Pablo Casado: un millennial al frente del Partido Popular perseguido por su máster

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Pablo Casado: un millennial al frente del Partido Popular perseguido por su máster

Cuando Mariano Rajoy decidió en 2015 renovar la cúpula del PP colocando a un grupo de millennials en puestos de responsabilidad por aquello de dar una imagen más moderna al partido, entre ellos se encontraba Pablo Casado, quien ahora, a sus 37 años, ha sido elegido presidente del PP tras ganar las elecciones primarias a Soraya Sáenz de Santamaría, la preferida de Rajoy.

Por:  Marta Ruiz-Castillo

El presidente del Partido Popular, Pablo Casado, sabía cuando se presentó a la primarias para sustituir a Mariano Rajoy que había una investigación abierta por una juez de Madrid para determinar supuestas irregularidades relacionadas con su máster en Derecho Autonómico y Local por la Universidad Rey Juan Carlos. Los compromisarios que le dieron la victoria en el Congreso extraordinario del 21 de julio de 2018 sabían también que había una investigación abierta sobre el polémico máster que meses atrás había acabado con la carrera política de la dirigente del PP en Madrid, Cristina Cifuentes.

Más allá de la experiencia política de Casado dentro y fuera del partido, entre bambalinas en Moncloa o en la Asamblea de Madrid y en el Congreso de los Diputados, donde ha ocupado puestos importantes como portavoz en varias comisiones, Casado llegó a la Presidencia del PP con este asunto sin cerrar.

Al flamante dirigente del PP le persigue la sombra de la sospecha sobre su currículum académico. Cuando estalló el caso del máster de Cristina Cifuentes – escándalo que la desalojó de la Presidencia del Gobierno de la Comunidad de Madrid, y al que se sumó un vídeo del pasado en el que era pillada con unas cremas que había robado en un supermercado, que fue la puntilla para acabar con su carrera política – Casado fue un efecto colateral.

En su currículum publicado en la web del PP se dice que es “abogado y economista. Licenciado en Derecho por la Universidad Complutense, Licenciado en Administración y Dirección de Empresas y Máster en Derecho Autonómico y Local por la Universidad Rey Juan Carlos.

Sí, el mismo máster que arrastró a Cifuentes. Podía ser otro máster, pero no. Casado hizo, casualmente, exactamente ese máster sobre el que hay muchas sospechas y que llegó a estar bajo investigación judicial. La titular del juzgado de instrucción número 51 de Madrid, Carmen Rodríguez-Medel, apreció «indicios de criminalidad penal» en la obtención del título, y como Casado era aforado, decidido elevar el caso al Tribunal Supremo, que decidió que no había motivo para seguir investigando.

Casado siempre ha asegurado que hizo el máster y que le convalidaron las asignaturas con los trabajos, los cuales mostró a los periodistas en pleno escándalo y cuando Cifuentes aún se resistía a dimitir.

Admitió Casado, eso sí, que sólo había cursado cuatro asignaturas, que el resto se las convalidaron. Eso fue el 10 de abril. El asunto, en vez de desvanecerse, se avivó como el fuego, y fue el 15 de mayo cuando la juez encargada de investigar el caso Cifuentes abrió una investigación sobre el máster de Casado. Días después fue la Universidad Rey Juan Carlos la que anunció una investigación.

En medio de este proceso, Casado siguió defendiendo su honradez y en junio decidió que el movimiento se demuestra andando, así que se presentó a las primarias del PP. Lo que parecía una huida hacia adelante le ha salido bien, por el momento, aunque sólo sea porque ha logrado lo que buscaba: convertirse en presidente del PP.

Tres excompañeras  de Casado, imputadas por la juez, admitió que nunca fue a clase ni entregó ningún trabajo, lo que no le impidió obtener el título de posgrado, mientras que otra explicó que la universidad le concedió las convalidaciones con anterioridad a que ella las solicitara.

A Casado se le ha acusado también de haber mentido en el currículum por afirmar que había realizado un posgrado en Harvard que resultó ser un curso de cuatro días en Aravaca, Madrid.

