¿Por qué el mundo entra en pánico cuando se desploma Wall Street?

Economía y Capital

¿Por qué el mundo entra en pánico cuando se desploma Wall Street?

Hace unos días Wall Street acaparó la atención de los medios de comunicación de todo el mundo. Portadas de periódicos, telediarios e informativos de radios se hacían – nos hacíamos – eco de la caída del índice Dow Jones que, algunos, llegaron a calificar de histórica. Las principales bolsas, entre ellas la española, se vieron arrastradas por esta caída de Wall Street y cundió el pánico.

por Marta Ruiz-Castillo

Hace unos días Wall Street acaparó la atención de los medios de comunicación de todo el mundo. Portadas de periódicos, telediarios e informativos de radios se hacían – nos hacíamos – eco de la caída del índice Dow Jones que, algunos, llegaron a calificar de histórica. Las principales bolsas, entre ellas la española, se vieron arrastradas por esta caída de Wall Street y cundió el pánico. Algo que es habitual cada vez que Wall Street se resiente o cae de forma brusca. Pero, al final, Wall Street siempre se recupera, deja al resto de las bolsas tiritando, y parece que no ha pasado nada. Por eso hemos preguntado a José Ramón Iturriaga, gestor de fondos de inversión en Abante Asesores, ¿por qué el mundo entra en pánico cada vez que la bolsa de Nueva York se tambalea?.

En su opinión, una de las razones es que «la bolsa sólo es noticia cuando cae«, y otra es porque «no sabemos lo que hay detrás de las bolsas y, al final, lo que hay no es más que la evolución de los beneficios empresariales».  De forma gráfica, lo primero que nos deja claro Iturriaga es que el mercado no es un bingo, «el mercado es la imagen de una manada de ñus corriendo por el Serengueti, que no sabe muy bien qué la hace correr hacia un lado o hacia otro, pero que no para de correr».

Iturriaga achaca ese pánico a los titulares de los medios que transmiten – transmitimos – una percepción de caos, de que algo horrible va a ocurrir en el mundo cuando cae Wall Street.  “Esa es la percepción generalizada que tiene el público de la Bolsa, que viene muy mediatizada por estos grandes titulares donde abres cualquier web, o ves los telediarios y los periódicos salen con la caída de la Bolsa en portada. Y dices, ‘¡qué barbaridad!’, y por eso la gente tiene esa percepción. El problema es que es muy difícil de salvar ese muro de ignorancia, porque es no entender lo que hay detrás de la bolsa, y al final lo que hay, lo que cotiza en bolsa son los beneficios empresariales, por un lado, y lo que el mercado está dispuesto a pagar por esos beneficios empresariales».

«El mercado es la imagen de una manada de ñus corriendo por el Serengueti que no sabe muy bien qué la hace correr hacia un lado o hacia otro»

El experto en fondos de inversión añade que la bolsa sólo sube, más allá de que haya días o meses que caiga, «pero de forma estructural, la bolsa lo que ha hecho es subir» desde sus inicios. «El estado natural de las bolsas es estar en máximos, la bolsa normalmente lo que ha hecho históricamente es subir y si hace 100 años el Dow Jones salió valiendo 50, hoy vale 25.000. No hace más que subir. ¿Por qué? Porque los beneficios empresariales de las compañías no hacen más que crecer, porque los beneficios de las compañías reflejan el crecimiento de la economía mundial y el mundo tiene la sanísima costumbre de crecer; el mundo en los años malos crece un dos y en los años buenos crece un cuatro, pero siempre crece».

Es verdad, puntualiza, «que hay economías dentro del mundo que no crecen, como los países emergentes que, a veces no crecen pero los desarrollados sí; o al revés, en estos años, las economías occidentales han estado en crisis y han sido las emergentes, con China a la cabeza, las que lo han hecho bien». Es en este entorno de una economía mundial donde hay que situar lo que ocurre en los mercados bursátiles para no caer en el alarmismo. «Las grandes compañías lo que hacen es vender en el mundo; por ejemplo, Inditex, Gestamp o Santander, son grandes multinacionales que no dependen ya de una economía local. Eso es lo que no entendemos, que las bolsas no son una suerte de casino, no son un bingo; las bolsas, al final, son un mercado donde hay muchos participantes, que reflejan el valor de las cosas y que, al final, hay veces que el componente emocional que tienen los inversores a la hora de tomar decisiones se impone temporalmente; es decir, el mercado es eficiente casi todo el tiempo, pero hay ventanas en las que el mercado no es eficiente porque se deja llevar por las emociones».

