Fernando Garcia Iglesias

Los caídos

Las amapolas rojas como símbolo, como homenaje a los soldados caídos en combate desde la Primera Guerra Mundial. El recuerdo y agradecimiento a aquellos que dieron sus vidas para salvar las nuestras.

Opinión

Los caídos
Fernando Garcia Iglesias

Fernando Garcia Iglesias

Manchester. Filólogo Hispánico. Profesor de español en la Pérfida Albión. Estudioso del Modernismo europeo y devorador de libros de viajes. Trotamundos.

Las amapolas rojas como símbolo, como homenaje a los soldados caídos en combate desde la Primera Guerra Mundial. El recuerdo y agradecimiento a aquellos que dieron sus vidas para salvar las nuestras.

Las amapolas rojas son flor de otoño en Inglaterra. En pocos días se empezarán a ver en los alféizares y tras las grandes ventanas de los escaparates. Amapolas rojas de papel serán incluso más comunes y relucirán en las solapas de políticos, presentadores de televisión, del carnicero del barrio y de la vecina del segundo. Las amapolas rojas como símbolo, como homenaje a los soldados caídos en combate desde la Primera Guerra Mundial. El recuerdo y agradecimiento a aquellos que dieron sus vidas para salvar las nuestras, que defendieron unos valores que todavía perduran, que cavaron las trincheras en el norte de Francia y dejaron una tierra plagada de cicatrices y de cementerios, que cayeron heridos y muertos en los campos bañados de sangre y de amapolas de Flandes, hace ya cien años.

Cien años han pasado desde el comienzo de la Gran Guerra. A modo de ofrecimiento y respeto de una nación hacia sus caídos, los artistas Paul Cummins y Tom Piper han creado un vasto campo de amapolas rojas de cerámica alrededor de la Torre de Londres. Desde lo alto, parece un lago de sangre que inunda los jardines a orillas del Támesis; desde cerca, 888.246 amapolas, una por cada soldado muerto en los combates de la Primera Guerra Mundial. Sobrecogedora y emotiva instalación de arte que han titulado con el verso de un poeta anónimo de esas trincheras: ‘Blood Swept Lands and Seas of Red’.

Cada año por estas fechas, cuando veo en las calles las riadas de gente que con orgullo, admiración y respeto lucen las amapolas rojas en las solapas, siento cierta envidia sana. En España, los militares cargan no solo con el peso de sus fusiles, sino con el injusto lastre de una leyenda negra de cuarenta años de franquismo. Tras otros cuarenta años de democracia las cosas no han cambiado mucho entre unos gobernantes que han descuidado bochornosamente a sus fuerzas armadas, unos militares que no han sabido o no han podido o no han querido modernizarse y una sociedad acomplejada que está muy lejos de sentir admiración por sus caídos.

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