Los fantasmas de la rectoría Borley ¿leyenda o realidad?

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Los fantasmas de la rectoría Borley ¿leyenda o realidad?

La Rectoría de Borley fue originalmente un monasterio habitado por monjes Benedictinos. Allí, en el siglo XIII, cuentas las crónicas que un monje y una monja del convento de Bures, situado a 13 kilómetros de distancia, se enamoraron y dieron rienda suelta a sus sentimientos. Era una relación secreta por sus connotaciones pecaminosas a ojos de la Iglesia y de los feligreses de entonces. La pareja decidió que lo mejor era huir lejos de Borley a un lugar donde nadie les conociera para rehacer su vida como marido y mujer. Pero les detuvieron y mientras a él le ahorcaron a ella la emparedaron viva en los muros del monasterio. En ese lugar se edificó una mansión que pasó a la historia de los anales de lo paranormal como la rectoría Borley, la «casa más encantada de Inglaterra».

por Marta Ruiz-Castillo

¿Existen los fantasmas? De ser así, ¿son almas en pena que no acaban de encontrar la paz, como apuntan algunas teorías de expertos en el más allá? ¿O es todo producto de la imaginación de personas de carne y hueso que viven en el más acá? Hay tantas teorías a favor como en contra de estos fenómenos llamados paranormales que incluyen, desde apariciones de supuestos seres incorpóreos capaces de atravesar paredes y andar sin tocar el suelo, hasta ruidos inexplicables de pisadas, risas y gritos que parecen llegar de una cuarta, quinta e incluso sexta dimensión, pasando por crípticos mensajes escritos por supuestos entes que quieren contactar con nosotros para advertirnos de algo o simplemente para que les dejemos en paz.

En todas partes cuecen habas. Y en esto de los espíritus no hay país que no tenga los suyos, historias que se han convertido en leyendas o leyendas que se han convertido en historias, que han pasado de generación en generación. Pero si hay un lugar en el mundo donde los fantasmas forman parte, poco menos que del paisaje, ese es Reino Unido.

El 39% de los británicos cree en casas encantadas, el 34% admite la existencia de fantasmas, el 28% asegura haber sentido la presencia de un ser sobrenatural y un 9% reconoce haberse comunicado con los muertos. Estas son las conclusiones de una encuesta de YouGob encargada por el diario The Sun en 2014 para conocer el porcentaje de ciudadanos británicos que creía en lo paranormal. No es de extrañar, por lo tanto, que sea en el reino de Albion donde se encuentren los más famosos casos de espíritus y, entre ellos, destaca la rectoría Borley, considerada “la casa más encantada de Inglaterra”.

Esta mansión victoriana sirvió de vivienda a los diferentes párrocos o rectores de Borley y, ya desde el primer momento, se sucedieron hechos inexplicables e incluso aterradores. Situada en el condado de Essex lindando con Suffolk, en la actualidad no es fácil encontrar los terrenos donde se edificó en la segunda mitad del siglo XIX a menos que se conozca bien la zona. La iglesia y una veintena de casas son todo lo que queda en la localidad de Borley.

Iglesia y cementerio de Borley en la actualidad.

Iglesia y cementerio de Borley en la actualidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Trágica historia de amor

La rectoría Borley fue originalmente un monasterio habitado por monjes Benedictinos. Allí, en el siglo XIII, cuentan las crónicas que un monje y una monja del convento de Bures, situado a 13 kilómetros de distancia, se enamoraron y dieron rienda suelta a sus sentimientos. Era una relación secreta por sus connotaciones pecaminosas a ojos de la Iglesia y de los feligreses de entonces. La pareja consideró que lo mejor era huir lejos de Borley a un lugar donde nadie les conociera para rehacer su vida como marido y mujer. Así que, en plena noche cerrada quedaron fuera de los muros del monasterio y se subieron a una carroza guiada por un cochero, dispuestos a dejar atrás sus respectivas vidas monacales. Pero la huida de los amantes apenas tuvo recorrido, pues al poco de iniciar su aventura por los estrechos caminos de la campiña inglesa fueron apresados. Las autoridades decidieron que debían pagar con la vida tal sacrilegio. A él lo ahorcaron y ella se llevó la peor parte porque fue emparedada viva en un muro del monasterio. También ahorcaron al pobre cochero, se supone que por cómplice.

