Javier Quero

Reypublicanos

Fue un trámite. Rajoy lo despachó como cualquier notario se ventila la anodina lectura de una escritura de compraventa. Sin emoción ni solemnidad. Como un juez solventa un matrimonio civil.

Opinión

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Javier Quero

Javier Quero

Español. Periodista. Humorista. Ilustrador. Fundador de creActivos. Observador estupefacto. Superviviente.

Fue un trámite. Rajoy lo despachó como cualquier notario se ventila la anodina lectura de una escritura de compraventa. Sin emoción ni solemnidad. Como un juez solventa un matrimonio civil.

Fue un trámite. Rajoy lo despachó como cualquier notario se ventila la anodina lectura de una escritura de compraventa. Sin emoción ni solemnidad. Como un juez solventa un matrimonio civil. Como un funcionario de Hacienda enumera la ringlera de impresos necesarios para emprender la heroica aventura de ser autónomo. Como Del Bosque lee la alineación de la selección. Lo podían haber abreviado aún más: el rey se va; viene su hijo. Y a otra cosa, que hay mucho que hacer.

Sesión parlamentaria histórica, pero aburrida cual carrera de balandros si no fuera por los exotismos periféricos. Comunistas que plantean la incompatibilidad entre democracia y monarquía como si comunismo y democracia hubiesen sido alguna vez compatibles. Nacionalistas tibios que no quieren votar sí y no se atreven a votar no. Separatistas que exigen al nuevo rey de España que su primera medida sea destruir España.

La suma de todos ellos compone el minúsculo arco parlamentario que asegura poseer el método infalible para gobernarnos. ¡Uf!Los socialistas son otra cosa. Bastante tienen con intentar refundar un partido como para meterse a reestructurar un Estado. Con una nueva pirueta dialéctica, el PSOE ha reafirmado su coherencia: «somos republicanos compatibles con la monarquía parlamentaria». Reypublicanos, vamos. Con la que tienen liada se demuestra que un socialista es compatible con cualquier cosa salvo con otro socialista. A los que pretender atribuir el origen de todos los males de nuestro país a la monarquía basta señalarles cuán exiguo es el poder del rey, que hasta para abdicar tiene que pedir permiso al Congreso. Como lo pidió, a todos los españoles, mediante referéndum, para ser coronado. Eso sí fue urna grande y libre.

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