Salvador Aragonés

¡Qué niños más tristes!

Y 64 millones de niños están tristes, y morirán, por causas que tienen solución. Son la falta de alimentos, de vacunas, de salubridad, de las migraciones obligadas…. En otras palabras por falta de un mejor reparto de los bienes de la Tierra, por la falta de un sentimiento y una voluntad de justicia.

Opinión

¡Qué niños más tristes!

Y 64 millones de niños están tristes, y morirán, por causas que tienen solución. Son la falta de alimentos, de vacunas, de salubridad, de las migraciones obligadas…. En otras palabras por falta de un mejor reparto de los bienes de la Tierra, por la falta de un sentimiento y una voluntad de justicia.

¡Casi cuatro millones de niños al año! Según Unicef, 65 millones de niños menores de cinco años podrían morir en los próximos 15 años.

¡Qué doloroso es ver las caras de niños tristes! ¿Alguien se puede imaginar una cara de un niño triste, hoy, mañana, pasado y siempre? Un niño triste ha dejado de ser niño, y todo porque le faltan alimentos, medicinas elementales, higiene mínima, una familia… Y las madres sufren con los niños: no pueden dar a sus hijos lo mínimo que necesitan, y por eso los niños están tristes.

Nunca faltará la esperanza de un mañana mejor, pero por el momento los niños, millones de niños en el mundo, están tristes, por la miopía de quienes, pudiendo, no hacen sonreír a estos niños. Hay una ecología, como acaba de recordar el papa Francisco, que consiste en cuidar que los hombres no sufran por su pobreza y su miseria, que la riqueza esté mejor repartida, que haya menos egoísmo y más altruismo, más amor y menos indiferencia.

Y 64 millones de niños están tristes, y morirán, por causas que tienen solución. Son la falta de alimentos, de vacunas, de salubridad, de las migraciones obligadas…. En otras palabras por falta de un mejor reparto de los bienes de la Tierra, por la falta de un sentimiento y una voluntad de justicia.

A estos niños tristes no les puede faltar la esperanza, la luz que está al final del túnel y que brillará cuando el hombre cuide del hombre, cuando el hombre cuide la Tierra, el equilibrio ecológico, cuando el hombre deje de destruir al hombre el primer bien de la ecología, de la creación que hizo Dios. 

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