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Por qué la política migratoria de Trump obliga a las familias a intentar volver a entrar en Estados Unidos

Foto: Matt York | AP

La política migratoria del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha sido duramente criticada en el ámbito internacional por la separación de familias en la frontera y la deportación de menores a sus países de origen.

Lo que quizá no sabe el presidente es que sus controvertidas medidas empeoran las condiciones de vida de aquellos que son expulsados de su país y que, por tanto, aumentan también la posibilidad de que estos vuelvan a intentar emigrar y entrar en Estados Unidos.

Un nuevo informe de Unicef denuncia que, al ser devueltos a su país de origen, muchos niños y familias se enfrentan a unos niveles de pobreza y violencia superiores a los que experimentaban cuando abandonaron su país.

“En muchos casos, los niños que son retornados a sus países de origen no tienen un hogar al que regresar, terminan endeudados o son víctimas de las maras. El hecho de que se les devuelva a situaciones imposibles hace más probable que vuelvan a emigrar”, explica María Cristina Perceval, la directora regional de Unicef para América Latina y el Caribe.

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Varias familias con niños protestan por la separación de familias en Washington. | Foto: Jacquelyn Martin | AP

¿A qué se enfrentan estos niños?

Los niños y las familias migrantes y refugiados se enfrentan a numerosos peligros, tanto durante la ruta hacia América del Norte como al ser deportados a su país de origen. La pobreza, la violencia y la estigmatización son algunos de los problemas a los que se enfrentan todas estas personas que huyen de diferentes países de Sudamérica precisamente por estos mismos motivos, que se suelen acentuar a su vuelta.

La situación económica de las familias en países como El Salvador, Guatemala y Honduras, con un 44%, un 68% y un 74% de los niños que viven en la pobreza, respectivamente, empujan a muchas de ellas a buscar una nueva oportunidad en Estados Unidos.

Para ello, a menudo piden préstamos para poder financiar su largo recorrido hacia América del Norte. Al ser deportados, se encuentran con la imposibilidad de pagar estos préstamos, que confiaban en devolver con el dinero ganado en Estados Unidos. En muchas ocasiones, esto los obliga a dejar de pagar su hogar o sus necesidades más esenciales, por lo que se sitúan en una situación de pobreza peor a la que se encontraban antes de salir del país.

A esto se suma habitualmente la estigmatización a la que tienen que hacer frente aquellos que vuelven a la comunidad tras un intento fallido de entrar a México o Estados Unidos. Debido al estigma social que supone haber abandonado su lugar de origen, a su vuelta, muchos niños tienen problemas para reintegrarse en la escuela, y sus padres para encontrar trabajo, denuncia Unicef.

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María del Carmen Tambriz, una inmigrante guatemalteca, reacciona tras ser deportada de Estados Unidos sin su hija. | Foto: Luis Echeverría | Reuters

Si, además, los niños fueron separados de sus padres al llegar a Estados Unidos y retenidos en un centro, se agravan las dificultades para reintegrarse en el sistema, pues las detenciones y separaciones son “experiencias profundamente traumáticas que pueden afectar negativamente al desarrollo a largo plazo de un niño o niña”, afirma el informe de Unicef.

La violencia está presente en el día a día de numerosas comunidades de Centroamérica. En El Salvador, por ejemplo, 365 niños fueron asesinados en el año 2017, y en Guatemala se registraron 942 muertes violentas de niños en el mismo año.

Cuando los niños huyen del reclutamiento forzado, los abusos e incluso el asesinato, volver al lugar del que han partido puede ser realmente peligroso, por lo que “muchos retornados terminan en una situación precaria de desplazamiento interno porque no es seguro regresar a sus hogares”, explica el informe.

Las medidas disuasorias no funcionan

La política de “tolerancia cero” de Donald Trump, que ha llevado a la separación de familias con menores en las fronteras de Estados Unidos, no tienen el efecto disuasorio que están buscando.

Trump considera que estas medidas son necesarias. “Yo no quiero que los niños sean apartados de sus padres, pero cuando buscamos a los padres por venir ilegalmente a Estados Unidos, debemos hacer algo, hay que separarlos de los niños”, dijo el presidente de Estados Unidos.

Sin embargo, las separaciones y las deportaciones no convencen a las familias que buscan entrar en Estados Unidos de rendirse y abandonar su objetivo, sino que, a menudo, consiguen lo contrario.

“Según las entrevistas que hemos hecho, no hay duda de que la separación de familias es la experiencia más traumática a la que se enfrentaron, pero esto no será un freno”, explica Christopher Tidey, el autor del informe.

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