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No future for you, no future for me

“Piedras, pintadas, martillos y contenedores quemados. La dignidad, recuperada a la fuerza y sin pedir permiso, se abre camino esta noche en las calles de la Vila de Gracia con la resistencia organizada en torno al desalojo del Banco Expropiado, en el enésimo intento del estado de derribar nuestros sueños llevados a la práctica. Porque se nos está permitido tener sueños, imaginar un nuevo mundo que rompa las cadenas a las que nos ata este viejo mundo en el cual sobrevivimos, pero no se nos permite hacerlos realidad. No se nos está permitido llevar las ideas de la cabeza y el corazón a las manos”.

Me pringo con la traducción de este párrafo purulento de acné impúber perteneciente al manifiesto que la chiquillada de Arran ha pergeñado después de tres días de disturbios ardientes en Barcelona. El panfleto ágrafo carecería del más mínimo interés si el grupúsculo de marras no actuara como cantera revolucionaria de la CUP, partido antisistema con 10 diputados en el parlamento catalán, interlocutor privilegiado del gobierno autonómico y  su compañero de travesías y coñas marineras hacia Ítaca y hasta el desastre final. Los propios/propias representantes/representantas de la CUP ya han gritado en rueda de prensa,  y entre líneas, que puta-puta-policía y que a los orondos y especuladores burgueses, palo y piedra.

Pues sí, estarán construyendo una República, pero con un alcalde que pagó el alquiler de inmuebles a okupas para que no lloren ni pataleen a costa de mi proletario bolsillo, con un aliado de procesos separatistas que justifica la violencia y amenaza constantemente con rupturas si no se incumple la ley; esto, si optamos por el paralelismo histórico tan grato al nacionalismo, se parece más a la Barcelona faiera/fallera del 36 que a la de la ilusa ilusión menestral del 31.

Me gustaría, en cualquier caso, conocer la opinión de la alcaldesa Colau, que cortó razonablemente el pago de alquiler a los retozantes pero no calculó unas consecuencias de violencia impermisible que ella, como activista carnavalesca que fue, debería haber tenido en cuenta. Si es que no lo hizo mediante la estrategia del avestruz. Por no hablar del siniestro concejal Jaume Asens, un Jacques Vergès de l’ou com balla.

La verdad, volviendo a los flautistas con can de Arran y puestos en abrasivas consignas desquiciadas, yo prefiero a los Sex Pistols, quienes al menos obviaban la cursilería de niños consentidos cuando, desgañitándose, pedían a los mayores que les hicieran caso y los quisieran un poquitín más.

No hay futuro utópico. Todo es presente gozado y sufrido. Putadas con fogonazos de felicidad. Y lo que no puede ser no puede ser y además es imposible.

A ver si les queda claro de una puñetera vez.

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