Nuria Val

Una legislatura de reconstrucción

"Todo son recelos en estos días de crisis. La palabra dada ya no es óbice de confianza ni de respeto"

Opinión

Una legislatura de reconstrucción
Nuria Val

Nuria Val

Periodista. Reflexiono a partir de la intrahistoria política. Dame un buen libro en la montaña. En constante aprendizaje.

Los Pactos de La Moncloa de 1977 se hicieron en positivo y con sentido de Estado. Adolfo Suárez creó la figura de un vicepresidente económico para llegar a un consenso entre partidos que frenase la dramática situación de la economía. En aquellos años, el paro alcanzó su cifra récord con un millón de personas, mientras que la inflación interanual superó el 30% en algunos meses y la peseta tuvo que ser devaluada. 

Enrique Fuentes Quintana fue una pieza clave. Logró disipar los recelos de algunos barones de la UCD y, junto a Suárez, ganó la confianza y buena disposición del Partido Comunista de Santiago Carrillo. Hoy nadie niega que estos acuerdos supusieron no sólo un impulso a la recién nacida democracia, sino que todas las fuerzas políticas supieron estar a la altura y transmitieron un potente mensaje de unidad a la ciudadanía. 

Unidad es lo que la gente demanda a los políticos, sobre todo, ahora que vienen mal dadas. Si anteponen el partidismo al sentido de Estado se generalizará, aún más, el desprecio por la clase dirigente. Todo son recelos en estos días de crisis. La palabra dada ya no es óbice de confianza ni de respeto. Cada formación prepara ya el escenario post-coronavirus. Y es aquí donde el PSOE ha tomado la delantera. 

Ofrecer unos pactos como los de 1977 supone romper la unilateralidad con la que este Ejecutivo ha actuado con la gestión de la crisis. Sánchez no consensuó las últimas medidas económicas con la oposición, ni con los agentes sociales. Algunos ministros como Margarita Robles asumen que se han podido cometer errores, pero hay que mirar más allá. 

En Moncloa preocupa el día después al Covid-19. Las caras más visibles del Ejecutivo deberán dar explicaciones y a esto se suma la siguiente crisis: la económica. El coronavirus ha provocado una subida histórica del paro y la destrucción de casi un millón de empleos. España no puede lograr financiación de Bruselas solo con el apoyo de Unidas Podemos y ERC. Toca mover ficha y la clave reside en el Partido Popular.

Los populares ya habían adelantado su estrategia pidiendo depurar responsabilidades por la gestión de la crisis. Sus diputados y presidentes autonómicos avanzaron estos días, a través de las redes sociales, la que se les venía encima a los ministros y al propio Sánchez. 

Los socialistas buscan con estos pactos un cortafuegos que no dinamite la legislatura. Sin embargo, cuentan con ese socio extraño que tanto pelea sus iniciativas, como se pone medallas resaltando la existencia de dos ejecutivos en mitad de tan grave crisis. Los populares no atenderán mientras Podemos vea un “cambio de paradigma” para romper los pilares del sistema. 

También las reglas del juego han cambiado y los Pactos de La Moncloa no encajarían en el actual sistema parlamentario. Por ello, en Génova no verían mal una suerte de Pactos de Estado, como los que ofreció Casado a Sánchez para sacar adelante su investidura. Está claro que va a ser una legislatura de reconstrucción. Pero esto no tiene que servir de salvoconducto del Gobierno, ni para que cada que cual pida su reino. La Generalitat ya ha anunciado que abre la puerta a los pactos, sólo si miran hacia Cataluña. Urge una legislatura de reconstrucción. Reconstrucción de los partidos, pero, sobre todo, del país.  

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