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Pasado el día, pasada la romería

Desde los 16 en las tablas. Trabajando como una desgraciada. Media carrera de cine. Historia viva del país que no del Franquismo. El hambre no entiende de colores, estarán de acuerdo conmigo. Su última etapa en programas de prensa rosa para matar el gusanillo. Eso los puristas no se lo perdonan.

Me levanté anteayer por la mañana leyendo la prensa como todos los días. Me tomé el café hirviendo. Puñetera manía de poner el microondas más de minuto y medio. "Marujita ha muerto". Me preguntaba qué tipo de titulares le darían y puedo decir que ya no me atraganto del trato que la prensa le damos a determinados personajes.

Los latinos, como buen género de sangre caliente, admiramos más lo que tiene el otro. Mucho, mucho más que lo que ha hecho el otro. Es una cuestión ésta de envidia. Ni sana, ni no sana. Mierda de envidia. Un Estado en el que no reconocemos figuras. En el que no escuchamos a los que saben. En el que todos creemos que sabemos. En el que no reconocemos a la gente que se lo merece. En el periodismo también sufrimos esa enfermedad.

Maruja Díaz solo apareció en una portada de un diario nacional este miércoles. “Fallece a los 83 años una de las grandes de la copla española de la segunda mitad del S.XX”. El titular era tan solemne que casi me quemo la lengua con el café. “Cáspita” dije (“anda”, para los de la LOGSE) “Ni que Marujita hubiera ganado el Nobel”, pensé. Pero se lo merecía. Una de las grandes.

Desde los 16 en las tablas. Trabajando como una desgraciada. Media carrera de cine. Historia viva del país que no del Franquismo. El hambre no entiende de colores, estarán de acuerdo conmigo. Su última etapa en programas de prensa rosa para matar el gusanillo. Eso los puristas no se lo perdonan.

Pero volvamos a la hora del café. En el resto de la prensa nada. En páginas interiores casi todos. Esa falta de reconocimiento no es por Marujita. Es por el poco cariño que le tenemos a lo propio. Pero para qué. Somos el país del día siguiente. Como decimos en Galicia “pasado el día, pasada la romería”. Sigamos así. Sin aprender de lo aprendido, sin homenajear a nuestro arte, a nuestra ciencia, a nuestros sabios…. No te digo que se merezca primeras páginas pero hombre, un detalle… Dicho esto, ¡Odio la Copla! Pero que viva la artista.

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