Marcela Sarmiento

Una llamada telefónica

Éste ha sido un año intenso en acontecimientos. Hechos que encierran situaciones inexplicables. Circunstancias que sensibilizarían al más apático de los seres humanos.

Opinión

Una llamada telefónica

Éste ha sido un año intenso en acontecimientos. Hechos que encierran situaciones inexplicables. Circunstancias que sensibilizarían al más apático de los seres humanos.

Éste ha sido un año intenso en acontecimientos. Hechos que encierran situaciones inexplicables. Circunstancias que sensibilizarían al más apático de los seres humanos. 

Primero fue en Estados Unidos. Tres jóvenes que durante una década experimentaron lo inimaginable en manos de un captor perverso que las mantuvo encerradas en condiciones inhumanas. Ahora la historia se traslada a Lambeth, Londres, Reino Unido. Otras tres mujeres retenidas en contra de su voluntad en una casa al sur de la ciudad. Un relato terrorífico sobre la esclavitud en nuestros tiempos. Un suceso que destapa una vez más los casos de vejación y sometimiento que sufren millones de personas alrededor del mundo.

Todo empezó con una afinidad política con sus supuestos secuestradores.  Luego se convirtió en una convivencia “colectiva”. Pero, ¿qué pasó después? ¿Cómo lograron sobrevivir a 30 años de cautiverio? ¿Cómo fue posible si no había cadenas que impidieran la huída? La ficción nunca superará la realidad. El infierno vivido por esas víctimas durante tres décadas golpea nuevamente mi capacidad para comprender lo que definitivamente nunca tendrá justificación.

Mientras los supuestos secuestradores gozan de libertad condicional, la policía tiene la tarea urgente e inmediata de dar explicaciones a una sociedad conmocionada y dolida. 

Guardo un profundo respeto por quienes protagonizan éstas noticias. Esas víctimas padecerán de agonía por el resto de su vida. En esas circunstancias la ansiedad y el desconsuelo superan cualquier expectativa. Cuando no se denuncia no se podrá achacar el dolor a nadie. Si se hace, se abre la posibilidad de que  los culpables paguen por la desgracia que han causado. La pareja de ancianos de Lambeth  no contó con que treinta  años no serían suficientes para convencer a un trío de discípulas engañadas. A ellas les tomó el mismo tiempo para atreverse a hacer una llamada telefónica y ser rescatadas.

 

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