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Cómo los millennials árabes cambiaron el Mediterráneo

Foto: Nasser Nasser | AP Photo, File

Los jóvenes que nacieron entre 1982 y 2004, los llamados millennials y postmillennials, serán más del 70% de la fuerza laboral del mundo desarrollado en 2025. No todos los grupos de adolescentes y veinteañeros producen movimientos históricos centrados en su identidad juvenil, pero parece que los millennials árabes lo hicieron. Hace seis años una juventud urbana irrumpió en el escenario, empujada por el malestar social y económico y por el descubrimiento de nuevas expectativas vitales, frente a unos regímenes cuyo único interés era perpetuarse en el poder.

En el el marco del Arabismos: Festival de jóvenes creadoresCasa Árabe en Madrid organizó una conferencia en la que participaron Juan Cole, intelectual público, prominente blogger y ensayista, y profesor de Historia en la Universidad de Michigan, y Nessrin el Hachlaf, licenciada en Derecho y Periodismo y miembro del Observatorio de Justicia y del Observatorio Euromediterráneo de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Ambos expusieron su particular punto de vista sobre estas revueltas.

Egipto y Túnez, revueltas con final agridulce

Cole asegura que las revoluciones en estos países fueron impulsadas por jóvenes, con apoyo de la clase trabajadora y que su principal preocupación actual es el terrorismo, pero con una concepción diferente a la de occidente, en la que prima el terror y el miedo. Las siguientes preocupaciones son el empleo, la seguridad y la política. Asimismo, considera que los periodistas han interpretado erróneamente estos movimientos y que el motivo fundamental de los revolucionarios no era conseguir una democracia al estilo occidental. Los jóvenes creían que los gobiernos corruptos estaban acabando con el empleo y las inversiones extranjeras, algo que se sabe por unas filtraciones de WikiLeaks de 2006.

“De hecho, McDonald’s intentó implantarse en Túnez, pero el gobierno de Ben Ali le pidió un soborno a la compañía, por lo que esta se negó y no llegó a entrar en el país africano, aunque quizá esto fue algo bueno para la salud de los tunecinos”, bromea Cole.

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Un manifestante durante las revueltas en Egipto de 2011 | Foto: Muhammed Muheisen/AP Photo File

Según este experto estadounidense estos movimientos no se fundaron con un fin religioso. Los laicos lideraron las revueltas en Egipto, a los que se unieron posteriormente los Hermanos Musulmanes. Las estadísticas indican que solo un 25% de los revolucionarios de Tahrir pertenecían a los Hermanos Musulmanes. A esto se le añade que “en países como Palestina o Túnez un gran porcentaje de los jóvenes no se sienten identificados con los islamistas, los consideran anquilosados, anticuados y que no avanzan”.

Las principales causas que impulsaron las revueltas de 2011-2013 de los millennials árabes fueron la corrupción y las denominadas “monarquías republicanas”, es decir los regímenes autoritarios hereditarios, como el de Bashar Al Assad. “Se puede decir que la llamada Primavera Árabe no fue perfecta, pero los jóvenes consiguieron acabar con las ‘monarquías republicanas’ hereditarias, como las de Gadafi, en Libia, o las de Ben Ali en Túnez”.

Lo que está claro es que los jóvenes no pudieron tener éxito sin apoyos. Los millennials que participaron en estas revueltas eran de clase media, pero con apoyos de los sindicatos y de los trabajadores. Un ejemplo claro es el Movimiento 6 de abril, que surgió a causa de una huelga de trabajadores de la industria textil en Egipto. La muhabarat – policía secreta – no dejó manifestarse a los trabajadores de  Al Mahalla en El Cairo, pero los jóvenes pudieron grabar vídeos de la represión y de esta situación con sus smartphones y compartirlos en internet. Más tarde, cadenas como Al Jazeera los difundieron a más de 20 millones de espectadores.

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Manifestantes pisan un cartel con la efigie de Ben Ali | Foto: Hassene Dridi/AP Photo Dile

Uno de los casos más sonados en Egipto fue el de Khaled Said, un joven egipcio con estudios en Estados Unidos, bloguero en Egipto y perseguido por la policía. Los revolucionarios afirman que le perseguían por recoger en su blog los abusos policiales que se llevaban a cabo en Egipto, mientras que las Fuerzas de Seguridad del entonces presidente Hosni Mubarak, aseguraba que lo hacía porque Said consumía drogas.

El 6 de junio de 2010, Said se encontraba en un cibercafé de Alejandría cuando llegó la policía y le obligó a salir a la calle, lo llevaron a un callejón, y acabaron matándolo a golpes. Cuando su familia tuvo que ir a la morgue a identificar el cadáver, su hermano no dudó ni un momento en sacar una foto, que no tardó en hacerse viral en las redes y generó protestas que derivaron en la revolución egipcia que acabaría derrocando el 11 de febrero de 2011 a Mubarak.

