El maestro Bong Joon-ho, más allá de 'Parásitos'
Foto: Joel C Ryan

Cultura

El maestro Bong Joon-ho, más allá de 'Parásitos'

El escritor y realizador de joyas como 'Okja' o 'Mother' hizo historia gracias a su última genialidad consiguiendo que, por primera vez en 92 ediciones, una película en habla no inglesa lograra el Oscar a mejor película

por Jorge Raya Pons

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Bong Joon-ho no es el padre del cine coreano y sin embargo es en él en quien pensamos ahora, nosotros, cada vez que nos preguntan por cine surcoreano. Todo por Parásitos: ese retrato de dos —tres— familias que viven bajo el mismo techo, cuando están bajo el mismo techo, que ilumina algo más que la vida de dos —tres— familias, y ese algo se llama desigualdad; se siente al descender la colina hasta el subsuelo, el lugar que tendría que estar reservado únicamente a los muertos; se siente en el día del Gran Diluvio, que todo lo limpia. Almodóvar no tuvo fortuna al medirse en la carrera por los premios con semejante monstruo, él mismo asumía que su suerte no cambiaría en los Oscar. «Mi película ha conmocionado”, cuenta en El Mundo. “Pero la suya les ha sorprendido enormemente y contra esa sorpresa es muy difícil competir».

El secreto que ha sido Bong para el gran público se ha desvelado. Ya nunca una película surcoreana infundirá respeto de nuevo. Ni siquiera Oldboy llegó tan lejos, ¿quién habría pensado, no hace tanto, que los académicos nominarían para mejor película y mejor película extranjera y mejor guion original a una historia que se escapa de sus fronteras?

Cuenta Bong que cuando escribe lo hace en cafeterías —con pocos clientes; con fortuna, sólo uno—. “Aunque en cuanto lo sepan los propietarios”, bromeó en Toronto, “temerán mi presencia”. Cuenta Bong que le cuesta horrores, que es doloroso y desagradable y una verdadera tortura para su familia. “Me comporto como un neurótico, un gruñón y un tirano”, le dijo a Nando Salvà en El Periódico. “Mi esposa me sugiere que tome ansiolíticos, pero seguro que las pastillas me impedirían escribir. Y lo peor es que nunca me quedo contento con el resultado. Soy muy cruel con mis películas”.

Desde la distancia se recibe esa crueldad con una mueca o con una sonrisa, como el precio a pagar o el pecado inevitable del artista. La insatisfacción es el motor de quien escribe. Bong lo sabe bien: nunca se detiene ante la frustración, siempre viaja más afuera, más lejos. Parásitos es el resultado de toda una vida escribiendo y más de 20 años dirigiendo. Desde sus primeros cortos —Memory Within the Frame, Incoherence—, cuando todavía era un estudiante en la Academia de Cine de Seúl. Desde su primer largometraje, Perro ladrador, poco mordedor, fuera de cualquier plataforma de streaming en nuestro país, y eso que pasó por San Sebastián. Tampoco está disponible su Memories of a murder, segundo largometraje, la película que lo situó en el radar y despertó la fascinación de los críticos. En ella encontramos a Song Kang-ho, colaborador habitual, el Banderas de Almodóvar, igual que lo encontramos en Parásitos.

El maestro Bong Joon-ho, más allá de 'Parásitos' 3

Song Kang-ho es uno de los detectives a la busca del asesino en serie más temido y misterioso de Corea del Sur en ‘Memories of murder’.

La primera década del siglo siguió adelante y tras una nueva espera de tres años llegó a los cines The Host, que le abrió las puertas de Hollywood y de un círculo nuevo; Bong ya no volvería a verse reducido al agradecido pero menesteroso coto del cine independiente. Pasaron otros tres años y nos regaló esa delicia llamada Mother, que podéis encontrar en Filmin, y cuatro más hasta que dirigió por primera vez a actores extranjeros en la metafórica Snowpiercer. Ahí tenemos a Chris Evans y Tilda Swinton y John Hurt y Ed Harris siguiendo las directrices de un autor con ingenio, sí, pero monolingüe. La película, por cierto, la distribuyó Harvey Weinstein, que siempre tuvo olfato para el talento.

Su siguiente obra como director fue una maravilla llamada Okja. Una película que, de no ser por Netflix, no existiría; como tampoco existiría El irlandés. Bong tuvo que responder muchas preguntas, una de ellas con insistencia: ¿no crees que Netflix está cavando la tumba de las salas? Él lo tuvo claro: lo ideal es verlas en la gran pantalla, por supuesto, pero ninguna otra productora ha apostado por esta historia como ellos.

Fue intensa la aventura de Okja por ir de la mano de Netflix y Cannes se empeñó en escenificarlo. No hay país más proteccionista que Francia. Nunca una película despertó tanto amor y tanto odio. Bong, que preparó este guion tras visitar una factoría cárnica en Colorado y decidir de una vez por todas que dejaría de comer carne —se define como piscivegetariano—, consiguió que su película fuera la primera aceptada por el jurado sin entrar en salas comerciales para competir por la Palma de Oro. Es cierto que no ganó, que fue para la sueca The square, pero ahí queda la hazaña. Ya lo dijo el presidente de aquel jurado, nuestro Almodóvar, antes de conocerse al ganador: la victoria de Okja resultaría “paradójica”. Bong, con sincera humildad, confesó que le bastaba con saber que Almodóvar había visto su película.

El maestro Bong Joon-ho, más allá de 'Parásitos' 1

La protagonista y su entrañable amigo de ojos tristes en un fotograma de ‘Okja’.

Jorge Raya Pons

Castellón de la Plana, 1992. Vive en Madrid y es periodista cultural en The Objective. Anteriormente trabajó en El Mundo y Expansión. Un día aspiró a ser futbolista profesional. No cayó esa breva.