El castigo para los amantes no se hizo esperar. El monje fue ahorcado y ella emparedada viva dentro de los muros del monasterio

Pasaron los años sin que se tenga constancia de que se repitiera algún intento de huida similar y cuatro siglos después, el monasterio que había dejado de serlo, fue adquirido por la familia Waldegrave que ocupó las instalaciones durante 300 años. Un descendiente de esta acaudalada familia, el reverendo Henry Foster Bull hizo edificar en 1863 una mansión de ladrillo rojo, con dos plantas y 23 habitaciones, sobre el lugar donde había estado el monasterio.

A partir de ese momento comenzaron a ocurrir sucesos inexplicables, ruidos que parecían provenir de otro mundo, imágenes fantasmagóricas. El propio reverendo, que murió en la casa, llegó a admitir que la vivienda estaba encantada. Durante los 65 años en los que la familia Bull estuvo en la rectoría se produjeron todo tipo de hechos misteriosos corroborados por los lugareños. No parece, sin embargo, que los fenómenos fueran tan alarmantes como para abandonar el lugar, ya que la familia Bull permaneció en ella entre 1864 y 1927.

En 1929, otro párroco, Eric Smith, se instaló en la rectoría con su familia. Su mujer encontró en un armario un cráneo humano y parece que aquello desencadenó todo tipo de fuerzas malignas y extraños sucesos como el tintineo de campanillas y timbres que sonaban sin que nadie los tocara, el deambular de una figura vestida de monja por el jardín, movimiento de objetos, sonidos de pisadas en las habitaciones, llaves de puertas que saltaban de las cerraduras, piedras que volaban desde el tejado e incluso gritos desgarradores y el paso de carruajes inexistentes por los alrededores del lugar. La propia señora Smith contó que, en una ocasión, un ente la encerró en su dormitorio y que, en varias ocasiones, la había lanzado contra la cama con gran violencia. Además, aparecieron en las paredes del edificio unos misteriosos mensajes.

Sin duda, la situación era insostenible y el rector pidió ayuda al Daily Mail que publicó en primera página el 10 de julio: “Figuras fantasmales de cocheros decapitados, una monja, una carroza tirada por dos caballos que aparecía y desaparecía misteriosamente, pisadas en habitaciones vacías…”. La noticia la firmaba el periodista V.C. Wall y causó tal sensación en todo el país que el editor del periódico optó por contactar con la Society Psychal Research (Sociedad para la Investigación Psíquica).

 

“Figuras fantasmales de cocheros decapitados, una monja, una carroza tirada por dos caballos que aparecía y desaparecía misteriosamente, pisadas en habitaciones vacías», publicó el Daily Mail

 

El primer cazafantasmas contemporáneo

La Sociedad envió al conocido parapsicólogo Harry Price hasta la localidad de Borley. Considerado el primer cazafantasmas de la historia contemporánea, fue miembro de la citada Sociedad y fundador de la National Library of Psychal Research (Librería Nacional de Investigación Psíquica) dependiente de la Universidad de Londres. Desde la temprana edad de los 15 años se interesó por los fenómenos extraños que, como es sabido, en Reino Unido forman parte casi del día a día en numerosos lugares. Su interés le llevó a especializarse en parapsicología.

 

Harry Price.

Harry Price.

Con su llegada a Borley los sucesos se multiplicaron, provocando ciertas suspicacias entre la población sobre la autenticidad de los hechos paranormales que, según Price, se producían en la mansión y los alrededores. A los pocos días de llegar organizó una sesión de espiritismo en la que participaron además de él, el reverendo Smith, su esposa y una médium. Quien les llegó del más allá fue el espíritu de Henry Bull, que les contó la historia del monasterio y el dramático final de los amantes. Poco después, la familia Smith abandonó la rectoría encantada y el propio Price también se vio obligado a marcharse ante los hechos cada vez más violentos que se producían en el interior de la mansión.

Apenas había transcurrido un año cuando se instaló en la casa el reverendo Lyonel Foyster, primo del fallecido Bull, y su mujer Marianne. Al principio, todo fue bien, pero a los pocos meses comenzaron a sucederse todo tipo de situaciones extrañas con ruidos de cadenas, timbres, y mensajes en las paredes (“Por favor ayuda…Marianne”, “No puedo entender, dime más”). El clérigo llamó a Price que acudió con todo tipo de artilugios para tratar de captar sonidos e imágenes procedentes de otra dimensión.  Los mensajes en las paredes se habían multiplicado y eran cada vez más aterradores, incluso alguno profético que decía:.“Esta casa será pasto de las llamas”. La salud de Marianne, como no podía ser de otro modo, se resintió y la familia optó por hacer las maletas y marcharse de allí en 1936.

