Jose M. de Areilza

Vacunas Trump

Cuando Robert Lee fue derrotado en 1865 se instaló en Washington College, una pequeña universidad en las montañas de Virginia. El general confederado encontró refugio en el campus de Lexington gracias a su mujer, descendiente del fundador de Estados Unidos. Lee se convirtió en un admirado rector y hoy este college se llama por la unión de dos nombres, Washington and Lee. El ilustre general animaba a  los estudiantes a superar las divisiones causadas por la contienda civil. En el código de honor que redactó solo les pedía que actuasen como caballeros. Esta exigencia de auto-corrección, moderación y sentido del deber, la esencia del mejor mundo anglosajón, parece haberse convertido en el paisaje de un país extraño.

Opinión

Vacunas Trump

Cuando Robert Lee fue derrotado en 1865 se instaló en Washington College, una pequeña universidad en las montañas de Virginia. El general confederado encontró refugio en el campus de Lexington gracias a su mujer, descendiente del fundador de Estados Unidos. Lee se convirtió en un admirado rector y hoy este <em>college</em> se llama por la unión de dos nombres, Washington and Lee. El ilustre general animaba a  los estudiantes a superar las divisiones causadas por la contienda civil. En el código de honor que redactó solo les pedía que actuasen como caballeros. Esta exigencia de auto-corrección, moderación y sentido del deber, la esencia del mejor mundo anglosajón, parece haberse convertido en el paisaje de un país extraño.

Atravesamos con inquietud una etapa del mundo occidental en las que las costuras de la democracia liberal amenazan con romperse también en sus antiguas factorías. Los nuevos gobiernos de Gran Bretaña y en Estados Unidos son el resultado de sociedades profundamente divididas y con poca fe en el futuro. Sus dirigentes cabalgan con oportunismo la ola populista. Hablan de la globalización o de Europa con trazo grueso, como si los problemas comunes de la humanidad no fueran con ellos. América primero, recuperemos el control, ellos y nosotros. La hierba mala del nacionalismo excluyente y del proteccionismo económico crece en suelo anglo-americano. Theresa May puede acabar con la prosperidad en el Reino Unido y perder Escocia por su insistencia en un Brexit agresivo. Donald Trump ha pulverizado en muy poco tiempo el llamado “poder blando” de Estados Unidos, la capacidad de atracción de su país en las relaciones con otros, un capital inestimable que había recuperado Barack Obama. Pero el magnate neoyorkino puede acabar siendo una poderosa vacuna contra el populismo en el mundo occidental. Su estilo de poder revolucionario y tosco desprecia en grado sumo las formas, los procedimientos y las normas. Una parte de sus votantes, que no viven en el lado soleado de la globalización, le agradece estos excesos. Pero muchos callan preocupados y empiezan a tomarse el show de Trump como un argumento de reducción al absurdo, en buena lógica aristotélica. En unos meses puede ser el partido republicano el que declare que ha tenido sobredosis de insurgencia. Tal vez entonces el 45 presidente funcione como un antídoto. Un primer paso para volver a descifrar el código de honor del rector Robert Lee.

 

 

Jose M. de Areilza

Jose M. de Areilza

Profesor, thinktankero, articulista. Harvardiano y europeísta de guardia. Los buenos amigos no cuentan cromosomas.

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