Enrique Moradiellos, historiador: "Recordar a los muertos es recordar a los verdugos una y otra vez"
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Política y Conflictos

Enrique Moradiellos, historiador: "Recordar a los muertos es recordar a los verdugos una y otra vez"

El libro 'Franco. Anatomía de un dictador', de Enrique Moradiellos no es una biografía al uso, es algo más ligero pero no simplista cuya publicación ha coincidido con la polémica sobre la exhumación de los restos del dictador y la reforma de la Ley de Memoria Histórica. Un debate que ha reavivado la división entre las dos Españas.

por Marta Ruiz-Castillo

El libro Franco. Anatomía de un dictador, de Enrique Moradiellos (Oviedo, 1961) no es una biografía al uso, es algo más ligero, escrito en principio como guía para universitarios británicos, aunque después se han introducido ajustes en la edición en castellano para conocimiento del público joven y no tan joven en España. Su autor, Premio Nacional de Historia en 2017, «jamás» imaginó que la publicación de la obra iba a coincidir con un momento en el que Francisco Franco ha vuelto a la actualidad por la decisión del Gobierno de Pedro Sánchez de sacar sus restos del Valle de los Caídos, o con el debate sobre la reforma de la Ley de Memoria Histórica. Hablamos con Moradiellos del dictador, de las fosas aún por exhumar de los caídos en la Guerra Civil, de la ultraderecha y de los populismos, de España y de Europa; del pasado pero también de un futuro inquietante para nuestro interlocutor.

El libro recoge tal cantidad de bibliografía que lo primero que se me ocurre preguntar es si queda algo por saber de Franco que no se haya dicho ya.

Sí, sí, queda muchísimo por contar. Hay todavía mucho archivo por conocer, por estudiar, por analizar desde distintas perspectivas. Yo tengo muchas interrogantes sobre Franco, tengo mucho interés en saber algo más sobre sus posiciones más íntimas, de distintos momentos de su vida respecto del llamado problema judío. Si es cierto que era filosefardita, si obedeció a alguna lógica estatal en la política de protección de los judíos en la Francia ocupada, por ejemplo, a partir de 1942.

Enrique Moradiellos, historiador: "Quien recuerda a los muertos recuerda a los verdugos una y otra vez"

Enrique Moradiellos durante la entrevista. | Foto: The Objective

Unas interrogantes que van a llevar al profesor Moradiellos a pasar bastante tiempo en el Archivo de Franco que hay en Salamanca.

“El archivo es una selva de la que puede salir cualquier cosa. Ahí hay un mundo por ver y muchísimas cosas que no conocemos. La investigación histórica es inagotable. Entre otras cosa porque cuando crees que has agotado ya un tema, te aparece un nuevo artículo, un nuevo testimonio, una nueva perspectiva de análisis, un nuevo acervo comparativo, o miras los mismos materiales con otros ojos”.

La historia se escribe desde distintos ángulos, ¿no?

Sí, desde distintos ángulo y la historia se escribe también desde el presente, respondiendo a veces a intereses del presente, al conocimiento que tenemos del presente. No es lo mismo escribir sobre Franco hoy, que sabemos más de las dictaduras, que vuelve la moda del respeto a los hombres ejecutivos fuertes y dictatoriales, que escribir justamente a partir de 1975 o en pleno régimen donde prácticamente la dicotomía a favor o en contra era inevitable. La visión histórica es muy hija de su tiempo.

En España, es curioso, pero no se ha estudiado a Franco.

Es verdad. Se conoce el nombre pero no se sabe lo que hay detrás.

Es el gran desconocido pese a que estuvo en el poder cerca de 40 años.

E incomprendido. Ojo, no en el sentido moral del término, sino de comprensión histórica. Eso es lo que quería hacer yo con el libro de Franco. Esta no es la visión de Franco, es la explicación en un relato narrativo que pudiera ser útil para una persona de mínima formación sobre el tema.

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Franco en el Alcázar de Toledo en septiembre de 1936. | Foto: AP

Me ha llamado la atención que se habla de Franco como de un hombre carismático. Yo, la verdad, si tuviera que hacer un perfil de él nunca habría utilizado esa palabra.