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Casado tiene el reto de recuperar a los votantes perdidos. | Foto: zipi | EFE

Conservador sin complejos

Cuando Mariano Rajoy decidió en 2015 renovar la cúpula del Partido Popular colocando a un grupo de millennials en puestos de responsabilidad por aquello de dar una imagen más moderna al partido, entre ellos se encontraba Pablo Casado, quien con 37 años se convirtió en presidente del PP tras ganar las elecciones primarias a Soraya Sáenz de Santamaría, la preferida de Rajoy.

Pablo Casado es la imagen del joven preparado, conservador convencido, con ambición, educado, amable, de una corrección que concuerda con su vestimenta -casi siempre lleva blazer y corbata-; a esto hay que añadir su cara aniñada y su aspecto de niño pijo. Todo esto seguramente no tuvo nada que ver para que Rajoy le nombrara vicesecretario de Comunicación del PP.

Lo más seguro es que Rajoy tuviera en cuenta la extensa trayectoria de este joven nacido en Palencia en 1981, con bastante proyección política, ya que Casado había sido portavoz de la campaña en las elecciones municipales y autonómicas de ese año 2015, y antes, director de Comunicación online de la formación conservadora; y antes que todo eso fue presidente de Nuevas Generaciones del PP en la Comunidad de Madrid.

Pablo estudió con los maristas, está casado con Isabel Torres desde 2009, quien le acompaña siempre que pueda, tanto en las campañas como a los debates electorales previos a las elecciones generales del 28A; el matrimonio tiene dos hijos, una niña y un niño, y se define como «liberal conservador».

Pablo Casado: un millennial al frente del Partido Popular

Isabel Torres, mujer de Casado, le ha acompañado durante la campaña de primarias. | Foto: Juan Carlos Hidalgo | EFE

Es un gran orador y en la campaña de las primarias mostró una faceta algo menos desconocida hasta ahora, la del político ambicioso que busca a toda costa liderar el partido, negándose a aceptar la mano tendida de su contrincante y dejando caer insinuaciones de falta de fair play sobre la otra candidata, aunque sin especificar más. Es decir, la técnica de tirar la piedra y esconder la mano.

Si hubiera que ubicar al presidente del PP en el partido, habría que situarlo a la derecha de toda la vida en el PP pese a que él se presentó como el representante de la “renovación”.

Una renovación que, con el paso de los meses, se fue transformando en una purga hacia todo el que oliera a marianismo, que ha ido sustituyendo por las personas más a la derecha en el partido. Por algo, Casado es una persona próxima al expresidente José María Aznar. El líder de los populares fue director de gabinete del expresidente entre 2009 y 2012 y lo ha rescatado en la campaña electoral para intentar recuperar a los antiguos votantes

Muchos han querido ver en Casado a la nueva figura del político neoliberal del siglo XXI, muy al estilo del presidente francés, Emmanuel Macron; muy al estilo también, aquí en España, del presidente de Ciudadanos, Albert Rivera. La representación de una derecha amable en apariencia pero dura en la defensa de unos férreos principios conservadores.

La entrada de Vox en el escenario político tras la irrupción en el Parlamento andaluz, que permitió con sus 12 diputados que PP y Ciudadanos gobiernen en coalición, ha dejado descolocada a la derecha y a los populares, en particular, con el pie cambiado.

«En el siglo XXI no puede estar de moda ser de izquierdas. Son unos carcas, están todos los días con la guerra del abuelo, con la fosa de nosequién, con la memoria histórica…”, decía Casado en 2015, cuando fue nombrado portavoz de campaña del PP.

En su intervención ya como líder del PP dejó estas otras frases que reflejan bien quién es este millennial: «Tenemos que conectar con la España de las banderas en los balcones«, es decir, la derecha pura y dura; «somos el partido de la vida y de la familia, sin complejos», es decir, la familia tradicional; «en Barcelona fuimos a la Policía a decirle que no tienen que pedir perdón por hacer lo que se les pidió, la defensa de la libertad y las garantías públicas», es decir, cargar contra los manifestantes; «somos el partido de las personas, de la libertad individual de las personas», es decir, el liberalismo puro y duro. O, como ha dicho él mismo «los principios de siempre defendidos como nunca».

El presidente del PP se marcó como objetivos, primero, recuperar la ilusión de los ciudadanos y los votos perdidos, y en segundo lugar, revalidar la victoria en las urnas. Algo que, según las encuestas , no sólo no se contempla, sino que además auguran un batacazo.