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Refranes que la ciencia demuestra

Hay ojos que nunca miran y hay sonrisas que enamoran. No pretendo ser demasiado serio empezando agosto, pero también se dice que “La alegría alarga la vida”. Ténganlo en cuenta, que todo se acaba demostrando.

El método científico se basa en la posibilidad de repetir un determinado experimento, en cualquier lugar y por cualquier persona. Por eso no resulta extraño que los refranes, compendio de sabiduría de siglos, contengan también una cierta base científica. Hay muchos que son irrefutables porque se cumplen, una y otra vez, irremisiblemente. Pueden ser meteorológicos: “Cielo aborregado, suelo mojado”; agrícolas: “Cada día que pasa de enero, pierde un ajo el ajero”; policíacos: “Se caza antes a un mentiroso que a un cojo” y hasta psicológicos: “El que casa por todo pasa”... Lo que les decía: como se puede apreciar, pura ciencia.
 
Según un estudio realizado en el Reino Unido publicado por la revista científica PNAS ha quedado comprobado que “La cara es el espejo del alma”. Y no se refiere precisamente a que una cara de cabreo demuestre que la persona que la dibuja esté realmente enfadada, como suele ocurrir: basta ver a alguien en Madrid hablando a un parquímetro. La cosa es más seria: pequeños cambios en las medidas de nuestras facciones determinan que los demás confíen más en nosotros o, por el contrario, les caigamos como el culo. Esto me recuerda a eso que los sociólogos de los Estados Unidos suelen indicar cuando hay elecciones: la gente no se fía de los políticos con barba y algún motivo habrá: aquí ganó Rajoy y así estamos. Nadie duda de que ciertas barbas esconden cosas tremebundas.
 
No lo voy a negar: a mí hay gente que me cae bien o mal según la veo. Intento no hacer mucho caso de esas intuiciones pero siempre uno se acaba diciendo: se le veía venir. Hay ojos que nunca miran y hay sonrisas que enamoran. No pretendo ser demasiado serio empezando agosto, pero también se dice que “La alegría alarga la vida”. Ténganlo en cuenta, que todo se acaba demostrando.

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