El mundo tiembla cada vez que Wall Street cae. | Foto: Carlo Allegri / Reuters

Marketing del miedo

Iturriaga recuerda situaciones de alarma, entre las que cita el caso de Lehman Brothers, cuarto banco de inversión de Estados Unidos cuando quebró en 2008 con 680.000 millones de dólares en activos, y cuya quiebra, la mayor en la historia de Estados Unidos, se asocia a la crisis financiera mundial que estalló ese mismo año.

«Fue un gran episodio en el que nos volvimos todos locos y parecía que el mundo, no ya el sistema financiero, el mundo tal y como lo conocíamos, iba a desaparecer, parecía que esto acababa como Mad Max, desaparecían los bancos….y como el marketing del miedo es muy potente, y más en el sistema financiero, ahí los agoreros camparon a sus anchas. Llevamos muchos años donde los pesimistas, los discípulos del Apocalipsis llevan imponiendo su doctrina o, por lo menos, teniendo mucho predicamento estos últimos años».

También explica Iturriaga que no siempre nos hemos movido en el terreno del pánico. De hecho, en los años 2006 y 2007 primaba la euforia. «En España, en el 2007 estábamos en euforia y la bolsa en 16.000 puntos y cada día era un nuevo máximo, y las valoraciones no tenían demasiado sentido por arriba, y ahora estamos en el otro extremo».

«Llevamos muchos años donde los pesimistas, los discípulos del Apocalipsis llevan imponiendo su doctrina»

Para quienes trabajan en este ámbito, para los que conocen las interioridades de los mercados financieros como Iturriaga, «ese componente emocional es lo que nos permite aprovechar las distorsiones en valoración». En el caso de la última caída de Wall Street, que ha arrastrado al resto de las bolsas, «ha habido unas rebajas no se sabe bien por qué» pero de carácter «más técnico». «No es que esté quebrando ningún banco, no ha habido un repunte de volatilidad y eso ha hecho que mucha gente, sobre todo en renta variable, haya tenido que vender, esta es la explicación técnica; además, no se han contagiado otros mercados como la renta fija, como el crédito, esto se ha quedado limitado a la bolsas, pero es cierto que ha caído».

Una manada de ñus

El consejo del experto es tratar de mantenerse alejado del ruido, «mantenerse al margen de esta manada de ñus». Hasta ahí la teoría, porque en la práctica no es tan fácil mantener la cabeza fría. «Es difícil hacerlo para los que nos dedicamos a esto; no te quiero ni contar para la gente que tiene metida la cabeza en la centrifugadora en el día a día; como el único input que reciben es que las bolsas caen, porque los únicos días en que las bolsas son noticia es cuando caen, piensa que es una suerte de lotería, y no lo es, porque las bolsas reflejan la evolución de los beneficios empresariales, exclusivamente, con periodos de locura transitoria, pero es transitoria».

En definitiva, hay que entender la bolsa «como una inversión no como una lotería, o un casino, no tienes que ir con visión de corto plazo, a tratar de ver si es rojo o negro, y si en los próximos días la bolsa va a subir o bajar porque eso es un recurso fácil de los periodistas, son explicaciones efímeras, o mejor dicho, peregrinas porque, de verdad, lo que mueve a los mercados en el corto plazo, a lo mejor son esas emociones o esos sobrecalentamientos de las emociones de los partícipes, de los agentes de los mercados, pero a largo plazo siempre son, en el caso de las bolsas, la evolución de los beneficios empresariales; en el caso de la renta fija, la evolución de las expectativas de la inflación, y en consecuencia, lo que van a hacer los bancos centrales».

«Las bolsas reflejan la evolución de los beneficios empresariales, exclusivamente, con periodos de locura transitoria, sí, pero es transitoria»

«Por eso la gente no gana dinero en bolsa», añade Iturriaga, «porque, primero no se atreve a invertir, y cuando se atreve, normalmente no tiene la paciencia suficiente para esperar». El consejo es claro: «Si se entiende la inversión como un medio para conseguir un fin tienes que ser capaz de no estar encima todos los días y dejarte llevar por esa manada de ñus; porque si te dejas llevar por la manada de ñus, vas a ir con el pie cambiado todo el rato».

En este punto, existe estadísticas sorprendentes sobre el Dow Jones, que es el índice con más historia y que ha pasado «de 50 a 25.000, que se ha multiplicado por una burrada» y, sin embargo, «el 90 por ciento de la gente que ha invertido en la bolsa americana en estos últimos 100 años ¡ha perdido dinero! ¿Y cómo es posible que hayas perdido dinero en algo que ha pasado de 50 a 25.000? Porque no ha sido una línea recta, esto ha ido subiendo y bajando, subiendo y bajando y la gente ha ido comprando cuando estaba arriba y vendiendo cuando estaba abajo, por ese componente emocional que tienen las decisiones de inversión».

