Sandra Barneda

Yo peco, luego conduzco

Invito desde lo más profundo de mi ser a que todas las mujeres os sentéis al volante el próximo sábado y gritéis con la ventanilla bajada y la mayor de las sonrisas: «Yo peco, ¿y tú?»

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Yo peco, luego conduzco

Invito desde lo más profundo de mi ser a que todas las mujeres os sentéis al volante el próximo sábado y gritéis con la ventanilla bajada y la mayor de las sonrisas: «Yo peco, ¿y tú?»

 

A veces siento una tremenda confusión con mis emociones, no sé si es la rabia o el ataque de risa lo que me invade. «¿Que si las mujeres conducen… sus ovarios pueden resultar gravemente perjudicados?». Nuevamente, una mente iluminada y en nombre de Al-l?h en este caso –porque bien podría ser el Dios cristiano, Buda o Shiva– se permite este tipo de comentarios, destiladores del odio entre géneros e incitadores del abanderamiento de la misoginia y el patriarcado por encima de todas las cosas. No suelo blasfemar porque ciertamente me educaron en el respeto de las creencias de cada cual, pero empiezo a estar hasta los mismísimos ovarios de tanta chorrada en nombre del señor de cada cual que no hace otra cosa que obstruir la igualdad de género. «Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio», bien lo dijo Einstein, y aunque ha pasado cerca de medio siglo, poco hemos avanzado. En África, tres millones de niñas siguen sufriendo la cruel ablación porque no son dignas de sentir deseo ni placer sexual; en Irán son lapidadas porque no desearon a su marido por encima de todas las cosas… ¿Rezar? «El nacimiento de una hija es una pérdida» (Eclesiastés 22:3, en la Biblia). «Bendito seas Dios, Rey del Universo porque Tú no me has hecho mujer» (según el judaísmo). Invito desde lo más profundo de mi ser a que todas las mujeres os sentéis al volante el próximo sábado y gritéis con la ventanilla bajada y la mayor de las sonrisas:

–Yo peco, ¿y tú?

A unidse a la jornada de protesta en Arabia Saudí para reclamar el derecho a la mujer a conducir.

–Yo peco, ¿y tú?

En España o en el Congo.

Pecar, pecar, pecar.

Mujeres del mundo, reconoceos como pecadoras y expresad vuestro derecho a ser, a existir sin pedir perdón, ni ser arrinconadas por tener ovarios y no testículos.

 

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