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Los niños del corro

No es ningún secreto que los niños negritos de África de tripa hinchada y mirada lacrimosa venden y son el perfecto gancho publicitario con el que la mayoría de ONGs del mundo tratan de captar adopciones.

No es ningún secreto que los niños negritos de África con la tripa hinchada y mirada lacrimosa venden y son el perfecto gancho publicitario con el que la mayoría de ONGs del mundo tratan de captar adopciones. Todos lo habréis visto en televisión, en forma de anuncios sobreactuados que muchas veces distan mucho de la realidad. Solo alguien cruel -y tacaño- diría ‘no’ a gastarse un mísero euro al día si con ello puede cambiar la vida de esos pequeños, ¿lo harías tú?

Pues sí, pasas de largo y cambias de canal, porque se te pone hasta mal cuerpo y piensas que poco o nada puedes hacer tú por cambiar el mundo, ya lo harán otros, véase los políticos por ejemplo.

Pues lejos de todo eso está Sole Hope, una organización que me ha seducido por todo lo que tiene de diferente, por sus acciones y por cómo las comunican al mundo: niños pletóricos y que sí llaman mi atención y me enamoran. Tanto como su lucha: tratar y aplicar métodos preventivos en Uganda para combatir las enfermedades que entran a través de los pies.

Y ahí están esos niños del corro, con sus pies a salvo del dolor, estrenando zapatos nuevos y burlando a la muerte con una sonrisa que les recorre toda la cara, sin esperar nada más de la vida que sobrevivir. Lo que daría por plantarme en mitad de ese corrillo y contagiarme de un mínimo de su felicidad; una felicidad sana, pura y sin dobleces.

Es una pena que en el sistema occidental los niños ya nazcan con los peúcos puestos, de algodón 100%, rositas o azules según se tercie y que, mientras tanto, muchos otros como los del corro, nazcan con la muerte pisándole los talones. Asumen que su forma de vida es sentir la tierra en cada paso y luchar contra una pobreza extrema que les ha venido impuesta, como una mancha de nacimiento. Una pena todo.

 

 

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