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Por qué estudiar Filosofía es buena idea si quieres trabajar en Silicon Valley

Foto: Thibault Camus | AP

Cuando uno piensa en Silicon Valley le vienen a la mente campus gigantes y futuristas, oficinas llenas de lugares recreativos y frikis trabajando en el próximo Facebook. Esos frikis, por cierto, cobran unas cantidades estratosféricas de dinero por hacer su trabajo, y sus entornos laborales son la envidia de medio mundo. Por eso trabajar en Silicon Valley es una meta para muchos. No hace falta ser ingeniero o técnico para hacerlo, y es que hay una profesión en auge por aquellos lares: el de filósofo.

Por qué te lo contamos: en Silicon Valley están las sedes de las más grandes empresas tecnológicas estadounidenses, muchas de ellas pertenecientes a la lista Forbes 500, como Google, Apple, Hewlett-Packard o Adobe Systems, y muchas están buscando a filósofos para incluirlos en sus plantillas.

La Filosofía es un pilar fundamental de nuestra sociedad desde los antiguos pero, admitámoslo, últimamente no ha pasado por sus mejores momentos. Hasta hace no mucho, estudiar Filosofía era sinónimo de fracaso para una parte ignorante de nuestros coetáneos, una carrera abocada a dar clase en institutos –algo nada desdeñable, por cierto–. Con el tiempo, algunos filósofos se han convertido en una suerte de gurús, que dan charlas TED y publican libros de autoayuda enmascarados, aunque esto ha seguido relegando a la mayor parte de licenciados a las aulas de los institutos. Ahora se abre un nuevo e inesperado filón en esta carrera y está en San Francisco, California.

 

Por qué estudiar Filosofía es buena idea si quieres trabajar en Silicon Valley

Los dilemas éticos que presentan las nuevas tecnologías han de ser resueltos. Tener un filósofo en plantilla es buena idea. | Foto: Unsplash

 

Los principales CEOs de las más punteras compañías de Silicon Valley se están haciendo con los servicios de filósofos. Las élites de la tecnología persiguen también la verdad y, con ella, la felicidad. No es de extrañar teniendo en cuenta que estas grandes empresas trabajan con conceptos como la forma en que nos comunicamos, pilar fundamental de nuestras relaciones humanas y, por tanto, de nuestra esencia como especie racional.

Son las aplicaciones de las tecnologías –las de la comunicación, como las redes sociales, pero también otras– en la vida real de las personas las que pueden conducir a dilemas éticos, y por tanto tener un filósofo en plantilla puede ser una buena idea.

 

Estoicismo 3.0

En esta línea, algunos gurús filosóficos se han labrado una fama entre las élites de Silicon Valley. Es el caso de Andrew Taggart, que desde hace un par de años ocupa extensos artículos en la prensa especializada y que ha desafiado el pensamiento lateral –lo que algunos denominan “design thinking”–, que busca analizar cada situación concreta en busca de los problemas correctos y las soluciones pertinentes para éstos. Para Taggart este planteamiento es un error, ya que pensar que la vida es un problema a resolver lo único que genera es infelicidad.

Taggart, este estoico renovado, ha establecido una corriente de pensamiento que en los últimos años ha calado hondo en las grandes techies, y también ha provocado que sus CEOs se replanteen ideas como qué es el éxito, o qué es la felicidad. Les asesora, y se adapta a su forma de vida: sus consultorías pueden ser presenciales o vía Skype, y ha creado escuela.

 

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Peter Thiel, un visionario que invirtió en los inicios de Facebook o LinkedIn, uno de los rostros más conocidos de los Sistemas Simbólicos de Stanford. | Foto: Ben Margot | AP

 

Esa escuela es tal que grandes nombres de la industria, como Peter Thiel, conocido inversor inicial en compañías como Facebook o LinkedIn; Marissa Mayer, hasta hace dos años CEO de Yahoo; Reid Hoffman, cofundador de LinkedIn; o Mike Krieger, cofundador de Instagram, se han graduado en los últimos años en un programa llamado “Sistemas Simbólicos”, de la Universidad de Stanford, que analiza la forma en que humanos y tecnología nos comunicamos. Este programa resalta la relevancia de la filosofía en ámbitos típicamente tecnológicos.

Nuestra relación como humanos con lo que nos rodea se ha visto especialmente afectada por el progreso tecnológico en las últimas tres décadas, y se ha intensificado en los últimos diez años. No solo las redes sociales y su poder transformador en nuestra forma de comunicarnos, también el Bitcoin y otras criptomonedas que han sacudido nuestra economía y nuestra relación con el dinero, debemos mirar más allá y pararnos a pensar. Por eso, los filósofos empiezan a salir de las universidades para entrar en un mundo de ingenieros. Buenos –o malos, según se mire– tiempos para ser filósofo.

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