Yo utilizo el término carismático de Max Weber. En ese sentido, el carisma se crea. En Franco, como en otros líderes, la carismatización, que dicen los politólogos, es un proceso de construcción mediática, que puede tener algo que ver con el original o nada que ver. Los procesos de carismatización crean líderes de donde hay o de donde no hay, pero la doctrina del carisma como fundamento del poder es lo que me interesaba, que es lo que él utilizaba; sus juristas y sus propagandistas hacían uso de ese término. Me interesa eso que dices porque algunos me han dicho ‘tú le das mucha importancia a Franco y hablas de su carisma, cuando era un hombre mediocre’. Primero, yo no creo que fuera mediocre, sería otra cosa, pero no digo carisma en el sentido de un hombre que arrastra por su facilidad para atraer a las personas, no. La legitimidad carismática como uno de los tres tipos de autoridad, junto con la racional y la tradicional. Y Franco no era tradición porque no era ni rey ni conde, no es electivo porque no hay un proceso de elección, es carismático por el derecho de conquista, el carisma se crea en esa imagen providencial.

En 2002, escribiste Franco. Crónica de un caudillo casi olvidado. Con lo que está pasando no parece precisamente que esté muy olvidado, más bien todo lo contrario. ¿Alguna vez imaginaste que esto podía pasar?

(Se ríe) Jamás. Cuando yo estaba escribiendo este libro Anatomia de de un dictador, en 2015, el proceso se alargó hasta 2016, en ese momento yo estaba pensando en el mismo Franco casi olvidado. Ahora está de plena actualidad la figura de Franco pero dudo que muchos de los que hablan con tanta propiedad sepan quién es Franco. Muchas personas me dicen que era un caudillo fascista y yo les digo que no. En absoluto. Era un caudillo militar. Los generales lanzan un golpe militar con los partidos satelizados y Franco, que es uno de los generales, acaba siendo generalísimo. Y esa dictadura militar es sobre la que se va a asentar la columna vertebral del franquismo. Y aquí sostengo la tesis de muchos autores como Antonio Elorza, que siempre dijo que era cesarismo militar. Ese militar tiene la inteligencia política suficiente para no quedar como portavoz de la junta de comandantes aunque en principio es elegido por sus iguales y le llaman Paquito. Pero empieza a construir justo a la par que el esfuerzo de guerra, otro segundo pilar, que es la otra burocracia que tiene el estado, la Iglesia. La Iglesia le encumbra y es una operación de Isidro Gomá (cardenal primado de España durante la Guerra Civil), meditada y bien pensada, que le encumbra como el hombre guiado por Dios. Franco tiene una legitimidad que, aparte de la militar, es sagrada y religiosa. Es caudillo de España por la gracia de Dios. Y encima con la ayuda inexcusable, esto creo que es una operación política básicamente orientada por Ramón Serrano Suñer, de la amalgama y fusión obligada en un partido único de todas las fuerzas derechistas existentes, por un decreto del cuartel general sin consultar, crea un partido que se llamará provisionalmente Falange Española Tradicionalista y de las Juntas Defensivas Nacionalsindicalista.

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Falange Española aglutinaba todos los partidos de derechas bajo el mandato de Franco. | Foto:

Es el nombre del partido, el partido con el nombre más largo que hay en toda la historia occidental. Que se llama provisionalmente y quedará siempre así. Y se nombra Franco en ese decreto jefe nacional sólo responsable ante Dios y ante la historia. El franquismo es esa suma y combinación de las tres patas, articuladas por ese señor que ejerce las tres magistraturas a través del caudillaje.

Me gustaría hablar sobre lo que está pasando con Franco ahora. La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, ha dicho que es necesario sacar los restos de Franco del Valle de los Caídos para poder cerrar, por fin, una de las etapas más negras de la historia reciente de España.

Hace tiempo que creo que Franco no debe permanecer en el Valle de los Caídos, que mientras Franco esté en el Valle de los Caídos, el dotar de un significado distinto a todo el monumento es prácticamente imposible. Y me baso en tres razones no pasionales sino argumentadas que pueden ser erróneas, lo admito, que no es historiografía científica, es una opinión avalada en mi formación. Primero, porque Franco no es un caído y el Valle de los Caídos se concibió para el reposo, primero, de los mártires de la cruzada, luego se amplió a todos los católicos de los dos bandos y, finalmente, a todos, ateos, anarquistas, lo que fueran. Creo que Franco no debería estar allí por la sencilla razón de que no es un caído, igual que no se nos ocurriría llevar allí ni a Azaña. Segunda razón, por si fuera poco esta, que me parece sustancial: la basílica del Valle de los Caídos tiene un lugar emblemático como todas las basílicas cristianas y las paleocristianas que es el lugar posterior al altar, el trascoro se suele llamar, que ceremonialmente, litúrgicamente, es el lugar más importante después del altar y normalmente se reservaba para un santo. Cuando no es un santo es un enterramiento digno de un príncipe de la iglesia, un cardenal, un arzobispo. A veces también de reyes. Franco está enterrado en ese lugar emblemático de las basílicas y su emplazamiento confiere a todo el edificio el carácter de mausoleo.

