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No es la patria, estúpido, es la libertad

Arranca la campaña para el referéndum ilegal. Puigdemont da el pistoletazo de salida en Tarragona, feudo socialista donde su alcalde ha dejado claro que no cederá ni un solo espacio municipal para el 1-O. Y no cesa la propaganda oficialista de la Generalitat, pagada por todos, pero solo al servicio de unos, como no paran de escucharse discursos políticos basados en argumentos falsos. Pero se lo han montado los independentistas, como tantos otros a lo largo de la historia, para hilar un relato en defensa de una causa aparentemente democrática que en realidad es el diseño de un Estado autoritario.

James Carville, asesor de Bill Clinton, ideó para su jefe un eslogan en la campaña de 1992 para evitar hablar de política exterior, donde creía que George Bush padre podía hacerle pupa, y centrar a su candidato en el terreno que se sentía fuerte: “Es la economía, estúpido”. Alguien debiera explicarles a los independentistas que lo que se está ventilando ahora en Cataluña no es una patria, es la libertad, que está por encima de todas las cosas.

La tensión va a ir en aumento. Cada día que pasa el asunto es más delicado. El argumento de las muchedumbres que dicen tener a sus espaldas los independentistas no se sostiene para nadie que sepa algo de política e historia. También Maduro, Putin y tantos otros caudillos autoritarios hacen bailar a muchos al son de su autoritarismo disfrazado de democracia. Tienen algo de frívolos, irresponsables y suicidas. Se acaba el tiempo para la sensatez. Y es la libertad, estúpidos, es la libertad.

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