Los océanos, el vertedero donde van a parar los residuos de la COVID-19

Energía y Medioambiente

Los océanos, el vertedero donde van a parar los residuos de la COVID-19

Los océanos son los generadores de oxígeno del globo, produciendo entre el 50% y el 80% de la totalidad

por --na

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La mayor preocupación en estos momentos es la de vencer al coronavirus , evitando más muertes y supuestos rebrotes. Sin embargo, la otra cara, la de la carencia ambiental se ha visualizado en un primer plano. Aunque en estos meses de confinamiento, con una paralización en el uso del transporte y la actividad económica, la capa de ozono y la calidad del aire han mejorado, el uso masivo de guantes y mascarillas han supuesto un gran problema de contaminación que ha acabado en los mares de todo el mundo.

En el Día Internacional del Océano reflexionamos acerca de este tema de salud que compete a toda la sociedad. No podemos bajar la guardia y hacer una mala gestión del material sanitario. ¿Qué prima entonces? ¿La responsabilidad social o la salud?  ¿Acaso no pueden darse ambas?

Los microplásticos del mar acaban indirectamente en el organismo del ser humano

El estado de los ecosistemas marinos es un fiel reflejo de la salud y del modo de vida del ser humano. La cadena trófica marina se encuentra amenazada por los plásticos vertidos en los océanos con microplásticos que acaban en el organismo de la flora y fauna e, indirectamente, en el último eslabón de esta: las personas.

La investigadora del Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (ICMAN), Marta Sendra, ha estudiado el efecto de los microplásticos en organismos acuáticos. Este material cumple funciones de almacenamiento que han ayudado, por ejemplo, a conservación de alimentos. Pese a los beneficios, lo dañino prima en los productos sanitarios de un solo uso. «Aunque nosotros no los veamos no significa que hayan desaparecido. Estos guantes y mascarillas se irán transformándose en trocitos cada vez más pequeños hasta ser microplásticos y nanoplásticos», señala a The Objective la experta.

No hay que normalizar el plástico de usar y tirar. Tampoco no ser conscientes del ciclo de vida de este producto. Tras su utilización, el plástico pasa a mejor vida en tres emplazamientos: enterrados en vertederos municipales, quemados en una incineradora o arrojados al medioambiente. Por desgracia los niveles de contaminación son elevados y causan daños en la vegetación y animales, tanto terrestres como marinos. En este último se han originado basureros marinos como la llamada «sopa de plástico», la gran mancha de basura oceánica localizada en el centro del océano Pacífico Norte.

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Restos de mascarillas sanitarias acaban en los océanos. Opération Mer Propre

«El plástico está omnipresente en todos los ecosistemas marinos», explica a este periódico Julio Barea, responsable de Greenpeace en plásticos y doctor en Geología, apelando a la sociedad a que realicen un uso adecuado de los plásticos desechables. Estudios de esta ONG expresan que las mascarillas más finas y toallitas húmedas tardan aproximadamente unos «100 años en degradarse» y que su uso se ha disparado en un 49% desde el inicio de la pandemia. Sin contar, claro, con la degradación ambiental física y biológica de los nanoplásticos.

La Unión Europea decidió paliar el consumo de plástico el año pasado fijando, entre otros objetivos, con la no comercialización de productos de un solo uso como pajitas, cubiertos o bastoncillos y la búsqueda de alternativas asequibles para 2021. Antes de la llegada de la COVID-19, el ser humano «estaba ingiriendo cinco  gramos de plástico», añade Barea. Ahora, desde el principio del estado de alarma», se han adquirido «658 millones de mascarillas de protección finitas que, a dos gramos del aluminio que poseen arriba, supone que estamos generando unas 1.318 toneladas de residuos que no se están recogiendo«, detalla el investigador de Greenpeace.

Según la Organización de Naciones Unidas (ONU), unas 2.600 millones de personas dependen directamente del océano como fuente de alimentación. Para esta gran parte de la población mundial supone, de forma directa, acceder a la proteína animal como un nutriente esencial para el desarrollo. Un sustento contaminado por los plásticos vertidos en los mares de todo el globo.  El pulmón del planeta es adjudicado a los grandes bosques cuando, en realidad, los océanos son los verdaderos generadores de oxígeno, produciendo entre el 50% y el 80% de la totalidad mundial en datos de la Fundación Aquae.

La superficie del planeta está cubierta por agua en un 71% y, dentro de esta, solo un 2.5% es agua dulce. El 97.5% restante es agua repartida en archipiélagos, mares y océanos. Por ello, el buen uso en el ecosistema marino será determinante en el futuro cercano, para suavizar las consecuencias del vertedero marino y transmitir oxígeno a todo el globo.

Mascarillas reutilizables y conciencia ciudadana

Deshacerse de estos residuos de un solo uso implica una gran cantidad de energía, además de las emisiones contaminantes tras la incineración en los vertederos. El riesgo ambiental de la contaminación de plásticos en el fondo marino es acuciante. La nueva normalidad parece estar pasándole factura a estos paisajes naturales y a nivel individual. Un mal reciclaje de mascarillas y guantes provoca el abandono de estas en la interperie y, en consecuencia, la contaminación de espacios naturales marinos.

Una posible alternativa es la de fabricar o adquirir mascarillas reutilizables de tela o poliéster. El plástico de un solo uso debería estar regulado por una educación ambiental que, hasta ahora, es ínfima. Además, en palabras de la doctora Sendra, «se necesita de una financiación fuerte para aquellos grupos de investigación que proponen alternativas al plástico convencional mediante compuestos biodegradables».

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Conchas y mascarillas sanitarias en la orilla del mar. OceansAsia

Este civismo ambiental es una oportunidad para ayudar a la no degradación del fondo marino y resolver la problemática. Tras varios años en los que las distintas asociaciones y voluntarios han intentado paliar este deterioro, ahora es el momento de volver a tener conciencia sobre el cuidado de este ecosistema en el que la «basura plástica, ingestión, comportamiento, efectos fisiológicos, efectos a nivel celular y molecular», según la investigadora del ICMAN, suponen un paso atrás en la reducción del plástico marino.

En la teoría, las acciones de la sociedad para paliar la contaminación marina son sencillas. Primero, conocer el ciclo de vida de los productos y segundo hacer un buen uso del reciclaje y reducción en los productos sanitarios de un solo uso. Desde temprana edad, en los colegios, el reciclaje y el respeto por el medioambiente debería ser un tema a tratar. No es algo que la población vaya a aprender de la noche a la mañana, pero sí que se puede acercar y concienciar como un buen uso de este elemento puede frenar los detritos plásticos. Que la pandemia no transforma a aquella sociedad responsable, que ha permanecido en casa durante tres meses, a olvidarse sobre el cuidado del ecosistema marino. Si no, el disfrute de las playas tras el estado de alarma será en vano.