Marta Garcia Bruno

Revolución felina

Gatos negros, símbolo de venganza, brujería, o animal mágico, según se mire. Protagonistas de cuentos para no dormir. Y pese a todo, siguen siendo una de las mascotas favoritas. Mientras no sean negros...

Opinión

Revolución felina
Marta Garcia Bruno

Marta Garcia Bruno

Periodista y futura politóloga. Profesora UFV.

Gatos negros, símbolo de venganza, brujería, o animal mágico, según se mire. Protagonistas de cuentos para no dormir. Y pese a todo, siguen siendo una de las mascotas favoritas. Mientras no sean negros…

Gatos. Animales poco adorables de los que se puede esperar de todo menos un gesto cariñoso. Son el símbolo de la noche, ojos penetrantes, que si hablaran dejarían muchas historias de riñas nocturnas, maullidos de tristeza, lunas llenas, poca comida que llevarse a la boca. Y para los que no aprecian a los felinos, cara de pocos amigos.

Gatos negros, símbolo de venganza, brujería, o animal mágico, según se mire. En Riga (Letonia), un mercader decidió vengarse del Gran Gremio que le rechazó por ser letón en lugar de un distinguido alemán. Y en el plato frío se servían los felinos oscuros. Nada más humillante para la época que colocar dos estatuas en la azotea del edifico, dos gatos arqueados y dando la espalda a sus enemigos. Al final cambió de posición a los mininos, pero no sin antes ganar su batalla legal. Desde entonces la historia ha venido como anillo al dedo a la ciudad para convertir a los famosos gatitos en símbolo del enclave letón para vender toda clase de souvenirs.¿Mala suerte o un ingenioso método de merchandising? Pues más bien lo segundo.

De considerarlos animales sagrados en Egipto a que el supersticioso se eche a temblar cuando se le cruza uno en la calle. Dicen incluso que los marineros los llevaban en el barco porque era un signo de buena suerte. En Italia creen que si se posa en la cama de un enfermo supone que este morirá. Hasta ser la terrible víctima de la locura de aquel hombre desquiciado, que acabó ahorcándolo sin ser consciente de la que se le venía encima. Plutón se llamaba el pobre gato al que Edgar Allan Poe quiso hacer protagonista de esa gran obra sobre los peligros reales del terror psicológico.

Protagonistas de cuentos para no dormir. Y pese a todo, siguen siendo una de las mascotas favoritas. Mientras no sean negros…

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