Javier Capitan

Porteños somos todos

Protestan a lo loco, sin reflexionar, porque en plena ola de calor encender hogueras no hace más que calentar el ambiente. Un liderazgo creativo hubiera impulsado las barricadas con bloques de hielo

Opinión

Porteños somos todos

Protestan a lo loco, sin reflexionar, porque en plena ola de calor encender hogueras no hace más que calentar el ambiente. Un liderazgo creativo hubiera impulsado las barricadas con bloques de hielo

La ola de calor que se vive en Buenos Aires ha puesto a funcionar a todo trapo los aparatos de aire acondicionado hasta que los electrones han decidido que el fresquito de los humanos no va a recaer sobre el calor de su constante fluir. Y, claro, han dicho basta y han declarado una huelga de electrones que, antes o después, acaba cortando el suministro eléctrico. Una sociedad como la nuestra, eléctrico-dependiente, es incapaz de vivir sin desesperarse los cortes de electricidad y, como no podía se de otra forma, los porteños se han lanzado a la calle a protestar.

Lo curioso del caso, como se ve en la magnífica foto que ilustra la noticia, es que les ha dado por encender hogueras en el centro de la ciudad. Protestan a lo loco, sin reflexionar, porque en plena ola de calor encender hogueras no hace más que calentar el ambiente. Un liderazgo creativo hubiera impulsado las barricadas con bloques de hielo, que, por otra parte, se podrían haber sacado del entorno del buque encallado en la Antártida y así, de paso, se les facilitaba la salida de su gélido atasco solitario.

Pero volviendo a la foto, me da la impresión de que la madera quemada pertenece a una de esas cajas en que transportamos frutas o verduras. Nunca he hablado con una caja ni sé si su corazoncito sufre por esta inmolación involuntaria que castiga injustamente una vida de dedicación al transporte de lo que deglutimos. Pero los seres humanos no tenemos corazón y, en nuestro egoísmo, si pasamos un poco de calor, convertimos en rescoldo a una indefensa caja. Esa caja, hecha de trocitos de madera entrecruzados, no es más que la metáfora de lo que hacemos con sus antepasados árboles y con la naturaleza que nos rodea. Porque si pasamos calor, nos da igual que nos estemos cargando nuestro entorno. No pensamos más allá de unos chorritos de aire frío. Porteños somos todos.

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