Las recetas mortales contra el ébola
Foto: Un Investigador

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Las recetas mortales contra el ébola

<p>Curanderos, pol&iacute;ticos, medios de comunicaci&oacute;n, y l&iacute;deres de diversos sectores de la sociedad africana son responsables indirectos de la propagaci&oacute;n del &eacute;bola. <a href="http://iipdigital.usembassy.gov/st/english/texttrans/2014/08/20140812305460.html?CP.rss=true#ixzz3AGdTL3WY " target="_blank">El Departamento de Estados de EEUU est&aacute; haciendo un esfuerzo extra de comunicaci&oacute;n</a> por conseguir ganarse el cr&eacute;dito de los ciudadanos de los pa&iacute;ses m&aacute;s afectados, despu&eacute;s de que algunas personalidades les acusaran de inventar &ldquo;la mentira del &eacute;bola&rdquo;. El objetivo, igual que el de la OMS, es lograr concienciar a los africanos de la necesidad de prevenci&oacute;n b&aacute;sica, y de que muchos ritos funerarios tribales se encuentran detr&aacute;s de la propagaci&oacute;n del &eacute;bola.</p>

por The Objective

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La credibilidad es la primera batalla a ganar por los equipos sanitarios que luchar por controlar la propagación del ébola (John Moore/Getty Images)

“Vienen a robar nuestro dinero. No hay ébola”. El comentario se escuchaba hace sólo unas semanas en las principales emisoras de radio en Liberia, en alusión a lo que Estados Unidos calculaba que costaría frenar la enfermedad en el país. Durante meses el grito más extendido en las calles ha sido “no hay ébola”, como si todo fuera “una gran mentira”. Eso explica la campaña sin precedentes del Gobierno de Obama para ganar credibilidad, materializada en la “Hoja de Respuesta al Virus Ébola”.

Ahora, muchas muertes después, en las calles de Liberia lo que más se escucha es “no me toques”, la recomendación número uno para prevenir contagios. Algo estaba cambiando. Al menos hasta este sábado, donde la realidad de fondo volvió a emerger con trágicas consecuencias.

En la comunidad de West Point, en Monrovia, un centro de aislamiento de enfermos en cuarentena ha sido atacada. Se trata de una escuela que ha sido habilitada por el Ministerio de Salud para aislar a los enfermos o sospechosos de portar el ébola. Los conflictos comenzaron el pasado viernes, cuando una mujer que llevaba comida a su marido y su hijo, ambos enfermos de ébola y en cuarentena en este lugar, se enfadó con el personal del centro que no impidió la entrada. Regresó poco después acompañada de algunos vecinos que asaltaron el centro logrando la huida de ambos enfermos.

Tan sólo unas horas después, tras el anuncio de que el gobierno planeaba declarar en cuarentena a todo West Point –viven en el lugar cerca de 75.000 personas-, para evitar desplazamientos, se produjo el asalto definitivo al centro. Cientos de vecinos irrumpieron a la fuerza en el mismo en la noche del sábado, según informa Front Page Africa, liberando a los 17 enfermos que todavía quedaban dentro –nueve de los pacientes habían fallecido en los últimos días-.

Los asaltantes tomaron el centro de prevención coreando consignas como “No hay ébola” y contra la presidenta acusándola de mentir sobre la enfermedad para conseguir dinero: “Ellen broke, she want more money”. La policía, con disparos al aire, trató en vano de dispersar a los asaltantes que llegaron a liberar una de las salas de cuarentena.

La difusión de la noticia de la cuarentena ha provocado el rechazo total de los residentes a cualquier medida organizada de prevención, y una creciente mayoría de los habitantes del lugar se concentran negando la enfermedad y amenazando con una violenta resistencia contra el aislamiento previsto por el Gobierno para contener la enfermedad.

El choque cultural

La Embajada de Estados Unidos en Liberia está desarrollando una intensa labor de apoyo al Gobierno para tratar de controlar el brote. El pasado 14 de agosto lanzaron en varios formatos un video elaborado por la Mandela Washington Fellowship -un intento de Barack Obama por potenciar la formación de la próxima generaciones de líderes africanos- que se ha distribuido por todo el país, llegando también a otros lugares muy afectados por la crisis como Sierra Leona y Guinea.

