Santiago Abascal, vuelve el hombre
Foto: Vox

Política y Conflictos

Santiago Abascal, vuelve el hombre

El presidente de Vox se ha marcado como objetivo la "reconquista" de España

por Marta Ruiz-Castillo

La imagen de macho ibérico que transmite Santiago Abascal allá donde va recuerda a un anuncio de colonia de hace años – ahora sería imposible emitirlo por políticamente incorrecto – con la frase «Vuelve el hombre«. El presidente de Vox, el partido de extrema derecha, que en las elecciones andaluzas de diciembre se presentó con un vídeo incalificable montado a caballo anunciando que la reconquista empezaba en Andalucía, sin duda, logró lo que muchos creían que no pasaría en España, que la ultraderecha llegaría a las instituciones.

Llegó al Parlamento andaluz y los votos de sus 12 diputados fueron determinantes para que PP y Ciudadanos llegaran al Gobierno de la Junta después de firmar un acuerdo que dejó al PSOE en la oposición después de 38 años en el poder.

Esa reconquista de la que le gusta hablar a Abascal ha continuado el 28 de abril, aunque no al ritmo esperado por el líder del partido de extrema derecha, en las elecciones generales, donde Vox ha entrado con 24 diputados en el Congreso.

Ya lo auguraba la última encuesta del CIS pero tanto sus dirigentes como el resto de los ciudadanos llegamos a temer que la presencia de Vox en la Cámara baja iba ser determinante para el futuro de la gobernabilidad del país, un poco a semejanza de lo ocurrido en Andalucía. Y lo pensamos porque los mítines de Abascal eran cada vez más multitudinarios, en los que las banderas españolas se mezclaban con mensajes incendiarios alertando de la llegada, poco menos, que del Apocalipsis. O Vox o el fin del mundo. Las soflamas contra todos y contra todo. Las arengas a favor de una España más propia, no ya del franquismo, sino de la Edad Media.

Santiago Abascal, vuelve el hombre

Abascal en un mitin de Vox. | Foto: Vox

«O la desaparición o la continuidad histórica de nuestra patria; o miseria socialista o prosperidad de nuestros hijos y nietos; o la dictadura progre o la libertad de los españoles, entre la anti España o la España Viva», era una de sus frases repetidas en campaña.

Por España. Con este lema ha recorrido el país Abascal, líder indiscutible de Vox, vetando medios de comunicación, rechazando conceder entrevistas salvo a los medios amables, próximos al partido, y echando mano de las redes sociales. Nada de programa, con sus famosas 100 medidas ha recorrido el país.

¿Pero quién es este político que no deja indiferente a nadie?

Nacido en Bilbao en 1976 , aunque se considera de Amurrio – por algo se dice que los de Bilbao nacen donde quieren – se declara “amante de la naturaleza”, entorno que le sirve, imaginamos, para disfrutar de una de sus aficiones favoritas: la caza. De ahí que haya incluido en la lista de Vox a las elecciones al Parlamento Europeo del 26 de mayo al presidente de la Real Federación Española de Caza, Ángel López Maraver, como muestra del compromiso del partido y “su apuesta real con el sector cinegético y el mundo rural”. Le gusta la montaña y los pájaros, observarlos y catalogarlos.

Otras de sus aficiones es asistir a corridas de toros al tiempo que arremete contra los animalistas. Tanto le gusta la fiesta nacional que Abascal ha llevado de número tres en la lista del Congreso por Barcelona al torero Serafín Marín, quien sigue sin superar la prohibición de torear en la Monumental de Barcelona, y al banderillero Pablo Ciprés de número uno de la lista de Vox por Huesca.

Volviendo a la vida y obra del líder de la ultraderecha, su amor por la naturaleza y el entorno de Amurrio es inconmensurable. Dice el propio Abascal que conoce esos montes, bosques y sierra como la palma de su mano. “Las he recorrido a pie y a caballo, de día y de noche, lloviendo y hasta nevando”, cuenta en su web personal, que tiene algo abandonada, pero que dice mucho de quién es este personaje. “Hoy le muestro a mis hijos, como un día hicieron conmigo”, añade, “la fauna, la flora, los nombres de los picos y los atajos que llevan a las mejores vistas. Ya sienten algo especial cuando alcanzan la cima”.

