Las mil caras del Palacio de la Prensa

Cultura

Las mil caras del Palacio de la Prensa

Es uno de los grandes emblemas de la Gran Vía madrileña, un edificio que ha sido testigo de la vida -diurna y nocturna- de gatos y foráneos durante casi 90 años. Ahora, el Palacio de la Prensa ha sido declarado Bien de Interés Patrimonial por la Comunidad de Madrid. El inmueble, situado en el Times Square madrileño, la Plaza de Callao, merece tal honor por “sus características arquitectónicas, por su escala, su vocación monumental y por su protagonismo en la escena urbana”, según la institución presidida por Cristina Cifuentes.

por Cecilia de la Serna

Es uno de los grandes emblemas de la Gran Vía madrileña, un edificio que ha sido testigo de la vida -diurna y nocturna- de gatos y foráneos durante casi noventa años. Ahora, el Palacio de la Prensa ha sido declarado Bien de Interés Patrimonial por la Comunidad de Madrid. El inmueble, situado en el Times Square madrileño, la Plaza de Callao, merece tal honor por “sus características arquitectónicas, por su escala, su vocación monumental y por su protagonismo en la escena urbana”, según la institución presidida por Cristina Cifuentes.

 

Su altura, de 58 metros, y sus 16 plantas le llegan a valer el título de edificio más alto de la capital 

La historia del Palacio de la Prensa echa a andar en los años veinte del siglo pasado, cuando la Asociación de la Prensa de Madrid encarga su construcción (de ahí su nombre). Su creador, Pedro Muguruza Otaño, un reconocido arquitecto español que por aquel entonces empieza dar sus primeros pasos. Tras cuatro años de construcción y una inversión de ocho millones de pesetas de las de entonces, el Palacio de la Prensa es finalmente inaugurado el 7 de abril de 1930 por el rey Alfonso XIII en compañía del general Dámaso Berenguer, el dictador que sucedió a Primo de Rivera. Su altura, de 58 metros, y sus 16 plantas le llegan a valer el título de edificio más alto de la capital hasta la llegada del Edificio Telefónica, también residente en la Gran Vía. Para la época, el Palacio de la Prensa era el paradigma de autoridad, uno de los primeros rascacielos de Madrid.

 

Su verdadero interés reside en lo que han albergado sus “cuatro paredes”

Aunque el valor del Palacio de la Prensa es también arquitectónico -es una joya inconfundible del clasicismo moderno de esta arteria madrileña-, su verdadero interés reside en lo que han albergado sus “cuatro paredes”. Llegó a acoger varias publicaciones de renombre. Por ejemplo, en los años cuarenta, allí tuvo su sede la redacción de La Codorniz, la revista satírica por excelencia en España durante la época del franquismo. El Palacio de la Prensa ha acogido también las oficinas y salones de la Asociación de la Prensa de Madrid, quien encargó su construcción.

El Palacio de la Prensa retratado en los años ochenta. (Foto: EFE / EFE)

El Palacio de la Prensa retratado en los años ochenta. (Foto: EFE / EFE)

Más allá del periodismo, el Palacio de la Prensa ha sido una auténtica coctelera cultural en la capital. Sus locales de ocio y espectáculos son prueba de ello, y también sus salas de cine. Además, una curiosidad que pocos conocen: sirvió como plató cinematográfico para una de las primeras cintas del gran Edgar Neville, Yo quiero que me lleven a Hollywood (1931). Como gran colofón al significado de la vida cultural no sólo local, sino nacional, el Palacio de la Prensa albergó los locales de ensayo de la compañía teatral fundada por Federico García Lorca, La Barraca.

En lo político, el Palacio de la Prensa también ha tenido su protagonismo. Fue sede del Partido Socialista de Madrid entre 2009 y 2015. Sus oficinas fueron testigos de la polémica que rodeó al PSOE de Pedro Sánchez y al PSM de Tomás Gómez, al que le impidieron entrar en su propio despacho cambiando la cerradura.

Desde luego, las historias que podrían relatar sus paredes son infinitas. El aura de sus pasillos recuerda a una novela negra ambientada en los años veinte. Ahora, el Palacio de la Prensa pertenece no sólo al skyline de la capital, sino al Patrimonio de todos los madrileños.