Joyce, víctima de la mutilación genital femenina: "Pensé que me moría"
Foto: Ayuda en Acción

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Joyce, víctima de la mutilación genital femenina: "Pensé que me moría"

En la actualidad, se calcula que tres millones de niñas son sometidas cada año a la mutilación genial femenina en algún país del mundo

por Lidia Ramírez


Por qué esto es importante: la mutilación genital femenina (MGF) está reconocida como una violación de los derechos humanos de las mujeres y niñas. Una práctica ancestral que cada año sufren tres millones de niñas. En España unas 18.400 niñas menores de 14 años están en riesgo de sufrir mutilación genital femenina.


«Decidí mutilarme y cometí un error. Pensé que me moría por la hemorragia que sufrí. La mutilación genital femenina (MGF) me provocó muchos problemas en el cuerpo que se complicaron aún más cuando tuve hijos», es la declaración de Joyce, una joven keniata cuyo testimonio recoge la ONG Ayuda en Acción. Joyce tenía sólo 16 cuando se sometió a la ablación por la «presión de la iglesia y de la comunidad» en la que vive. Ahora, alza la voz para que las niñas conozcan los riesgos reales de someterse a la MGF y asegura que «muchas chicas sufren la mutilación porque los padres no entienden el valor de decir ‘no'» a esta práctica que a corto plazo puede provocar dolor intenso, infecciones, hemorragias y dificultades para orinar y defecar; y a largo plazo traumas psicológicos, dolores menstruales, infecciones renales, dolor en las relaciones sexuales y ausencia del deseo y de la satisfacción sexual, e incluso la muerte.

A pesar de que la mutilación en Kenia está prohibida por ley desde 2011, la prevalencia es del 21% en el caso de las mujeres y niñas de entre 15 y 49 años; y del 3% en las menores de 0 a 4 años. Y en este contexto, Naciones Unidas advierte en un informe: “si los esfuerzos por eliminar la mutilación genital femenina no progresan a un ritmo más rápido que el registrado en los tres últimos decenios, el número de niñas y mujeres que sufren mutilación genital femenina seguirá aumentando y la reducción de la prevalencia mundial será eclipsada por el crecimiento general de la población en los países en los que existe esta práctica”.

Joyce, víctima de la mutilación genital femenina: "Decidí mutilarme y cometí un error, pensé que me moría"

Foto: Ayuda en Acción

Y es que aunque la eliminación de la ablación se encuentra entre los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, se prevé que para 2030 el número de víctimas anuales supere los cuatro millones y medio, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). En la actualidad, se calcula que tres millones de niñas la sufren cada año en alguno de los 30 países de África, Oriente Medio y Asia donde se lleva a cabo: Somalia (98%), Guinea (97%), Djibouti (93%) y Egipto (87%) son los países con la prevalencia más alta entre niñas y mujeres. Sin embargo, no hay que olvidar que se trata de un problema universal que también existe en algunos países asiáticos como India, Indonesia, Iraq y Paquistán, así como entre algunas comunidades indígenas de Latinoamérica. También persiste en las poblaciones emigrantes que viven en Europa Occidental, Norte América, Australia y Nueva Zelanda. En España, según datos de 2016, unas 18.400 niñas menores de 14 años están en riesgo de sufrir mutilación genital femenina; además se estima que 200 millones de mujeres en todo el mundo han sido sometidas a esta práctica que supone una violación de los derechos humanos y causa graves daños físicos y psicológicos que pueden incluso provocar la muerte

Matrimonio forzoso y abandono escolar

La MGF tiene como objetivo la sumisión absoluta de la mujer al hombre, se considera una forma extrema de violencia de género y está directamente relacionada con el matrimonio forzoso y el abandono escolar. Se realiza en la infancia, en algún momento entre la lactancia y los 15 años, cuando se considera que la niña está preparada para el matrimonio. Es el caso de Lucy, una mujer keniata que fue mutilada en la adolescencia y obligada a casarse con un hombre mayor por un puñado de vacas. «Antes de casarme me mutilaron, aún era una niña. Un día un hombre llegó a casa y prometió cuidar de mí. Recuerdo que sufrí mucho, no había nadie conmigo, nadie me advirtió de los peligros. Ninguna persona debería sufrir la mutilación». Y es que Lucy no tuvo muchas opciones, porque si las menores no aceptan ser mutiladas, en la mayoría de los casos, son rechazadas y tratadas como indeseables, expulsadas de su hogar paterno y abandonadas.

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Lucy durante un momento de la entrevista. | Foto: Ayuda en Acción

Y es que a pesar de que esta práctica viola los derechos humanos, el momento de la MGF se celebra en muchas comunidades como una fiesta familiar para conmemorar su paso a la edad adulta. «En esta ceremonia se invita a la familia y amigos a compartir este ritual y se festeja con comida, bebida, cánticos y bailes. Si se ha portado bien durante la mutilación, la menor recibe además regalos por su ‘adquirida’ madurez, como ropa, productos de limpieza, bolsos o cajas para guardar sus pertenencias», informa Ayuda en Acción.

La educación para combatir la MGF

La ablación genital tiene su origen ancestral en una serie de factores socioculturales y económicos. Desde las ONG defienden que la herramienta más poderosa para combatir esta práctica es la educación. «La educación y la sensibilización son las herramientas de cambio. Cualquier cambio se consigue así, no con una ley, la ley da miedo«, cuenta a The Objective Hodan, portavoz de Médicos del Mundo, que se encuentra concentrada con un puñado de mujeres que han convocado una batucada para alzar la voz contra la MGF. «Los países de origen están creando leyes, pero una ley no vale de nada sin trabajo solidario, educación y concienciación», y se pregunta: «¿De qué vale una ley en un país cuando algunas personas en su pueblo no saben ni quién es su presidente? La ley es la cultura«, concluye.

Joyce, víctima de la mutilación genital femenina: "Pensé que me moría"

Batucada contra la Mutilación Genital Femenina en Puerta del Sol de Madrid. | Foto: Carola Melguizo | The Objective

Por otro lado, desde Ayuda en Acción informan como impulsan campañas de sensibilización en 82 centros educativos pertenecientes a las zonas de Tharaka, Abakuri y Tangulbei, donde solo entre un 20% y un 30% de las niñas consigue ir a la escuela y el resto son obligadas a trabajar ayudando a la familia con el ganado las 24 horas del día llegando a ser incluso retenidas en el momento que tienen la regla.

«El reto está en las niñas que por si mismas deciden ser mutiladas», cuenta Mary Icuña, profesora en Kenia. «Tenemos programas de educación para enseñarles que es la MGF y por qué debemos pararla», agrega. Uno de esos programas son los clubes anti ablación. Formados por estudiantes y educadores que se encargan de promover un cambio positivo en la mentalidad de los miembros de la comunidad, explican las graves consecuencias de la mutilación y la importancia de la educación para las niñas. Y es que según sigue relatando la profesora, «las niñas que son sometidas a la ablación nunca terminan sus estudios».

Declaración similar es el contado por Wan Gantende, también profesora en el país africano. «Antes los padres no pensaban en la educación, sólo pensaban en casar a las niña. Hoy las cosas ya no son así. Las chicas comienzan a tener prioridad, comienzan a pronunciarse y a decidir qué quieren hacer en sus vidas. La clave es la educación».