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Tumba de Franco en el Valle de los Caídos. | Foto: Andrea Comas | AP

Pero esa era su idea, ¿no?

“No creo, no tenemos ningún testimonio de que eso sea así. Por el contrario, tenemos testimonios de que no fue así. En todo caso, aunque a él le hubiera gustado que lo enterraran allí como un santo, en el año 75 me parece raro por parte de la Iglesia, que llevaba desde el 73 declarándose hostil al nacionalcatolicismo y abogando por la libertad religiosa; es la iglesia de Tarancón, no creo que le hubiera encantado tenerlo ahí, me parece inverosímil completamente, pero ese monumento, precisamente por estar ahí Franco ya no es la basílica del Valle de los Caídos sino el mausoleo de Franco; una democracia, y una iglesia ahora secularizada y a tono con los tiempos, no creo que puedan justificar tener a un dictador… no sería bueno para la propia basílica. Y la tercera razón: por el estatuto jurídico complejo que tiene el monumento que es Monumento Nacional, basílica, hermandad monástica benedictina, es Patrimonio Nacional el que está a cargo de la custodia, preservación, mantenimiento, embellecimiento de la tumba de Franco. O sea, los mismos que están manteniendo el monasterio de Yuste o el Palacio Real, están manteniendo la tumba de Franco, pero no lo hacen con la tumba de Azaña. Me parece una irregularidad y una parcialidad. Por esos tres motivos, como mínimo, deberían sacarse los restos para poder convertir el Valle de los Caídos en otra cosa que no sea la tumba de Franco, esencialmente.

Entonces ¿quién decide llevarlo allí, si no fue él?.

“Su hija declaró y no hay por qué dudar que no dijera la verdad, porque era una mujer quizá limitada en conocimientos pero no particularmente mentirosa, que la idea de llevarlo al Valle de los Caídos no fue obra de la familia, que tampoco había escuchado a su padre decir eso. Yo mas bien creo, pero esto es una hipótesis, que en aquel proceso que se abre con la muerte de Franco, que es una muerte crónica, una muerte anunciada, con una tensión muy grande entre el heredero in pectore y el Gobierno de Arias Navarro, que acababa de ser reformulado sin ser reformista, echando un pulso a ver quién puede más si el Gobierno o el heredero, que Arias Navarro o su entorno, habría que ver quién fue, decidieran ‘lo metemos allí que es un sitio con honores de Estado, mucho más emblemático, una vez allí será indudable que lo que queda es posfranquismo’. Yo creo que tiene que ver con eso. En todo caso, fuera o no así, ya lo sabremos, lo que me parece inconcebible es que la iglesia lo quisiera allí, porque la iglesia era la Conferencia Episcopal y era el cardenal Tarancón. También me parecería raro que el rey hubiera querido que estuviera allí porque la ceremonia del entierro de Franco fue diplomáticamente muy desangelada, mientras que la misa en los Jerónimos con el rey es cuando vienen todos, es decir, dudo que quisiera particularmente eso. Hubiera sido mejor en Mingorrubio, crearía menos problemas en el futuro.

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Imagen del Valle de los Caídos. | Foto: Paul White | AP

Y esto, ¿por qué no se hizo, no digo entonces, pero unos años después en vez de ahora, cuando han pasado más de 40 años desde la muerte del dictador?.

