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¿United States of España?

Que nos gustan los Big Mac es un hecho. Igual que el cine de Woody Allen, o de Tarantino o de Clint Eastwood. Pero, ¿estamos preparados para una americanización de la política?

Que nos gustan los Big Mac es un hecho. Igual que el cine de Woody Allen, o de Tarantino o de Clint Eastwood. Que Estados Unidos ejerce gustosamente su soft-power sobre el planeta, incluidos nosotros, es una realidad. Quizás estemos acostumbrados a una dieta hiper-calórica, a nuestra serie criminal de los martes o una cara marca de ropa, pero, ¿estamos preparados para una americanización de la política?

A Pedro Sánchez le han llovido palos por imitar a los candidatos presidenciales estadounidenses en sus discursos y solemnes anuncios. Y no han faltado los símiles en otros partidos, desde eslóganes de PODEMOS, pasando por vídeos de campaña electoral del PP hasta paráfrasis de grandes oradores estadounidenses por parte de Albert Rivera. Al parecer, por fin, los candidatos o al menos sus equipos de prensa, han comprendido el poder y la necesidad de la comunicación política en las (pre) (post) campañas electorales.

Sin embargo, en un arrebato puramente español de copiar solo aquello que nos interesa y de hacerlo mal, los “collages” han quedado forzados y los acontecimientos, artificiales. Los candidatos, y sobre todo, sus asesores, deberían comprender que a pesar de comer Big Mac, no he nacido en Tennessee y que por lo tanto, quiero campañas adaptadas a la realidad y sociedad españolas.

Igual que copiar las recetas alemanas no ha contribuido a mejorar la realidad (y aquí, fíjense que digo realidad) económica, copiar las fórmulas americanas de comunicación política no les va a dar a los candidatos más votantes. O al menos, hacerlo de forma literal. Todos coincidimos en la genialidad de Barack Obama como comunicador y fabricante de sueños, pero seamos realistas, ninguno de nosotros somos como él.

Así que ya saben, candidatos, pulan aquello que no les gusta de ustedes mismos y potencien aquello que si, pero sean ustedes. Yo no quiero a un Obama, sencillamente porque no vivo en Estados Unidos. Puede ser que ese sea el problema, que de ahí venga ese sentimiento de inferioridad que siempre tenemos los españoles y con el que nos fustigamos. Nuestro miedo a explorar nuestras potencialidades y el recurso barato al plagio malo. Sean ustedes, a no ser que ese sea el problema.

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