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¿SheToo?

Foto: Vianney Le Caer | Invision/AP

Las polémicas se suceden a tal ritmo que caen líderes, ídolos y referentes morales que todavía no sabía que existían. Así la actriz Asia Argento que, por si ustedes tampoco la conocen, parece ser una de las voces cantantes del #MeToo, que había denunciado públicamente que Harvey Weinstein abusó sexualmente de ella. Imagino que no serían pocos quienes la habían convertido en un ángel, en mujer pura y virtuosa en la lucha contra el mal que Weinstein y sus semejantes han venido representando estos últimos tiempos. E imagino que no serán menos quienes simplemente se olviden de ella por ser ya un ángel caído, inútil para la causa e irrelevante para perder el tiempo en condenas públicas. Porque ha salido un chico, actor fracasado, a decir y a mostrar que tuvo sexo con ella, o mas bien que ella tuvo sexo con él, cuando él era menor de edad y ella una estrella de la pantalla.

Porque la verdad es que todo el juicio se basa en la idea y vuelta de sentimientos que si escapan al control de sus sujetos imaginen cómo no van a escapar a nuestro conocimiento. Todos los hechos son irrelevantes frente al hecho, terrible o ridículo, de que lo que siente realmente el uno cuando se acuesta con el otro. Y de lo que siente antes y de lo que siente después, incluso años después, de haberse acostado con él. Los mismos hechos que condenan ahora a la actriz, aunque fuese sólo una condena por hipocresía, la exculpan por si mismos, si no de todo delito, sin duda de todo pecado. No tengo tiempo ni ganas de ofrecer aquí todas las posibles explicaciones o interpretaciones alternativas de los sentimientos de los afectados, pero uno puede imaginar perfectamente muchas de ellas que los exculpen a los dos de toda maldad y que convierta su historia en una tragedia tan grande como puede serlo la vida misma. Cabe imaginar un romance apasionado entre actores de distintas edades y de distinto estatus y cabe suponer que tampoco esta vez pudo la ley frenar el deseo de los dos enamorados. Cabe imaginar al chico presumiendo como conquistador ante sus amigos y sufriendo como un pardillo frente a la amada. Cabe imaginar al chico fracasar como actor como fracasan tantos, casi todos, y caer en la tentación de abusar de la compasión de su antigua amada para tratar de arrancarle un millonario pacto de silencio.

Cabe, en definitiva, imaginarlo casi todo, comprenderlo y condenarlo casi todo y aceptar por lo tanto que más allá de los hechos y las leyes, más allá de lo único que es relevante  para el caso pero irrelevante para la opinión pública, que, es la edad de consentimiento legal, todos estos juicios sobre el amor, el sexo, el poder y el dinero son necesariamente injustos porque son necesariamente arbitrarios, a merced del momento y  el ambiente que haya dejado el escándalo precedente.

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