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¿Por qué ya no nos vestimos de chulapas?

Foto: Verónica F. Reguillo | The Objective

Blusa ceñida con mangas de farol, falda o vestido de lunares hasta los pies, pañuelo en la cabeza -y asomando dos claveles-, pelo recogido con un moño y mantón de Manila que realza y hace más vistoso el atuendo de la chulapa. Para ellos -y por qué no, también para ellas-: chaleco o chaquetilla corta estrecha con clavel en la solapa, pantalón oscuro y ajustado, gorra negra o con pequeños cuadros, botines y pañuelo blanco al cuello. El traje regional es imprescindible cuando hablamos de San Isidro, de la fiesta castiza en la pradera y de las raíces de Madrid. Sin embargo, cada vez son menos quienes lo lucen durante estos días y la tradición se va desdibujando entre la lluvia que habitualmente acompaña al 15 de mayo.

“Tú ves cómo se viste la gente en Valencia y es que se te cae la baba. Lo ves en Sevilla o en Málaga. En los pueblos que conservan sus trajes regionales, y cómo se los pasan de abuelas a nietas, a las hijas, y con qué amor se visten y con qué amor tienen sus fiestas. En cambio, en Madrid eso no lo tenemos”, asegura Maty, la propietaria de la tienda de trajes y disfraces del mismo nombre, donde aún -y es de los pocos lugares- se puede encontrar el atuendo de chulapo y de chulapa, por tallas o incluso confeccionado a medida.

Maty nos cuenta que la tradición se mantiene gracias a los colegios que incentivan a los niños, y también a los padres y a los abuelos, a vestirse de chulapos con ellos. “Ha sido muy bonito porque el ver a los niños que tienen esa ilusión que comparten con los abuelos, pues verdaderamente parece que le da vida [a esta tradición]”.

 

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Maty nos recibe en una de sus tiendas en el centro de Madrid. | Foto: Verónica F. Reguillo / The Objective

 

En Maty, el traje para niña oscila alrededor de los 20 euros, el más barato, y los 120 euros, el más caro. Para adultos, según afirma la propietaria, los trajes pueden comenzar en los 30 euros y llegar incluso a los 300, dependiendo de los tejidos y de los complementos que se le quieran añadir. El atuendo de chulapa se presta más a la hora de añadir complementos, sobre todo en lo que se refiere a los mantones de manila, la pieza fundamental del traje regional.

“El mantón se ha considerado toda la vida joya. Nadie tira un mantón bueno, o se desprenden de él porque sí. Entonces, es una pieza que cuando no se usa, a veces se utiliza para adornar, o también se pasa de madres a hijas como una pieza digna de conservarse”.

También hay quienes compran los trajes en tiendas más baratas, con un material infinitamente peor para “salir del paso”, dice Maty. “Yo no veo a nadie vestido con un traje de los chinos en la feria de Sevilla, ni en Valencia. Hay trajes que verdaderamente dan pena, pero la gente los utiliza porque no tiene ese amor por la fiesta, no tiene ese amor por vestirse bien”.

 

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Trajes baratos en una tienda del centro de Madrid. | Foto: Verónica F. Reguillo / The Objective

 

Cuando entramos en la tienda de Maty, nos encontramos a niños con sus padres y con sus abuelos, pero no vemos adolescentes o jóvenes. La propietaria nos confirma esta percepción: “Los jóvenes no se visten de chulapos”, porque no se inculca, no se conserva y no se trabaja, incluso por parte de las administraciones, ese amor por la fiesta regional madrileña, nos dice.

 

¿Por qué ya no nos vestimos de chulapas en San Isid?

Este tipo de carteles se encuentran en el escaparate de Maty. | Foto: Verónica F. Reguillo / The Objective

 


Hacerte tus propios trajes

También hay quienes elaboran sus propios trajes nos dicen en la Asociación Los Castizos, donde trabajan por mantener esta tradición. El presidente, José Luis Campos, asegura que ante la falta de sastrerías y la escasa financiación que recibe la asociación son ellos quienes se hacen los trajes. “Nuestros socios y especialmente nuestras socias son las que se hacen sus propios trajes. En concreto, mi esposa hace el mío y el suyo, tanto los castizos como los goyescos, y son muy complicados”.

Estos trajes regionales son mucho más que una vestimenta, representan un comportamiento social: el casticismo madrileño de las clases populares que comienza a vivir su mayor apogeo a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Según publica la Asociación Madrid Eterno es su página web, se podrían diferenciar dos periodos, el primero desde la segunda mitad del siglo XVIII, y hasta el segundo decenio del siglo XIX, donde se lucían los trajes goyescos, inmortalizados a través de las pinturas de Goya; y ya desde la segunda mitad del siglo XIX y el primer decenio del siglo XX, fue el turno de los chulapos.

 

¿Por qué ya no nos vestimos de chulapas en San Isidro?

El mantón de manila, parte fundamental en el traje de chulapa. Lo encontramos en el escaparte de Maty. | Foto: Verónica F. Reguillo / The Objective

 

Las diferencias entre el traje de los goyescos y de los chulapos son claras. En los primeros es necesario lucir una redecilla en el pelo, chaquetilla corta, faja, pantalón ajustado hasta la rodilla y medias, para los hombres; y redecilla en el pelo, chaquetilla corta entallada, falda ancha por encima del tobillo y medias, para las mujeres.

Desde ‘Madrid Eterno’ también quieren enfatizan que “la especial idiosincrasia del madrileño chulapo del siglo XIX, tanto en su manera de ser como de vestir, fueron la fuente de inspiración de los diferentes maestros para componer sus Zarzuelas madrileñas y no al revés”.


Manolos, majos, chulapos y chisperos

Los términos de chulapo y de chulapa surgen en el barrio de Lavapiés en el siglo XIX para sustituir a los majos y a las majas. Tanto majos como chulapos se dedicaban a la carpintería, eran zapateros, taberneros, alfareros o comerciantes; mientras que las majas y las chulapas cosían, eran las modistas. Al tiempo, en el barrio de Malasaña vivían los chisperos, nos aclaran por teléfono desde la Asociación Cultural Madrid Eterno: “Los chisperos eran los de las chispas, los herreros”, nos cuentan con gracia.

 

 

Antes de los majos y de los chulapos, en Lavapiés vivían los manolos. Muchos judíos conversos se quedaron en la ciudad tras la expulsión decretada por los Reyes Católicos, y para demostrar que eran cristianos ponían el nombre de Manuel a sus hijos. De ahí se les empezó a denominar como los manolos. Hoy, manolos, majos, chulapos y chisperos se utilizan indistintamente para referirse a los madrileños, aunque, sin duda, el más común es el término de chulapo.

Desde ‘Madrid Eterno’ se alegran, nos dicen, de que hablemos de trajes regionales “y no de disfraces”. “Nos vestimos de chulapas y chulapos; no nos disfrazamos”, defienden.

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