Laura Fàbregas

República abierta, Parlament cerrado

No había mejor escenario que un teatro –el Teatro Nacional de Cataluña- para acoger el discurso lleno de mentiras del presidente de la Generalitat. A diferencia del teatro convencional, no obstante, su discurso no ha conseguido ni emocionar ni a los más convencidos ni aportar un atisbo de esperanza en esta enésima nueva hoja de ruta que indefectiblemente culmina con el muro del Estado.

Opinión

República abierta, Parlament cerrado
Foto: Lluis Gene
Laura Fàbregas

Laura Fàbregas

Vivo entre Madrid y Barcelona. En tierra de nadie. Me interesan las causas incómodas. Pero lo importante no es lo que se dice sino lo que se hace.

No había mejor escenario que un teatro –el Teatro Nacional de Cataluña- para acoger el discurso lleno de mentiras del presidente de la Generalitat. A diferencia del teatro convencional, no obstante, su discurso no ha conseguido ni emocionar ni a los más convencidos ni aportar un atisbo de esperanza en esta enésima nueva hoja de ruta que indefectiblemente culmina con el muro del Estado.

La única salida de Torra es parapetarse detrás de la ciudadanía, y por eso también en su última intervención de este martes ha apelado a la movilización constante en las calles. El presidente catalán sigue refiriéndose al movimiento secesionista como el “pueblo” de Cataluña y en una entrevista en TV3 decía que “se negaba” a creer que no tenían la mayoría social, como si los deseos pudieran reemplazar los datos.

A ese respecto, el periodista Iñaki Ellakuría hacía una interesante observación: desde que es presidente, Torra solo ha visitado los pueblos y las fiestas de la zona rural de la región, pero no ha pisado ni Hospitalet de Llobregat ni Santa Coloma de Gramanet.

Lo que pretende Torra es proyectar la imagen a la comunidad internacional de en un conflicto entre España y Cataluña, y para ello seguirá obviando a la mitad de catalanes que no comulgan con su hoja de ruta. Torra ha hablado de una futura república democrática, abierta al mundo e inclusiva. Y es que el independentismo de Torra, como las grandes ideologías del siglo XX, es teleológico. Aspira a un fin donde supuestamente todos van a vivir mejor.

Por el camino, no obstante, se olvida de que el órgano democrático que controla el Govern lleva tres meses cerrado y que la mitad de la población, aunque los ignore, también son “pueblo” de Cataluña. Y tienen derechos. Pero quién quiere un Parlamento en la tierra si tienen su república en el cielo…

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