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Una sentencia

"La resolución del Supremo hace pensar que quizá no sea necesario tanto un cambio de ley como una buena lectura de las leyes que ya tenemos"

Foto: Kiko Huesca | EFE

Opinar, discutir y debatir, confrontar ideas se ha convertido en una actividad casi imposible, todo se ha convertido en puro posicionamiento. Lo hemos visto hace unos días con el asunto de sentencia del Tribunal Supremo sobre el caso de La Manada: agresión sexual. A un lado, algunos sectores reclaman la lectura de esa sentencia como una victoria propia. A otro, en el extremo quizá más repugnante –entiendo que esa es una postura muy minoritaria, afortunadamente–, un señor dice que la sentencia es fruto de la presión social de la turba. A veces, los enemigos más extremos se ponen de acuerdo sin darse cuenta. Las dos posturas desprecian el Estado de Derecho, dudan de las instituciones y siembran la desconfianza en el ciudadano.

La resolución del Supremo hace pensar que quizá no sea necesario tanto un cambio de ley como una buena lectura de las leyes que ya tenemos: ha encontrado justificación en la jurisprudencia para cambiar la tipología jurídica del crimen –de abuso a agresión, y con ella la pena a cumplir–. La nueva sentencia (la Fiscalía pedía 18 años) se basó en los hechos probados de la sentencia de la Audiencia de Navarra. La fiscal dijo en su alegato que “No se podía pedir a las víctimas una actitud peligrosamente heroica”. Eso estaba fuera de toda duda: lo que se discutía era si se trataba de intimidación (y por tanto, agresión) o prevalimiento. Sería además deseable dar con protocolos que minimicen la exposición de las víctimas sin menoscabar el derecho a la defensa y la presunción de inocencia de los acusados durante los procesos judiciales. También cabría recordar que nuestro sistema penal no es punitivo sino reinsertivo. Pero antes, que el Estado de derecho se basa en las garantías procesales, y que cuidarlo implica que los criminales (hasta los más indeseables) tengan derecho a defensa.

Pero da igual: poco podemos aprender y corregir con nuestras actitudes cada vez más frentistas y polarizadas, que los medios ceban a diario. Si no saliste a la calle a protestar contra la primera sentencia es que crees que está bien que cinco tíos violen a una chica y después de la violación, le quiten el teléfono y huyan del lugar. Si saliste a protestar, en cambio, es que estás en contra de la presunción de inocencia.

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