El movimiento contra las armas gana fuerza en Canadá
Foto: Dan Culberson| Reuters

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El movimiento contra las armas gana fuerza en Canadá

Dos tiroteos masivos en menos de un mes. El primero, el 22 de julio, terminó con la vida de dos personas; en el segundo, ocurrido este viernes, han muerto al menos cuatro personas. No se trata de Estados Unidos, donde es frecuente este tipo de sucesos, sino de su vecino del norte, Canadá.

por The Objective

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Dos graves incidentes con armas de fuego en poco más de dos semanas. El primero, el 23 de julio, terminó con la vida de dos personas; en el segundo, ocurrido este viernes, han muerto al menos cuatro personas. No se trata de Estados Unidos, donde es frecuente este tipo de sucesos, sino de su vecino del norte, Canadá.

El segundo de estos ataques es aún demasiado reciente, pero el primero ya provocó una oleada de indignación por todo el país. «Ahora tenemos un momento en el que puedes atraer la atención de la gente», ha dicho a The Atlantic la presidenta de la Coalición para el Control de Armas, Wendy Cukier. «El hecho de que el alcalde de Toronto, que fue el líder [de un partido conservador de centroderecha], esté pidiendo la prohibición de las armas está empezando a sugerir que quizás las líneas partidistas se están erosionando y que personas que en el pasado pueden no haber sido partidarios abiertos del control de armas ahora están hablando».

Segunda enmienda (EEUU): «Al ser necesaria una milicia bien regulada para la seguridad de un Estado libre, el derecho del pueblo a poseer y portar armas no ha de ser restringido»

Pero la situación de Canadá y de Estados Unidos en materia de armas es muy diferente a pesar de que ambos países son vecinos inmediatos. En Estados Unidos, el derecho a poseer armas está explícitamente amparado por la Bill of rights (Carta de derechos), un texto de 1791 que consta de 10 enmiendas a la Constitución y cuya segunda enmienda reza: «Al ser necesaria una milicia bien regulada para la seguridad de un Estado libre, el derecho del pueblo a poseer y portar armas no ha de ser restringido».

En Canadá, en cambio, no existe tal disposición. La posesión de armas por parte de los civiles no es un derecho (de hecho, el Tribunal Supremo canadiense ha dicho explícitamente que nadie tiene ese derecho), sino una excepción concedida únicamente a aquellos que hayan pasado por una serie de exámenes.

La diferencia entre ambos países queda patente a la hora de analizar las consecuencias. En una comparativa entre varios países realizada por el periódico estadounidense The New York Times, si todos los países del mundo tuvieran la misma población, en Estados Unidos morirían de media más de 26 personas al día y en Canadá, menos de cinco (para ponernos en contexto, en España, la cifra rondaría las dos muertes diarias). La comparación ilustra también que morir por un arma de fuego es tan probable como morir en un accidente de coche en Estados Unidos. En cambio, morir de un disparo en Canadá es tan probable como morir de sobredosis de alcohol en Estados Unidos (de nuevo, contexto: morir de un tiro en España es tan probable como morir por «exposición al calor natural excesivo» en Estados Unidos).

A pesar de situación privilegiada de la que disfruta Canadá en comparación con su vecino del sur, hay voces en el país que piden una legislación más restrictiva. «¿Por qué necesita nadie en esta ciudad un arma?», preguntó el alcalde de Toronto, John Tory, citado por el diario británico The Guardian, después del tiroteo que dejó dos muertos en julio. Pronunció esas palabras el día que el ayuntamiento decidió elevar una petición al Gobierno federal para que limite la posesión de armas.

La Coalición para el Control de Armas muestra cifras alarmantes: «Desde 2013 a 2016, los incidentes criminales con armas de fuego se incrementaron un 30%, los homicidios con armas aumentaron un 60% y la violencia de género y de la pareja con armas de fuegos también se incrementó un tercio. Y después de décadas de bajada, los ratios de suicidios con armas de fuego han crecido año tras año desde 2012». Por ello, la asociación, que cuenta con el respaldo de «más de 200 organizaciones de salud, de prevención del crimen, de víctimas, de vigilancia, de mujeres y asociaciones comunitarias», pide al Gobierno de Canadá que, entre otras medidas, «adopte un enfoque que priorice la seguridad pública y la prevención de la violencia, enfocado a la reducción del riesgo y del daño a los canadienses».