¿Por qué el mundo entra en pánico cuando se desploma Wall Street?

El trabajo de un agente de bolsa puede resultar agotador. | Foto: Lucas Jackson / Reuters

Ahí entran las emociones y que los inversores se dejan llevar por el pánico. «La gente que estos días se ha dejado llevar por las portadas de los periódicos y ha vendido, no sé si a corto plazo, a lo mejor ha acertado, porque no sé si la bolsa el próximo mes va a caer, es posible e incluso probable, pero a largo plazo va a perder dinero porque no va a volver a entrar. Tratar de hacer lo que en el argot se llama ‘market timing’, tratar de entrar y salir, entrar y salir, es algo que hay mucha gente que te lo vende como que es posible, pero es absolutamente imposible. Tratar de anticipar cuáles van a ser los movimientos de esa manada de ñus, es imposible, porque no sabes qué mueve a esa manada de ñus a un sitio u otro».

De nuevo, el consejo del experto pasa por ser consciente de que los beneficios empresariales van a ir así, subiendo y bajando, «solamente te tienes que subir y no mirarlo; y si lo miras no te dejes llevar por las emociones, por ese dolor de barriga que todos tenemos cuando vemos en las portadas que cuentan que  la caída del Dow Jones ha sido la mayor de la historia; son titulares que son verdad pero son muy grandilocuentes. Aún siendo verdad, claro que es la más grande de la historia pero no ha sido la mayor caída en porcentaje; es la mayor caída en puntos porque el índice Dow Jones cada vez vale más puntos. Cuando el índice valía 50 no podía caer 500…ahora cuando vale 25.000 una caída de 500 es un caída fuerte pero tampoco es extraordinaria».

España y el Ibex35

Aprovechamos para preguntarle a Iturriaga por España y el Ibex35 y nos llama la atención el dato que aporta: «Estamos al mismo nivel de la bolsa que en el año 1997«. Y nos cuenta por qué esto es así, de nuevo recurriendo a los ñus.

«Esa manada de ñus, en el caso de España, no ha recibido más que malas noticias; en estos últimos años España no ha dejado de pisar un solo charco». Así, además de la crisis de Lehman que afectó a todo el mundo, España vivió una crisis económica mayor que los países de su entorno, «luego hemos sido protagonistas indiscutibles de la crisis del euro, ese horrible acrónimo de los pigs» – referido a las economías de Portugal, Italia, Grecia y España que acuñó el Financial Times,  en el que España era la S (Spain) – «que fue un terremoto que empezó en 2012 y que podemos dar por cerrado en mayo del año pasado cuando ganó Emmanuel Macron las elecciones francesas y ya se desterró la posibilidad de que algún país europeo pudiera plantearse la posibilidad de salirse del euro, que era lo que se planteaba si hubiera ganado Le Pen».

«Este jurado, que es el mercado, no ha podido estar sujeto a peores noticias respecto a España»

También Iturriaga se refiere a los populismos en España como factor que preocupaba a los inversores extranjeros hace tres años. «Ahora parece que han pasado a mejor vida», dice refiriéndose a Podemos y Pablo Iglesias. «Y cuando ya el año pasado parecía que todo se enderezaba, tenemos el tema de Cataluña que también ha sido objeto de varias portadas del Financial Times, ninguna de ellas para decir nada bonito».

Esto, según Iturriaga, «se puede ver como una manada de ñus o, como decía Keynes, ‘el mercado es un concurso de belleza donde no tienes que identificar quién va a ganar, sino que tienes que identificar lo que piensa el jurado’. Pues este jurado, que es el mercado, no ha podido estar sujeto a peores noticias respecto a España».

Los inversores extranjeros no acaban de fiarse del Ibex 35. | Foto: Susana Vera / Reuters

Por eso la bolsa en España está a los niveles del año 97, cosa que no pasa con el Dow Jones o con la bolsa alemana. «Nosotros no estamos ahí porque ese jurado del concurso de belleza hace tiempo que casi ha tirado la toalla con España, pero sí se ha producido una distorsión porque la realidad económica de España va por un lado, crece, y sin embargo, el inversor internacional, que es el que de verdad tiene dinero para poner precio a las cosas, nos ha tenido un poco de lado».