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Sacrificio inútil

Boko Haram revela la maldad perversa de tantos asesinos que emplean niños y niñas en sus atrocidades. Les suministran drogas. Les inoculan el miedo a la jefatura. Les instruyen mínimamente en el manejo de las armas. Y de ahí a la ruleta rusa. A morir la vida.

No tienen intención de cesar en el horror. Boko Haram, la organización terrorista fundada en 2002 por el fundamentalista islámico Ustaz Mohammed Yusuf, hoy liderada por Abubakar Shekau, ha cometido esta semana cuatro atentados suicidas. La Policía nigeriana no puede con ellos pese a la ayuda internacional. En la imagen de Reuters, agentes policiales y de los servicios de información comienzan las indagaciones sobre el terreno tras inmolarse una mujer. La sensación que revela la fotografía es de cierto despiste en la desolación.

Boko Haram simboliza la terrible moda de perseguir a los cristianos que se extiende por el planeta. Y revela la maldad perversa de tantos asesinos que emplean niños y niñas en sus atrocidades. Niñas y niños que han sido arrebatados a la fuerza a sus familias. Después les suministran drogas. Acto seguido les inoculan el miedo a la jefatura. A continuación, les instruyen mínimamente en el manejo de las armas. Y de ahí a la ruleta rusa. A morir la vida.

Acaban de capturar a una niña de 10 años que portaba un cinturón explosivo en Katsina. Pretendía provocar una matanza. Una niña más en la larga lista de pequeños que son utilizados por organizaciones criminales en su cobardía y su fanatismo. Confieso mi incapacidad para entender tanta maldad. Mi estupor ante quienes destruyen la infancia ahogándola en dolor, sangre y muerte. Los de Boko Haram no son los primeros ni serán los últimos.

Los niños, la infancia, debe transcurrir de asombro en asombro, de aprendizaje en aprendizaje. En ella dibujamos nuestro futuro. A veces, como decía Benedetti, puede terminar siendo un paraíso perdido. Pero estos canallas convierten la de estos críos en un infierno insoportable. Malditos sean por siempre. Y benditos sean los niños entregados a un sacrificio inútil.

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