Ferran Caballero

Mujer y andaluza

Vino Zapatero a Catalunya para advertirnos de que hay gentes de por aquí que tienen prejuicios contra Susana Díaz, por mujer y por andaluza.

Opinión

Mujer y andaluza
Ferran Caballero

Ferran Caballero

Profesor de filosofía y autor del libro "Maquiavelo para el s.XXI". "Tot ve que cau"

Vino Zapatero a Catalunya para advertirnos de que hay gentes de por aquí que tienen prejuicios contra Susana Díaz, por mujer y por andaluza. Me recordó a ese director de periódico que daba libertad total a sus columnistas siempre que no se metiesen con la Santa Sede, el estado de Israel y la cortisona. ¿Que por qué la cortisona? Para que nadie preguntase por la Santa Sede o por Israel. Pero en realidad lo de Zapatero se parecía más a aquella escena de “La vita è bella” en la que llega el niño no entiende por qué en la tienda hay un cartel que prohíbe la entrada a perros y judíos. Pero aquí no hay padre que entienda lo serio del asunto y se permita el chiste de prohibir la entrada a arañas y visigodos, porque nadie querría enfadar a los animalistas ni pasar por etnocéntrico. Y es que aquí, acusándolas de machistas, lo que se pretende es acallar cualquier crítica al peculiar andalucismo de Susana Díaz, que bien podría espantar a aquellos votantes de apellido andaluz que el PSOE considera suyos por ius sanguinis. De lo que se trata, en definitiva, es de acallar algunas preguntas para criminalizar algunos modelos de Estado (¡español!).
Parece ser que Susana Díaz puede basar su campaña, incluso su entera carrera política, en un andalucismo de la queja y el subsidio, sin que nadie pueda preguntarle qué bien le ha hecho eso a la Andalucía que preside, qué bien le ha hecho eso al PSOE y a la España que pretende dirigir y, sobre todo, sin que nadie pueda preguntar “això qui ho paga” sin ser tachado de xenófobo, insolidario y machista. Se trata de silenciar la crítica para ocultar la problemática fundamental, ya no de los socialistas andaluces (y perdonen la redundancia), sino del Estado: ¿qué extraña ley de la naturaleza hace que los intereses de los andaluces y de los catalanes sean siempre coincidentes? ¿Qué extraña ley de la política hace que, cuando no lo son, unos tengan derecho a gritar y protestar y los otros tengan que callar y aplaudir? No es, claro está, ninguna ley natural ni ninguna ley fundamental de la política. Es una cuestión de patriotismo, de patriotismo español, y el andalucismo de Díaz está tan alejado de él como el nacionalismo que tanto critica en los demás. Un nacionalismo con el que, además, comparte muchos de los defectos y ninguna virtud; en particular, la de querer el premio de la libertad, que se llama responsabilidad.
Mientras Susana Díaz no tenga otro proyecto para España que el apuntalamiento de su andalucismo y el silencio de los demás, haremos santamente en conservar algunos prejuicios muy particulares sobre esta buena mujer andaluza.

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