Marcel Gascón Barberá

El primer escándalo de Bolsonaro

Aún no ha tomado posesión en el palacio del Planalto y ya ha estallado el primer escándalo de la presidencia de Bolsonaro. Pero contra lo que podría pensarse después de toda la polvareda levantada por sus mensajes a favor de la tortura o en contra de los pobres y los gays, el escándalo no le afecta a él, sino a uno de los enemigos ideológicos que prometió combatir si llegaba al poder: la Cuba castrista.

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El primer escándalo de Bolsonaro
Foto: Adriano Machado| Reuters

Aún no ha tomado posesión en el palacio del Planalto y ya ha estallado el primer escándalo de la presidencia de Bolsonaro. Pero contra lo que podría pensarse después de toda la polvareda levantada por sus mensajes a favor de la tortura o en contra de los pobres y los gays, el escándalo no le afecta a él, sino a uno de los enemigos ideológicos que prometió combatir si llegaba al poder: la Cuba castrista.

Cuba tiene desplegados en Brasil a más de 11.000 médicos, que ofrecen asistencia en zonas pobres del país y refuerzan el prestigio sanitario de que goza el castrismo a nivel mundial. En una entrevista concedida la semana pasada, el presidente electo brasileño se refirió a ellos sumándose a dos de las críticas habituales que se hacen a los doctores que La Habana manda a distintos países amigos alrededor del mundo, entre los que se contaba hasta ahora Brasil. La primera de estas críticas se refería a la supuesta falta de formación de estos médicos; la segunda, a las condiciones a las que les somete su empleador.

Lejos de limitarse a señalar estos problemas, Bolsonaro prometió actuar para resolverlos. Por una parte, exigiendo un examen de capacitación a todos los médicos que envíe Cuba, sin el que los doctores no podrían trabajar en Brasil a partir de ahora. La otra medida anunciada por el nuevo jefe del Estado brasileño fue que su gobierno pagaría los sueldos directamente a los médicos (como hace con los médicos de otros países), y no al Estado cubano como hasta ahora. A partir de ese momento, Cuba debía permitir a los médicos que trabajan en Brasil llevar a sus familias con ellos, algo que el gobierno cubano prohíbe a sus profesionales sanitarios en el exterior.

Como era de esperar, el gobierno de La Habana no aceptó las enmiendas de Bolsonaro al acuerdo de cooperación, y retirará a los miles de médicos que tiene en Brasil al considerar la actitud del político brasileño “despectiva y amenazante”. Bolsonaro ha respondido ofreciendo asilo a los médicos cubanos que no quieran ser repatriados a la isla, pero más allá de las consecuencias concretas que traiga, el enfrentamiento ha tenido la virtud de revelar a quienes no las conocíamos la manera en la que Cuba trata a los médicos que envía por el mundo.

Según la BBC, Cuba solo transfiere a los médicos el 25 por ciento de lo que recibe de Brasil por el trabajo de cada uno de ellos, que además, y entre otras restricciones impensables para funcionarios de cualquier país libre, no pueden llevar a sus familiares a vivir al país al que se les destina.

Esta manera de tratar a unos trabajadores -que permite al paupérrimo Estado cubano ingresar unos cuantos dólares y busca evitar deserciones- habría provocado hace tiempo la indignación de la opinión pública mundial si el responsable hubiera sido cualquier otro gobierno o una empresa privada. Pero, como en tantas otras cosas, el manto romántico que la envuelve tapa todas las infamias de la revolución castrista. Bien por Bolsonaro, que lo ha levantado un poquito.

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