más acelerada”, comenta. “Aquí sí que creo que nuestro paso por detrás en igualdad de género viene muy ligado a nuestra condición étnica, todavía existen muchos estereotipos”.

 

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Crédito: Vadim Ghirda | AP

 

Si algo tiene claro Sara Giménez es que su comunidad está caracterizada a día de hoy por la heterogeneidad. “Ya he visto de todo”, dice. No tiene problema en reconocer que continúa habiendo familias conservadoras que siguen sin aceptar ciertas decisiones de sus hijos -aunque matiza que eso también ocurre en la “sociedad general”-, pero hace hincapié en la cantidad de familias abiertasque dan la bienvenida a cualquier decisión. “No debemos generalizar en esto, sino mostrar esa heterogeneidad”.  

Lo que va a caracterizar a un buen feminismo, dice Sara Giménez, es la libertad de elección de la mujer. De hecho, le preguntamos sobre la compatibilidad de las prácticas tradicionales de la comunidad gitana con el feminismo y nos asegura que se puede compaginar siempre y cuando sea la mujer quien lo elija. La práctica del pañuelo, por ejemplo, consiste en comprobar si una mujer gitana sigue siendo o no virgen el día de su boda rompiendo con un pañuelo blanco su himen y solo podrá casarse si el pañuelo sale manchado. Ejercer esta práctica a petición de una mujer romaní sería, para Sara Giménez, totalmente compatible con los principios del feminismo. Sin embargo, falta analizar cuántas mujeres lo eligen por sí mismas

 

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Crédito: Vadim Ghirda | AP

 

Y de aquí surge esta heterogeneidad de la que nos habla Giménez. “Conozco a muchas mujeres gitanas independizadas, que no están casadas, que hacen una vida muy rica personal y profesionalmente y que su familia comparte”. Pero también conoce a gitanas que se enfrentan a realidades más duras, ya que su entorno sí condiciona sus decisiones. Esto, acepta, es otro de los retos pendientes hacia su comunidad.  

Además de difundir la idea de que dentro de la comunidad existe una gran diversidad, la apuesta actual es que la propia mujer gitana lidere el proceso de cambio. Eso sí, tiene que ir acompañada por el apoyo del resto de mujeres de la sociedad, así como por el hombre gitano. Pero además, necesita el apoyo de las propias políticas sobre igualdad de género.

A pesar de los avances que se han ido introduciendo poco a poco -muchos de ellos gracias a las campañas que lanza la Fundación Secretariado Gitano para combatir la discriminación y los estereotipos-, todavía queda por avanzar. Y es precisamente en el ámbito político donde Giménez echa en falta algo: la representación en su entorno cotidiano de mujeres gitanas en los espacios de decisión actuales. Cierto es que está orgullosa de que 11 mujeres hayan tomado el cargo de ministras del nuevo Gobierno de Sánchez, pero también es verdad que considera necesario no solo representar en ese escenario la condición de mujer sino también la condición de gitana. Y, repite, “es otro de los retos pendientes de nuestro país”.

Aunque remarca los logros de Soraya Post, la eurodiputada gitana que consiguió un escaño en la Eurocámara para representar, con el partido Iniciativa Feminista, a las feministas suecas en el Parlamento Europeo. “Tiene una amplia trayectoria en la lucha de las mujeres gitanas. Es todo un referente”, nos afirma Sara Giménez.

 

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Giménez con otras mujeres gitanas feministas en la manifestación del 8M | Crédito: Fundación Secretariado Gitano

 

Sara Giménez confía en que el Gobierno de Sánchez avance en materia de igualdad. Sobre todo gracias a la Proposición de Ley relativa a la igualdad y no discriminación, presentada el pasado 20 de junio. La Fundación ya apostaba por esta ley en su último informe, nos cuenta. “Es necesaria para abordar la discriminación que sufren día a día algunos grupos de población y que les afecta en el acceso a la educación, al empleo y a la vivienda”. Hechos que no constituyen un delito en nuestro país y que están regulados por el código penal pero que generan una discriminación cotidiana que condiciona sus vidas, aclara.

Poco a poco, reto a reto, puede que algún día Sara Giménez ya no pueda alardear de ser la única mujer gitana que representa a España en el Consejo de Europa. Quizá ese día, se permita “el lujo” de dejar de hacer una distinción entre mujeres gitanas y mujeres de la “sociedad general”.