La actividad política alejó a nuestro hombre de la naturaleza y tuvo que llevarse el bosque a casa. Sí, se convirtió en un apasionado de los bonsáis. Salvando las distancias, una afición que comparte con Felipe González.

Abascal es aficionado también a las motos “por necesidad”, ante la “exasperante circulación del tráfico” que se encontró cuando salió de Amurrio y se trasladó a la ciudad. A lomos de un caballo o de una moto, Abascal es la viva estampa del macho ibérico.

La moto dejó de ser sólo un medio de transporte para convertirse en “una filosofía de vida, un soplo de libertad en esta jungla de acero y cemento que es este Madrid” donde, sin embargo, dice sentirse feliz. A la capital llegó amparado por su amiga Esperanza Aguirre, quien en 2013 le nombró director de la Fundación para el Mecenazgo y Patrocinio Social, en el que sólo figuraban como trabajadores él y Anka Moldovan, que luego fue diputada autonómica en Madrid por el PP.

Cabe destacar que la fundación presidida por Abascal, pese a no tener actividad conocida, recibió una subvención de 183.000 euros del Gobierno del PP en la Comunidad de Madrid. Casualidades o no, lo cierto es Vox se constituyó justo después de disolverse la cuestionada fundación.

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Abascal se encomienda a la ‘Santina’ al inicio de la campaña de las generales. | Foto: Vox

Este licenciado en Sociología por la Universidad de Deusto se presenta a sí mismo como una persona “vital, optimista, de buen carácter y que aprecia el sentido del humor”. Una imagen que, desde luego, no ha sabido trasladar en campaña, donde aparecía siempre como si estuviera enfadado con el mundo, con un gesto severo, recriminando a la “derechita cobarde” o la “dictadura progre que agoniza”…

Asegura que no es machista ni tener problemas con las feministas, – «No soy ni feminista, ni machista, ni hembrista» – pero en la campaña no ha parado de arremeter conteras las «feminazis».

«Lo del ‘género‘ hay que acabar con ello, es pura ideología de la izquierda que busca sustituir la lucha de clases por una lucha de sexos, busca nuevos elementos de combate», ha dicho en otras ocasiones Abascal.

Acusado también de xenófobo, asegura que en Vox «únicamente pedimos que la inmigración se regule en base a la economía y a la capacidad de adaptación de los inmigrantes, lo que querría cualquier progre si llamaran a su casa». Pero el discurso de Vox contra los inmigrantes es claro: el que no tenga papeles tiene que ser expulsado de España.

Con todo, insiste en que le gusta la “gente corriente, amable, sencilla cariñosa, hospitalaria, agradecida”. El político de la ultraderecha, el hombre «sin complejos» que, por cierto, nació un 14 de abril – día de la proclamación de la segunda república en 1931- y lleva a gala decir lo que piensa es, ante todo un fervoroso defensor de la familia. Debe de ser así porque ya va por la segunda.

De su primer matrimonio tuvo a sus dos hijos mayores que viven en Vitoria con su exmujer de la que está divorciado; con su actual pareja, la influencer Lidia Bedman, con la que se casó el verano de 2018, tiene otros dos hijos.

Considera que el matrimonio es la unión de un hombre y una mujer; lo que viene a ser lo “normal, lo tradicional”. Lo del matrimonio entre dos hombres o entre dos mujeres, eso es otra cosa. “El matrimonio es una institución que históricamente ha unido al hombre y a la mujer”, dijo en una entrevista con Susanna Griso. «Nosotros no consideramos que la relación entre dos hombres o entre dos mujeres sea un matrimonio. Sí, una unión civil que necesita ser regulada”, comentó. Y para terminar de arreglarlo, añadió: “Creo que es bueno que las personas se unan, que dos hermanas viudas, o dos amigos viudos puedan hacerse una unión civil para cuidarse unos a otros o legar”.