“Reconocemos la rápida propagación del virus ébola en nuestros respectivos países”, afirma en el vídeo Zainab Ferrach, representante de la Mandela Washington Fellowship. “Hacemos un llamamiento a todos los ciudadanos a ayudarnos unos a otros en la instrucción sobre los síntomas y la prevención y control del virus. Por favor ayuda a salvar vidas de personas inocentes”, concluye Ferrach.

A continuación, un cuadro con instrucciones muy precisas como “si tiene fiebre repentina, diarrea, o vómitos, vaya al centro de salud más cercano”, “la gente que va pronto al centro de salud tiene más posibilidades de sobrevivir”, o “el ébola no puede viajar por el aire. Si no hay fiebre, no hay ébola”. Concluye la campaña con la firma del “United States Centers for Disease Control and Prevention”.

“La mayoría de las infecciones de ébola están ligadas a prácticas funerarias o al cuidado sin protección de una persona con síntomas de estar infectada”, afirmaba el pasado 15 de agosto la OMS: “Algunas creencias religiosas requieren lavar que el cadáver sea lavado. Como el nivel del virus ébola es más alto en un cuerpo muerto, ésta es la más alta fuente de transmisión”.

No es una advertencia sin importancia. Gran parte de los rituales tribales africanos requieren la manipulación del cadáver por numerosas personas. “Las poblaciones afectadas no saben cómo se propaga el virus, por lo que aún están llevando a cabo sus ritos funerarios, besando y abrazando cadáveres, como hicieron nuestros antepasados durante la epidemia de cólera que asoló Europa en el siglo XIX”, explica Patrick Zylberman, experto en Historia de la Salud. “Además, no se fían de los médicos en sus propios países”, “apedrean a los médicos, o creen que los van a secuestrar y a matar”. “La confianza es un elemento muy importante”, concluye.

Las puertas del Redemption Hospital se han cerrado después de ocupar un papel destacado en el tratamiento de enfermos desde el comienzo del brote. Los médicos no soportan más la presión y temen por su vida. Algunos han muerto de ébola, otros han huido, y los que quedan no se atreven a denunciar las carencias médicas básicas que están impidiendo que funcione con normalidad. Pero no sólo han decidido cerrar su puertas por la falta de medios, sino que denuncian que, tras la muerte de una mujer embarazada, fueron apedreados por ciudadanos enfadados. “Dijeron que la mujer no murió de ébola pero que estamos en una sociedad en la que los médicos están extrayendo riñones y probando medicamentos”, explica uno de los representantes de los trabajadores del hospital.

Tres termómetros para miles

El Gobierno de Liberia está tratando de controlar la temperatura de sus ciudadanos en los ocho condados en los que se considera que se encuentran mayor número de infectados que no lo saben, o que permanecen ocultos por sus familias. Sin embargo las medidas de control sólo han incrementado la desconfianza de los ciudadanos hacia su Gobierno y el caos general. La polémica surgió esta vez cuando un diario local desveló que en el anunciado “proceso de control” las enfermeras están empleando los “tres mismos termómetros” sobre “miles de personas”.

“¿El ministerio de salud quiere prevenir el ébola o expandirlo?”, se pregunta Benedict Saingbe, de la Universidad de Liberia, “si el Gobierno no puede permitirse termómetros, dejen solo al pueblo liberiano antes de infectar a más personas”.

“Hemos venido a cerrar el periódico”

Por otra parte, ni el “Estado de Emergencia”, la proximidad de dos citas electorales, y el nerviosismo del Gobierno de Liberia no contribuyen a trasladar la paz necesaria para afrontar la crisis. Informar sobre negligencias –como la citada anteriormente sobre los termómetros- o denunciar corrupción en el ejecutivo puede saldarse ahora con el cierre del diario.

Eso ocurrió el pasado jueves 14 de agosto en el diario National Chronicle, cuando decenas de agentes rodearon las oficinas del diario en busca del editor Philipbert Browne, al grito de “No hemos venido a hacer daño a la gente. Sólo venimos a cerrar el periódico.

Aunque no se han dado razones oficiales sobre el cierre, que provocó disturbios y manifestaciones a favor de la libertad de prensa en las inmediaciones del diario, la asociaciones de medios de Liberia están convencidos de que está relacionado con las críticas a la gestión de la crisis del ébola, y con una serie de artículos publicados por el Chronicle sobre la corrupción del gobierno de Ellen Johnson Sirleaf, con motivo de la visita oficial del vicepresidente del país a Barack Obama.

