Blas Pinar Pinedo

Proteger al lobo, matar a Caperucita

No podía ser de otra manera en una Europa gobernada por esquemas ideológicos invertidos. Miles de pastores franceses se manifiestan indignados para protestar por las leyes de protección a los lobos.

Opinión

Proteger al lobo, matar a Caperucita

No podía ser de otra manera en una Europa gobernada por esquemas ideológicos invertidos. Miles de pastores franceses se manifiestan indignados para protestar por las leyes de protección a los lobos.

No podía ser de otra manera en una Europa gobernada por esquemas ideológicos invertidos. Miles de pastores franceses se manifiestan indignados para protestar por las leyes de protección a los lobos. Afirman que han muerto más de ocho mil ovejas en los ataques facilitados por una incomprensible legislación.

El lobo es un animal precioso y merece existir, dentro del orden de prioridades que exige una estructura mental bien construida. Pero hay un ecologismo salvaje que adora la naturaleza y que defiende intereses contrapuestos a intereses justos de las personas. Por eso, nuevas inquisiciones nos obligan a prohibir avances científicos que aumentarían la producción de alimentos en un mundo donde tantos millones mueren de hambre y, también, se imponen que se dediquen más fondos y energías a proteger cualquier crustáceo que a ayudar a una madre desesperada. Protejamos al cangrejo singular, aborte a su niño. Que se fastidien los pastores, el lobo merece toda nuestra adoración. Uno pudiera pensar que nos gobiernan los ignorantes, pero si olvida el buenismo destructivo, acaba por concluir que nos gobiernan los malvados.

Con esa mentalidad tan progresista, cuya aplicación radical te puede suponer la canonización laica y en vida por parte de los poderes actuales, acabamos teniendo terroristas en los parlamentos, premiando a los delincuentes que atacan lo que conviene y hasta indultan a los corruptos porque siempre pudieron robar por una buena causa. Ahora entiendo por qué el progresismo ha querido prohibir los cuentos clásicos: la madre, la abuela, Caperucita y el cazador son fascistas intolerantes y, quien hace lo correcto, es el lobo comiéndoselos a todos, a unas por pertenecer a una familia que se quiere y, al otro, por cumplir con su deber.

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