“Una vez ya hecho eso, la democracia restaurada y consolidada yo creo que debería haber tenido un acuerdo interpartidista de amplio espectro, también intergeneracional y social, para hacer una política de la memoria mas activa, donde Franco era uno de ellos. A mí me parece que la clave aquí son las fosas comunes que hay sin descubrir, localizar, desenterrar, excavar, y entregar a sus deudos, eso es lo que es para mí intolerable. La política de memoria histórica lo que no puede permitir es que todavía haya fosas en que se estén localizando, exhumando…

Con muchísimas dificultades…

Sí, con muchísimos problemas. Enterrar a los muertos, aparte de ser un mandato bíblico es una costumbre de las comunidades antropológicas que exige respeto, que sirve para clausurar una vida y acabar con problemas, eso sí que cierra heridas. Enterrar a los muertos cierra heridas. Pero mientras unos, los tuyos, estén enterrados y bien enterrados, y los míos todavía no, aquí hay un tratamiento falto de equidad entre víctimas. Y yo digo que víctimas en la guerra hubo en los dos bandos, 140.000 a cargo de unos, 50.000 como mínimo los otros. Corrió la sangre abundantemente. Víctimas hay en los dos bandos, no hay de primera y de segunda para una democracia, como no hay muertos de primera y de segunda, por ejemplo, para la Guerra Civil inglesa o ahora en norteamérica.

En el caso de España, la transición, que se hizo bien en algunos aspectos, quizá no estuvo muy acertada en el sentido de dejar esa brecha abierta.

Yo creo que eso es una deuda candente.

Y ahora se ve claramente la vuelta de una España dividida entre la izquierda y la derecha primero con la Ley de Memoria Histórica y después, con los restos de Franco y con la ley.

Sí, esto de Franco va en el paquete de políticas de Memoria Histórica.

Exacto, todo empieza con la ley de la memoria histórica.

“Claro, porque este es uno de los muertos que está muy bien honrado, muy bien inhumado, con respeto, con honores, y otros que no. La clave es la falta de equidad. Hay otro elemento, las generaciones que hicieron la Transición, las elites políticas creyeron en el pacto de silencio y olvido – olvido afásico, es decir, nadie se olvidó de lo que fue la guerra, la lectura de la guerra como tragedia sirvió como contención – y no es una rareza española. En Francia lo han hecho para la crisis de Argelia, o en Italia con el fascismo. Y en Polonia, lo mismo. La política de la memoria sobre el pasado, esa carencia, hace tiempo que aquí debería de haberse hecho, debe de hacerse transversalmente porque si no esto no sale adelante. Lo que yo diría que no es una opción, no ya como historiador sino como ciudadano, es volver a tirarnos los muertos a la cabeza.

Lo que está pasando ahora…

Que es lo que empieza a pasar. Porque la recuperación de la memoria histórica no es sólo de unos, es de todos.

La ley no dice que haya que exhumar los cuerpos de un solo bando y, sin embargo, molesta a una parte de la sociedad.

La memoria histórica es memoria de los muertos en la Guerra Civil para los dos bandos. Molesta porque quien recuerda a los muertos recuerda a los verdugos una y otra vez, pero hay que hacerlo porque las fosas comunes…pero aquí hay que hacerlo con acuerdos y sin querer echárnoslos encima. La Guerra Civil es Antonio Machado y Manuel Machado.

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El anuncio del Gobierno socialista de sacar los restos de Franco del Valle de los Caídos ha sacado a los nostálgicos a la calle. | Foto: Andrea Comas | AP

Se habla de que en España nunca habrá una ultraderecha como en otros países de nuestros entorno pero después de tantos años contenida parece que está ‘saliendo del armario’ también aquí, con la excusa de la crisis catalana o los restos de Franco.

El proceso no hay que verlo solo en España, hay que verlo en toda Europa y en el mundo. Hay un fenómeno de crisis de la democracia y de respeto a la democracia porque nos ofrece el voto pero no acierta, a veces, en el voto para arreglar los problemas de futuro, de injusticias sociales, porque no es igual el reparto de la riqueza, de los temores sobre qué va a pasar con la globalización, con las migraciones. Y ante esa crisis, hay unas opciones de perfil democrático discutible, como en la Hungría de Orbán, o en Italia o lo de Francia con Marine Le Pen, que dio un susto a mucha gente. Ante esa situación y por problemas del presente y de cara al futuro, no por el pasado, vuelven alternativas que son, como mínimo, antidemocráticas. Pero eso no las hace que sean neofascistas o neonazis, a veces pueden serlo, pero los problemas que ha generado la crisis económica, el crecimiento de las injusticias, la dinámica de competencia no colaborativa en el ámbito territorial, la crisis catalana… la crisis catalana ha sido tremenda para reavivar un nacionalismo español más o menos contenido porque no tenía motivos para hacer otra cosa y, de repente, está en peligro la unidad de Estado, y una fractura de ese tipo nunca es incruenta.