Marianne, la mujer del reverendo Foyster durante su época en  Borley.

Marianne, mujer del reverendo Foyster.

Mensajes aparecidos en las paredes de la rectoría.

Mensajes aparecidos en las paredes de la rectoría.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las investigaciones de Price en la rectoría se reanudaron en mayo de 1937 cuando decidió alquilar la casa que seguía vacía. Para ello, publicó un anuncio en The Times pidiendo 48 colaboradores para trabajar con él durante un año y medio. “Se buscan personas responsables, inteligentes, intrépidas, críticas e imparciales para realizar turnos de observaciones en una casa. Si no saben nada sobre investigación psíquica, mejor”, decía el insólito anuncio. Price aseguró que aquellas investigaciones le habían permitido demostrar que el lugar estaba encantando, que él mismo había visto el fantasma de la monja y había experimentado situaciones inexplicables. El famoso parapsicólogo y sus colaboradores vivieron en la casa hasta finales de 1938, un año y medio, en el que fueron testigos de todo tipo de fenómenos.

Se buscan personas responsables, inteligentes, intrépidas, críticas e imparciales para realizar turnos de observaciones en una casa. Si no saben nada sobre investigación psíquica, mejor

La rectoría volvió a ser ocupada a comienzos de 1939 por la familia del capitán W. H. Gregson, quien en la tarde del 27 de febrero de ese año, mientras se encontraba leyendo en la biblioteca, una lámpara de aceita cayó de repente al suelo, provocando un fuego que se extendió rápidamente por la estancia y acabó arrasando el resto de la casa. Durante las posteriores obras de demolición de lo que quedaba de la rectoría, los obreros encontraron restos humanos, se supone que de la monja emparedada, y aseguraron haber visto “algo” y sentir “cosas extrañas”. Tras dar sepultura a los restos óseos, Harry Price escribió dos libros sobre sus investigaciones en la Rectoría de Borley, el primero La casa más encantada de Inglaterra (‘The most haunted house un England’, 1940) y el segundo El fin de la Rectoría Borley (‘The end of Borley rectory’) que se publicó en 1945, tres años después de su muerte.

Estado en que quedó la rectoría tras el incendio en 1939.

Estado en que quedó la rectoría tras el incendio en 1939.

Han pasado más de 60 años desde la desaparición de la rectoría, pero el lugar sigue siendo objeto de visitas y cada año, el 28 de julio, la policía local tiene que reforzar su presencia en las inmediaciones ante la avalancha de curiosos que se acercan para ver deambular al fantasma de la monja que, según la leyenda, se deja ver en esa fecha entre la vegetación del recinto donde ocho siglos atrás fue asesinada ¿Y por qué el 28 de julio? Pues porque, precisamente fue ese día pero de 1900, cuando las cuatro hijas del entonces párroco, Henry Bull, vieron el fantasma de una monja durante el atardecer, a menos de 40 metros de la casa; trataron de hablar con el ente pero, según se acercaron, la figura desapareció.

La revisión del caso

En 1956, Charles Hope y Henry Douglas, ambos de la Sociedad a la que había pertenecido Price, después de cinco años de investigaciones, publicaron El encantamiento de la rectoría Borley (‘The haunting of Borley rectory’) en el que pusieron en evidencia los trabajos de Price, al que acusaban de haber falseado los sucesos paranormales. Sin embargo, con posterioridad, se han realizado otras investigaciones que avalan las experiencias contadas por Price. Destaca la realizada en 1974 por un equipo dirigido por Ronal R. Russel del Grupo de Investigaciones Parapsicológicas de Enfield, en la iglesia de Borley. Los investigadores concluyeron que seguían produciéndose fenómenos extraños, “torbellinos de energía en el sepulcro de Waldegrave», cientos de ruidos extraordinarios, golpes, pisadas.

La tumba de la familia Waldegrave en la iglesia de Borley.

La tumba de la familia Waldegrave en la iglesia de Borley.