Curanderos, brujos y milagros

Curanderos y chamanes, epicentro de la tradición africana, suponen hoy un gravísimo inconveniente para frenar las enfermedades mortales, y especialmente una epidemia como la del ébola. Sumidos en legendarias tradiciones y seguidos en masa un muchos de los países más afectados, sus recetas y creencias suponen un grave riesgo para la salud, y resultan sencillamente irrelevantes en el mejor de los casos.

Al comienzo del brote, la enfermedad se propagó velozmente por los bosques de Guinea, donde a los enfermos se consideraban víctimas de ataques espirituales y se ponían en manos de curanderos locales que transmitieron de persona a persona el ébola. Lo mismo ocurrió en marzo en Guinea cuando la campaña para que la gente dejara de consumir el murciélago de la fruta y otros animales silvestres, como posibles transmisores, obtuvo el rechazo generalizado: “llevamos siglos comiendo lo que cazamos sin ningún problema”, argumentaban. Además, acusaron a las autoridades y grupos de ayuda de prohibir las tradiciones del pueblo.

Situación muy parecida se dio en remotas zonas rurales de Sierra Leona, donde varios médicos británicos aseguraron que la creencia en la brujería estaba obstaculizando la solución al problema. Los enfermos y sus familiares atribuyen el ébola a la brujería y buscan en sus hechiceros la solución, sin atender a los voluntarios o a los médicos. Sencillamente, creen que el ébola como enfermedad no existe.

Los propios curanderos –sobre los que ahora se está realizando una intensa campaña didáctica para intentar que cooperen con los médicos- se han ido convirtiendo en transmisores de la enfermedad. Es paradigmático el caso de la curandera que hacía besar serpientes a los pacientes del ébola, relatado en un reportaje anterior de Investigations.

Algunos de los remedios milagrosos se han propagado a través de Internet o de periódicos, como el nigeriano The Sun, que difundió que se había encontrado una planta para detener el virus. El rumor procedía de un viejo reportaje de la BBC de 1998 que señalaba que los investigadores estaban indagando en el posible beneficio de la nuez de cola para acabar con el ébola, algo que posteriormente desmintieron. En Nigeria, diferentes redes expandieron el rumor de que los baños en agua con sal antes de la amanecer era un tratamiento eficaz.

Desde Africa Check denuncian que “hasta ahora, no se conoce ninguna cura para el virus, y las curas que se anuncian online y en los periódicos no son más que patrañas crueles e inmorales”.

No tan contagiosa

“El Ebola no tiene tratamiento y su mortalidad es muy elevada”, explica a Investigations el doctor Rafael Timermans, “pero lo peor es que los síntomas iniciales son muy parecidos a los de un catarro o la gripe. Y desde ese momento se empieza a ser contagioso. ¿Cómo detenemos y ponemos en cuarentena a todo el que tenga algo de fiebre, dolor de garganta, malestar general?”.

“Desde el punto de vista médico era mucho más peligrosa la Pandemia de Gripe, si llega a ser mortal. La transmisión de la gripe es por la saliva, las manos, hablando delante de alguien. Fue pandemia, se contagiaron decenas de millones de personas pero hubo suerte y murieron pocos a consecuencia de ella”, recuerda. “El ébola es difícil de contagiar, hace falta que la sangre o los fluidos de un enfermo se pongan en contacto con una mucosa nuestra (boca, nariz, ojos), una herida abierta… Podríamos equipararla a la Hepatitis B. No es tan fácil su transmisión, pero si no te proteges bien ante alguien enfermo puedes contagiarte”.

La resistencia a ser tratados de muchos africanos, especialmente en remotas zonas rurales, tiene un componente sociológico. “De repente llegan europeos con vestidos de astronautas y encierran en lugares inmundos a todos los que han tenido contacto con personas infectadas”, razona Timermans, “y no les dejan salir a trabajar, a volver con sus familias. Y no les dan tratamiento alguno. ¿Cómo creerles?”.

“Los occidentales con su prepotencia, sus aparatos, sus trajes, sus creencias no les dejan despedir a sus muertos según las creencias de sus padres. ¿Cómo hacerles caso? ¿No sospecharán que en realidad es una enfermedad que han traído los propios occidentales para robarles lo que les queda?”, concluye el doctor, señalando exactamente al punto de conflicto en el que ahora mismo se encuentran los gobiernos afectados: la urgencia de ganarse la credibilidad de los enfermos y sus familias, y de toda la población afectada.