María Jesús Espinosa de los Monteros

Todo lo que tengo sé de dónde viene

“El libro de este diseñador de 88 años es un manual vital que reivindica el diseño como una forma de ‘mirar la vida con lupa’”

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Todo lo que tengo sé de dónde viene
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María Jesús Espinosa de los Monteros

María Jesús Espinosa de los Monteros

Apasionada de la radio, los podcasts, la literatura y el cine. Una vez hice una tesis doctoral sobre R. W. Fassbinder. También tengo dos Premios Ondas.

La frase que da título a esta columna está extraída de Lo esencial. El diseño y otras cosas de la vida, las memorias del diseñador Miguel Milá, publicadas en la editorial Lumen, con edición y epílogo de Anatxu Zabalbeascoa.

Lo esencial es mucho más que un libro sobre diseño, a no ser que entendamos el diseño a la manera Milá, es decir, como una forma de ordenar el mundo manteniendo su emoción estética, su belleza. ¿Por qué todo diseño debería ser razonable si la estética es lo menos razonable que hay? El libro de este diseñador de 88 años -que busca la dignidad de la vejez en el diseño de una barandilla en los accesos de los escenarios- es un manual vital que reivindica el diseño como una forma de “mirar la vida con lupa”. Su inteligencia, su sensatez, su naturalidad (“Mi fuente de inspiración no son las ferias de diseño, ni las revistas ni los libros. A mí me encantan las ferreterías”), su extrema lucidez supura en cada página. Su escritura es, finalmente un reflejo de su forma de diseñar: funcional, sencilla y bella, “familiar y de andar por casa”.

Miguel confiesa que “aprendió haciendo” y ésta es una de las lecciones más útiles, más hermosas del libro. Da la sensación leyendo cada página que la levedad sería una forma de vida extraordinaria: quitarse los pesos e ir a la médula. De ahí algunas afirmaciones que son revolucionarias por su simplicidad, por su verdad de Perogrullo: “lo importante de una lámpara es que alumbre”; “multiplicar la riqueza y no el dinero”; “más de matices que de revoluciones”; “viajar te pone en tu sitio”; “exponer es exponerse”.

Este libro tan luminoso te recuerda algo tan primordial como que los objetos, pese a nacer muertos, contienen nuestra propia vida, nuestra historia. Nos revelan. ¿Quién no conserva aquel vestido de su abuela e imagina su energía llevándolo? ¿Por qué nos duele tanto observar los objetos de los recién fallecidos? ¿Por qué, antes de que un bebé nazca, lo primero que recibe son objetos?

Todo lo que les cuento no tendría ningún valor si no fuera porque este libro está repleto de dos características que han definido a Miguel Milá: su sentido del humor y del amor, dos ingredientes para conquistar la felicidad vital que el lector experimentará al terminar las 200 páginas de una obra verdaderamente esencial.

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