¿Debemos preocuparnos entonces por lo que está pasando en Cataluña?

Yo estoy muy preocupado, en general, pero por el lugar de España en Europa, por el futuro de la Unión Europea, por qué va a pasar. Te lo voy a decir de otra manera, con cifras numéricas que dan en Bruselas que son para preocuparse: 7, 25, 50. Somos el 7% menos de la población mundial, hay 508 millones de europeos; la media de edad de los países europeos supera los 50 años, cercano ya a los 55; unas sociedades, pocas y muy envejecidas; producimos el 25% del mundo y consumimos más del 50% del gasto social público. Esto es un oasis de un 7% de la población que se lleva más del 50% de la tarta de recursos en dependencia, sanidad y educación. Son cifras de la Unión Europea.

¿Es esto sostenible mucho tiempo?

O vienen aquí y en masa o repartimos allí en su origen para que se queden, y es en este sistema donde necesariamente nos vamos a ajustar, porque en la producción globalizada competimos con países muy poderosos que no tienen reparos en trabajar 12 horas o incluso en tener esclavos, en ese sistema, en esa competencia ¿podemos permitirnos el lujo de que la UE no hable con una sola voz? Dentro de muy pocos años, calculan menos de 15 años, ningún país europeo estará en el grupo de los 20 que estará definido por riqueza económica y, a partir de 200.000 habitantes, Indonesia la última, Nigeria, Egipto, estamos hablando de este tipo de países, Alemania va a caer, o habla con Europa o pasará a una potencia de tercera. La UE, si fracasa – Macron lo decía, ‘vivimos en algo parecido a entreguerras, un laboratorio de experimentación política donde sale democracia pero también rehace fascistas en revolución socialista’ – y en este magma, los países están viendo cuál es el que puede proporcionar más estabilidad y más prosperidad a su población. Las poblaciones no se van a contentar con ser democráticas si no se les da futuro, estabilidad y prosperidad. Cuando a veces se habla del legado del franquismo, no somos como Alemania e Italia, esos destruyeron su país y provocaron la mayor matanza entre su propia población. Franco muere en su cama y con España muy distinta a como estaba en el 39. Lo importante es que los españoles vieron esa reforma y el recuerdo de los españoles es ese.

¿Puede la ultraderecha calar en España?

La ultraderecha tiene su nicho de oportunidad en las crisis. Puede haber un nicho, lo que pasa es que yo pienso que los españoles estamos un poco vacunados de salvacionismo derechista, hay generaciones nuevas que no pero, en general, los salvapatrias, los sistemas simples para lidiar con cosas complejas, no nos han ido muy bien y todavía queda personal que sabe que eso se dice ahora pero luego vas a tener que lidiar como cualquier otro con ciertos problemas que no son de muy fácil solución.

El profesor deja ahora a un lado su faceta como historiados para pasar a dar su opinión sobre la actualidad como un ciudadano más, como padre.

A mí me parece que la crisis independentista, el crecimiento de las desigualdades…¿por qué es intolerable ahora en España la  corrupción?, porque está sufriendo mucha gente, y lo que ya es intolerable son salarios de miseria cuando otros se están llevando el dinero, es normal que la gente reaccione. Que haya ‘tarjetas blacks‘, con lo que te cuesta mantener tu cuenta, es indignante. Eso existía antes, pero cuando había vacas gordas y el Estado repartía, no importaba tanto, pero ahora que ya no se reparte, ahora que hay tantos desahucios, y esos señores tienen tantas casas, eso es intolerable y genera, no que tea hagas fascista y crítico de la democracia, sino crítico de estos depredadores de recursos públicos con títulos de demócrata tienen patente de corso para hacer lo que quieran. Eso es lo que cansa a la gente, el movimiento de indignados…

Y los populismos se aprovechan.

Yo creo que sí, porque se presentan diciendo ‘nosotros estamos limpios’, pero esos cuando puedan harán lo mismo mientras no haya controles institucionales, es una cuestión de voluntades. Es lamentable, pero es así.

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La crisis económica sacó a la calle al Movimiento 15M, indignado con los políticos y la corrupción. | Foto: Andres Kudacki | AP