Del PP a Vox

Su vinculación con la política le viene de familia. Su padre fue un destacado miembro del PP, a donde llegó desde la Alianza Popular de Manuel Fraga. Santiago padre fue concejal en Amurrio, miembro de la dirección del PP vasco y llegó a ser portavoz en las Juntas Generales de Álava.

Santiago hijo se afilió al PP con 18 años, partido en el que militó activamente entre 1994 y 2013, año en el que se fue dando un portazo porque no le gustaba la deriva que estaba tomando el partido.

Llegó a ser presidente de las Nuevas Generaciones del PP en el País Vasco, y antes de trasladarse a Madrid y convertirse en motero, Abascal fue concejal del PP en Llodio durante dos legislaturas, procurador de la Juntas Generales de Álava, y diputado en el Parlamento Vasco.

Aterrizó en Madrid para ocupar en 2010 la Dirección de la Agencia de Protección de Datos de la Comunidad de Madrid, nombrado por su amiga Aguirre.

En 2008, Abascal ya comenzó a expresar su malestar con el partido por la posición adoptada ante el nacionalismo, un tema que comenzó a convertirse en su principal caballo de batalla y que ahora lleva como bandera. Para él, nacionalismo y unidad de España son incompatibles porque esto de las autonomías le parece que sobran. Es esta una las muchas incoherencias de Abascal y Vox, que defienden acabar con las Comunidades Autónomas, aunque fue precisamente la posibilidad de poder presentarse en las elecciones autonómicas de Andalucía la que llevó al partido a entrar por primera vez en las instituciones.

Convertido ya en un dolor de muelas para una parte del PP, el partido le mostró la salida en 2011, cuando Mariano Rajoy ganó las elecciones generales y Abascal debía haber entrado en el Parlamento Vasco para sustituir a Carlos Urquijo, quien dejó su escaño después de ser nombrado delegado del Gobierno en el País Vasco. A Abascal, que era el siguiente en la lista, le pidieron que renunciara.

Alegando diferencias irreconciliables con la dirección del PP de Rajoy, Abascal dejó de pertenecer al PP en 2013. El ahora líder de Vox fue muy crítico con los escándalos de corrupción, con la posición del PP tras el anuncio de ETA de abandonar las armas – la familia de Abascal fue una de las muchas en el País Vasco que fue objeto de amenazas por parte de la organización terrorista -, con la forma de afrontar los nacionalismos catalán y vasco, etc.

Como reacción a las amenazas de ETA, Abascal se sacó la licencia de armas. «Tenía que defender a mi padre», dijo en alguna ocasión. En esta campaña ha dejado claro que todo ciudadano tiene derecho a tener un arma en casa para defenderse sin que le suponga un problema judicial, así que su idea es que se apruebe una ley que permita la tenencia de armas.

En 2014 participó en la presentación de Vox junto a José Antonio Ortega Lara – ex funcionario de prisiones secuestrado por ETA -, el filósofo Jesús González Quirós y el político Ignacio Camuñas. El secretario general del partido pasó a ser presidente en septiembre de ese año con más del 90% de los votos.

Ahora sigue con su «reconquista» por las instituciones para lograr restablecer los valores de la España del XVIII, reivindicando figuras como la de Blas de Lezo, el «héroe» al que Vox rinde pleitesía en pleno siglo XXI. Por eso Santiago Abascal eligió Covadonga, cuna de la Reconquista, para iniciar la campaña electoral y, como ferviente religioso, rezó ante la ‘Santina’.

El caballo en el que Abascal se presentaba para reconquistar España ha resultado ser un percherón y no un purasangre. La reconquista, en vez de ir al galope va al paso, pues aunque es verdad que sacar 24 escaños de la noche a la mañana es todo un avance, también lo es que la relevancia de Vox en un hemiciclo de 350 diputados no será tanta como Abascal y los suyos quisieran.