En cuanto a Túnez ,el caso más sonado y que también fue la mecha que prendió fuego a la revolución en el país fue el de Mohamed Bouazizi, un joven vendedor ambulante tunecino que se inmoló -se plantó delante del Ayuntamiento y se quemó vivo– el 17 de diciembre de 2010; esta fue su forma de protestar por la confiscación de su puesto de frutas y la humillación que dijo haber recibido de los oficiales municipales cuando fue a presentar una queja por este hecho. Fue un caso muy mediático y desencadenó en protestas que llevaron a las revueltas en el país y a la huida del dictador Zine El Abidine Ben Ali a Arabia Saudí.

Una de las principales tácticas de las revueltas en ambos países fue usar los flashmob como herramienta política, con quedadas en la Plaza de Tahrir de El Cairo o la avenida Habib Bourguiba de Túnez.

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Una manifestante durante las protestas de 2011 en El Cairo | Foto: Amr Nabil/AP Photo File

En Túnez, según asegura Cole, al principio tan solo un 25% de los jóvenes conocía las quedadas y manifestaciones por redes sociales, el resto lo hacía a través de llamadas, del puerta a puerta o de panfletos. Este uso de las nuevas tecnologías y de las maneras tradicionales hizo que triunfaran las revueltas.

Si bien es cierto que con estas revueltas se consiguieron algunas mejoras, según Cole, los jóvenes fueron un poco ingenuos, tras haber cumplido bien la primera parte de las protestas, pero despreocupándose de la segunda parte, las elecciones políticas, pasando el testigo a generaciones mayores. Incluso algunos jóvenes no tenían la edad necesaria para votar.  Esto derivó en el triunfo en las urnas de los partidos de derechas y los islamistas.

Para combatir estos nuevos gobiernos islamistas (Enahda en Túnez y los Hermanos Musulmanes en Egipto), los jóvenes volvieron a salir a las calles a protestar. El final en Egipto fue una regresión al antiguo régimen y un Gobierno militarizado y represor, sin haber avanzado en derechos. En Túnez, “el final fue más feliz”, con la reforma de la Constitución.

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Carros de combate en las inmediaciones de la Plaza Tahrir de El Cairo | Foto: Rodrigo Isasi

15M, la “primavera española”

“Crecimos con la caída del muro de Berlín, con la muerte de Kurt Cobain, con las olimpiadas de 1992. Nuestros padres no nos dejaron usar el móvil hasta que teníamos 16 años, pero somos adictos a él, a las redes sociales. No somos una generación dormida, como dicen de nosotros”. Así se expresa Nessrin el Hachlaf sobre los millennials españoles, y no duda en hacer una comparación de estos movimientos revolucionarios árabes con los que ocurrieron en España.

“En España nacimos en una sociedad distinta a la de nuestros padres, más estable, pero de repente chocamos con la crisis económica”. El Hachlaf también asegura que la diferencia con la generación anterior es que ellos trabajaban para sobrevivir, pero que los millennials trabajan para “vivir bien”.

El 53% de los millennials españoles, según datos de la conferenciante, tiene formación universitaria, y muchos de ellos se han visto obligados a emigrar al extranjero para “acabar trabajando en los empleos que hacían los inmigrantes en España durante la década de los 90”.

“Es una generación narcisista que quiere vivir por encima de sus posibilidades”

Según Nessrin, los millennials españoles crecieron con el 15M pero “defraudados por la democracia y la política, algo que tampoco han conseguido arreglar nuevos partidos  como Podemos o Ciudadanos”. Ante esto, los jóvenes españoles no sienten pereza por la política, pero sí por “sus políticos y por la corrupción”.

Antes se decía que no había esperanza en la política pero sí en la Justicia, en la actualidad, esto ha cambiado. “Como jurista estoy perdiendo la fe en la Fiscalía”, dice Nessrin. “Los fiscales ya no están libres de pecado”, añade.

Es verdad que las redes sociales han permitido cambiar las cosas, realizar mayores llamamientos colectivos de protestas pero, “detrás de una pantalla no se puede luchar contra la brecha salarial, la guerra en Siria, la violencia de género…”. Para Nessrin tanto el 15M como la Primavera Árabe han sido “oportunidades fallidas” y, en el caso de los países árabes, “han acabado dando mayor visibilidad a los islamistas”. “Por muchos tweets que realicemos y acampadas en Tahrir o en Sol que hagamos, no vamos a conseguir nada. Las revueltas han sido un fracaso”.

España es también un país que no cumple con las cuotas de refugiados. “Ojalá (la alcaldesa de Madrid) Carmena quitara la pancarta de ‘Refugees Welcome‘ y la pusiera cuando se cumplan las cuotas y no se niegue el asilo a miles de refugiados y no se les deje morir en las fronteras”, asegura Nessrin.

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