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¿Princesas?

La mayoría de los niños del planeta son nadies y solo tienen expectativa de morir la vida. No quieren ser príncipes ni princesas. Tampoco futbolistas o profesoras. La mayoría de los niños del planeta aspiran solo a vivir.

La foto de Denis Charlet está tomada en Francia. La noticia habla de España. Los niños quieren ser futbolistas y buscan reconocimiento social. Las niñas, profesoras, dedicarse a labores que implican ayudar a los demás. La niña de la imagen es bellísima de espaldas. La falda de volantes. La camiseta superpuesta sobre otra. Esas trenzas en un cabello de oro. La tiza agarrada con esas manos infantilmente gruesas. Y escribe sobre el regreso, se supone que a la escuela.

Me ha recordado a la hija de una hermanita del alma. Se por qué. No por el físico, que también. Por la belleza que se le adivina. Porque eguro que tiene una madre, como aquella en la que pienso al escribir esto, que es una mujer de raíces, que la está educando y formando para ser, esencialmente, buena. Y para ser persona, de entidad, de fuste, de carácter, como ella. Pero buena. Porque de siempre las niñas han querido ser princesas. Y si tienen una madre mitad reina mitad princesa tienen mas del camino recorrido. Y es bueno que los niños sean formados para ser buenos y hacer el bien.

Lo malo es que la mayoría de los niños del planeta son nadies y solo tienen expectativa de morir la vida. Sí. No quiero ponerme triste, ni demagogo. Es la realidad. No quieren ser príncipes ni princesas. Probablemente tampoco futbolistas o profesoras. La mayoría de los niños del planeta aspiran solo a vivir, comer, no pasar hambre, no tener sed, poder calzar unos zapatos dignos, poder abrigarse, o refrescarse cuando el calor ahoga. Cosas obvias para nosotros pero sueños para ellos. Y conviene repetirlo para que no se nos olvide. Los niños son las principales víctimas de la codicia y el egoísmo que inundan el mundo. Y no es esto. No debiera ser esto. Las niñas y los niños, de todo el mundo, es bueno que quieran ser princesas, o príncipes, de cuento. Pero no lo van a ser. Y si nos lo proponemos entre todos, al menos podríamos conseguir que fueran alguien, que tuvieran una expectativa. Pensad sobre ello. Sobrecoge el alma pensar en los niños nadie cuyo horizonte es tan negro como una madrugada oscura en la que nunca aparecerá el sol.

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