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Pasar lista

En Harvard han decidido pasar lista en clase. Debe ser que los chicos faltan bastante y se quedan dormidos en casa o se van al bar si el profesor es un poco rollo.

En Harvard han decidido pasar lista en clase. Debe ser que los chicos faltan bastante y se quedan dormidos en casa o se van al bar si el profesor es un poco rollo. Porque en Harvard, yo lo sé, también hay profesores francamente aburridos.

Hacen lo mismo que en mi colegio. Allí el procedimiento era más simple. El profesor leía la lista por orden alfabético de apellidos. (Yo era el segundo. Abad era el primero). Unos contestábamos“¡presente!” y otros, pocos, “¡servidor!”.

Son más modernos en Harvard. Han puesto cámaras ocultas que registran cuántos asientos están vacíos. Supongo que no solo señalan cuántos, sino cuáles. Y como los alumnos suelen ocupar siempre el mismo sitio, como los que vamos a Misa ocupamos el mismo banco, si la cámara funciona bien, puede detectar quién lleva mes y medio sin acercarse por allí y, en consecuencia, el Decano escribirá una carta a los padres del chaval, diciéndoles que su hijo, mucho MBA y mucho Harvard, pero que aquí nadie le conoce. Pero que, a cuatro pasos, en Harvard Square, donde hay muchos bares, es muy famoso. (Allí también tienen cámaras ocultas).

A los alumnos no les gusta el sistema, por temor a la invasión de su intimidad. Porque si invaden tu intimidad porque tú permites que la invadan, bien. Pero esto es a traición y a eso no jugamos.

Jaime Arreola y Priyanka Nishar han ido a clase. La cámara les ha pillado escuchando atentamente a esa chica tan maja que hay en el centro, que debe ser la profesora. No puedo asegurar que Arreola sea Arreola y que Nishar sea Nishar, porque les han cogido de espaldas y pueden ser dos amigos a los que Jaime y Priyanka les pagan para quedar bien ante sus padres.

Los tiempos adelantan. Pero me gustaba más lo de presente y servidor. Era más limpio, más directo y no invadía la intimidad de nadie.

Y si Abad (el primero de la lista) o Abadía (el segundo), pagaban a alguien para que ocupara sus sitios, el profesor lo detectaba inmediatamente y Abad y Abadía salían por la primera puerta que estuviera abierta, camino de sus casas, donde les esperaban sus padres, que no se habían enterado en aquellos tiempos de lo importante que era la privacidad.

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