Javier Quero

Tiempo al tiempo

En esta España, en la que no pasa el tiempo, el cambio del tiempo es lo único que pasa. Aquí, sólo se cumplen las previsiones meteorológicas. Las electorales, ni de casualidad.

Opinión

Tiempo al tiempo
Javier Quero

Javier Quero

Español. Periodista. Humorista. Ilustrador. Fundador de creActivos. Observador estupefacto. Superviviente.

En esta España, en la que no pasa el tiempo, el cambio del tiempo es lo único que pasa. Aquí, sólo se cumplen las previsiones meteorológicas. Las electorales, ni de casualidad.

En esta España, en la que no pasa el tiempo, el cambio del tiempo es lo único que pasa. Aquí, sólo se cumplen las previsiones meteorológicas. Las electorales, ni de casualidad. Los votantes se quedan helados como la locomotora de la imagen. Los primeros, por la ola de mediocridad. La segunda, por la ola de frío.

Ya no miramos al cielo para prever la que se nos viene encima. Eso lo hacemos sólo con el consejo de ministros, sobre todo si comparece Montoro. La sabiduría popular, términos antagónicos llevados a la política de hoy, acuñó dichos como el del célebre grajo que al volar bajo anunciaba un frío del carajo o el enigmático trabalenguas sobre las inevitables consecuencias cuando marzo mayea y mayo marcea. La clarividencia del hombre de campo, capaz de predecir entre nublos la proximidad del aguacero, se ha suplido por el parte meteorológico.

El personal se pirra por las isobaras. Por eso, la información meteorológica en TVE se dilata de modo que cuando acaba la previsión para el martes ya es miércoles. Así es como el espacio del tiempo ha desafiado las leyes del espacio tiempo. En eso debe de consistir lo de dar tiempo al tiempo.

Estrecho es el margen de maniobra, a pesar de tan sobrado conocimiento, cuando la naturaleza se encarga de recordarnos lo frágiles que somos. El hombre, concebido como centro del universo, es un pelele ante los antojos atmosféricos. Lo mismo que el votante, centro de la democracia, es un monigote ante los caprichos económicos.

Metidos a aventurar las crisis naturales, no nos detuvimos a pronosticar las crisis humanas. Y en esas estamos, administrados por quienes nos orinan encima y se excusan diciendo que llueve. Nos piden tiempo. Y que al mal tiempo pongamos buena cara. Pero se acaba el tiempo y no llegan nuevos tiempos.

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