Xabier R. Blanco

Pobres vergonzantes, sociedad sinvergüenza

No acaba el día sin que veamos por estos pagos a una persona sin recursos encaramada a un cubo de basura para procurarse el sustento, pero también hay otra clase de personas que no se atreven ni a pedir porque su situación les produce impotencia y culpabilidad. Se llaman pobres vergonzantes.

Opinión

Pobres vergonzantes, sociedad sinvergüenza

No acaba el día sin que veamos por estos pagos a una persona sin recursos encaramada a un cubo de basura para procurarse el sustento, pero también hay otra clase de personas que no se atreven ni a pedir porque su situación les produce impotencia y culpabilidad. Se llaman pobres vergonzantes.

La chiquilla que aparece en la fotografía mira con descaro a la cámara mientras rebusca comida en un vertedero. Vergüenza tendría que darnos a los que contemplamos esta imagen descorazonadora. Mientras se arrojan a la basura 1.300 millones de toneladas de alimentos, 795 millones de almas mueren a causa de la desnutrición. Es un dato indecente. Con una cuarta parte de esa comida desperdiciada se acabaría con el hambre en el planeta, advierte la FAO.

Cuando a Dolores, una beata de carácter avinagrado, verbo afilado y buen corazón, se le preguntaba “¿qué hay?” a modo de saludo, siempre respondía con una frase demoledora: “Mucho y mal repartido”. Tenía razón. En Estados Unidos, Canadá y Australia el 39% de la cesta de la compra acaba en el contenedor, según nos dice el pie de esta fotografía. Este dispendio tendría que estar multado.

No acaba el día sin que veamos por estos pagos a una persona sin recursos encaramada a un cubo de basura para procurarse el sustento, pero también hay otra clase de personas que no se atreven ni a pedir porque su situación les produce impotencia y culpabilidad. Se llaman pobres vergonzantes. Gente que hace no mucho tenía una situación acomodada y ahora se acercan a los comedores sociales por la puerta de atrás para sacudirse el hambre en casa. En la Cocina Económica de A Coruña se dan más servicios en esta ventanilla que en la mesa.

Le puede suceder a cualquiera. Hace algo más de un año, un buen bailarín de ‘ballet’ se encontró con un periodista en un comedor social al que había acudido para elaborar un reportaje. Los dos agacharon la cabeza e hicieron que no se reconocían. Una lástima. Su historia hubiese contribuido a que se visualice la situación que estamos atravesando. No se puede mirar hacia otra parte.

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